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Un milagro para Panamá


Con mucho dolor y tristeza, cada día en mi alma, oro o rezo a Dios Todopoderoso para que EL pueda hacer un milagro en mi patria Panamá, en donde nací y en donde nacieron mis padres, hermanos, hijos, sobrinos, nietos y amistades.

Me pregunto, ¿dónde están los periodistas? ¿Dónde están los trabajadores sociales? ¿Dónde están los maestros? ¿Dónde están los profesores? ¿Dónde están los directores de los medios de comunicación? ¿Por qué dejar que se destruya la niñez y la juventud, que son el futuro de un país? ¿Por qué dejar que se destruyan las familias? ¿Por qué no ayudar a que se regeneren los que han sido víctimas de una destrucción?

Por favor, despierten, por favor no se duerman, por favor no se distraigan. Oigan, miren, griten, pidan ayuda, aunque los que tengan el poder no ensanchen las calles, aunque los que tengan el poder no mejoren la educación, aunque los que tengan el poder no se preocupen por el agua que toma el 70 por ciento de los ciudadanos, aunque los que tengan el poder no les importe por los alimentos dañinos que consumen el 70 por ciento de los habitantes.

Ustedes: Periodistas, maestros, trabajadores sociales, profesores griten, griten, escriban sin parar, hablen por los medios de comunicación hasta el cansancio para que los escuchen; no olviden que la unión hace la fuerza. Y que la fe mueve montañas.

Ojalá algún día, no muy lejano, alguien que tenga poder económico haga como por arte de magia un milagro y sane a mi país Panamá.

Señores padres de familia, cuiden a sus hijos, incluso en las escuelas. Tengan cuidado cuando se tienen que ir a sus trabajos, de esos adultos que le llevan un balón de baloncesto y llaman a sus hijos para decirles que le van a enseñar a jugar, y en el juego que en realidad caen los inocentes, es un juego sucio, un juego que los destruye, no sólo a ellos sino a toda la familia. Panamá, ojalá sanes.

101 años de Panamá América

 
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