Un millón de dólares para carnavales
El carnaval, producto cultural, debe ser entendido como una mercancía susceptible de compra y venta. Ya que es patrimonio humano, puede lograr elevados niveles de expresión espiritual, y de forma inevitable se ancla en la realidad mediante el testimonio material: canto y máscara; danza y euforia. Algunos son elementos que se pueden capturar en una videograbadora; los demás sólo serán almacenados en ese sitio que los místicos llaman "alma". Lo que debemos entender como sociedad es que, ya sea el bien abstracto o el físico, el carnaval debe tener la calidad suficiente para competir frente a las estrictas exigencias del consumidor actual.
Por eso preocupa la decisión del Gobierno Nacional, que ha destinado un millón de balboas para el carnaval capitalino -colosal desprendimiento que no tiene con ninguno de los eventos de este tipo que se realizan en el resto del territorio nacional-, sin que tengamos clara la índole del producto. Aún así, se habla de que será "vendido" en el extranjero con el firme propósito de atraer turistas.
Dar semejante cantidad de dinero al proyecto no tiene en sí nada de malo. Lo que inquieta es que se le inyecte a una idea que no tiene identidad. El carnaval capitalino ha perdido, por razones que no discutiremos en este espacio, uno de sus principales recursos: la gente, es decir, su rostro..., su voz. Una mayoría abrumadora de residentes en la gran urbe migra hacia el interior, huyendo de lo que hasta ahora ha sido un parapeto amorfo. ¿Cómo entonces se pretende convencer al turista extranjero que venga a Panamá, cuando no se puede lograr que el turista interno se quede en la ciudad?
Se hace bien al insuflar nuevos aires al proyecto del Carnaval. Pero la energía no la da sólo el dinero, aunque ayuda mucho. Hace falta irradiar el evento con cultura, con imaginación, para crear un producto que de verdad pueda ser llevado a casa en la videograbadora o en el alma, y que pueda competir ya no con Las Tablas, o Penonomé, o Dolega, sino con importantes referentes festivos en América y el mundo. Si no, el millón de dólares será dinero tirado a la basura.