Un norte
La reciente Conferencia Episcopal que reunió a todos los Obispos de nuestro país ha dado respuestas muy acertadas y orientadoras a quienes, como yo, aunque pensemos con independencia de criterio, valoramos sus consideraciones y sugerencias.
Haciéndose eco, sin duda del clamor de un pueblo que atesora la democracia, por los sacrificios que nos costó restablecerla, después de la dictadura militar que duró la cantidad de años suficientes para destruir valores y principios e hizo permisible para muchos la fácil manera de vivir, el juega vivo, y el irrespeto a la verdad y la justicia.
En sus puntos más relevantes, los obispos enfáticamente solicitan que se conozca la identidad de los donantes a la campaña política; que no se utilicen fondos del Estado para las mismas; que no se vote por los beneficios que se perciben a nivel personal, que se vote por la mejor propuesta de gobierno.
Esto, mis estimados amigos, provoca en nosotros una reacción positiva; nos motiva a reflexionar y nos invita a abandonar una actitud individualista para pensar con conciencia colectiva.
Esto es, preocuparme no sólo por mi bienestar sino por el bien de la colectividad de la sociedad a la que pertenezco, de mi comunidad, de mi país.
Aunque no nos sugieran una persona específica, nos permiten con sus observaciones establecer comparaciones entre los actuales candidatos a ir discriminando para escoger de entre ellos, al más capaz.
Como educadora, para mí es sumamente valiosa la integridad de cada uno de ellos, su transparencia, su calidad de vida.
En ocasiones, criticamos en forma tan acerba a los jóvenes por su forma de vivir por la actitud que asumen frente a los hechos. Pienso, que en lugar de criticarlos debemos ofrecerles nosotros y más obligadamente los que aspiran al poder, patrones conductuales edificantes que sean norte para ellos y para todos los panameños que aspiramos a un nuevo Panamá, un Panamá realmente renovado.
Sin duda, la petición de votar, que nos hacen los Obispos, obedece a la actitud que algunas veces se asume, para evadir la responsabilidad y el derecho civil que nos asiste como nacionales.
Creo que corresponde a cada panameño mantenerse informado sobre lo que acontece en el país, conocer los proyectos que se promueven, los beneficios que reportarían y la voluntad y disposición de quienes planifican, para lograr la ejecución de los mismos.
Mantenernos al margen, sin evaluar los hechos y procurar soluciones en forma participativa, no me parece una actitud cristiana sino disgregadora.
El crecimiento integral de nuestra Patria sólo podrá alcanzarse cuando comprendamos que esa no es labor de un grupo sino de todos y cada uno de nosotros.
Abstenernos de cumplir con este compromiso colectivo contribuye a que las acciones negativas se repitan porque, por omisión, será tan irresponsable como los actores de las mismas.
Mi disponibilidad y valor para tomar decisiones es lo que me dará la fuerza moral para buscar y demandar condiciones más humanas y equitativas para todos los panameños.
Haciéndose eco, sin duda del clamor de un pueblo que atesora la democracia, por los sacrificios que nos costó restablecerla, después de la dictadura militar que duró la cantidad de años suficientes para destruir valores y principios e hizo permisible para muchos la fácil manera de vivir, el juega vivo, y el irrespeto a la verdad y la justicia.
En sus puntos más relevantes, los obispos enfáticamente solicitan que se conozca la identidad de los donantes a la campaña política; que no se utilicen fondos del Estado para las mismas; que no se vote por los beneficios que se perciben a nivel personal, que se vote por la mejor propuesta de gobierno.
Esto, mis estimados amigos, provoca en nosotros una reacción positiva; nos motiva a reflexionar y nos invita a abandonar una actitud individualista para pensar con conciencia colectiva.
Esto es, preocuparme no sólo por mi bienestar sino por el bien de la colectividad de la sociedad a la que pertenezco, de mi comunidad, de mi país.
Aunque no nos sugieran una persona específica, nos permiten con sus observaciones establecer comparaciones entre los actuales candidatos a ir discriminando para escoger de entre ellos, al más capaz.
Como educadora, para mí es sumamente valiosa la integridad de cada uno de ellos, su transparencia, su calidad de vida.
En ocasiones, criticamos en forma tan acerba a los jóvenes por su forma de vivir por la actitud que asumen frente a los hechos. Pienso, que en lugar de criticarlos debemos ofrecerles nosotros y más obligadamente los que aspiran al poder, patrones conductuales edificantes que sean norte para ellos y para todos los panameños que aspiramos a un nuevo Panamá, un Panamá realmente renovado.
Sin duda, la petición de votar, que nos hacen los Obispos, obedece a la actitud que algunas veces se asume, para evadir la responsabilidad y el derecho civil que nos asiste como nacionales.
Creo que corresponde a cada panameño mantenerse informado sobre lo que acontece en el país, conocer los proyectos que se promueven, los beneficios que reportarían y la voluntad y disposición de quienes planifican, para lograr la ejecución de los mismos.
Mantenernos al margen, sin evaluar los hechos y procurar soluciones en forma participativa, no me parece una actitud cristiana sino disgregadora.
El crecimiento integral de nuestra Patria sólo podrá alcanzarse cuando comprendamos que esa no es labor de un grupo sino de todos y cada uno de nosotros.
Abstenernos de cumplir con este compromiso colectivo contribuye a que las acciones negativas se repitan porque, por omisión, será tan irresponsable como los actores de las mismas.
Mi disponibilidad y valor para tomar decisiones es lo que me dará la fuerza moral para buscar y demandar condiciones más humanas y equitativas para todos los panameños.