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Un nuevo vocabulario político


Comienzo recordando que yo fui candidata a vicepresidenta en 1994. Viví intensamente la campaña y puedo decir a profundidad lo que fue la misma: no hubo insultos ni enemistades, había comprensión; éramos siete grupos de candidatos presidenciales y nos llevábamos muy bien. En realidad, fue una campaña electoral civilizada, comprensiva y con altura.
Preguntemos qué está sucediendo en esa campaña. ¿qué es ese vocabulario que están usando algunos candidatos que deja mucho que desear? Suponemos que, entre más pasan los años, más debemos madurar políticamente. Suponemos también que, luego de dos períodos de gobiernos democráticos es tiempo de consolidar esa democracia por la que tanto luchamos. Pero, no es ella la que se reafirme por sí misma; somos nosotros los que haremos honor a su nombre. Debemos cambiar la mentalidad dejando a un lado la inmadurez y comportamientos pueriles.
Los insultos no demuestran más que inseguridad y falta de conocimiento político. Recordemos que el positivismo es superior al negativismo. Si un candidato, en vez de ganarse los votos basado en lo que puede ofrecer, lo hace en lo que su contendor no puede dar y en lo malo que presenta, demuestra que no es político y no merece ocupar un puesto de elección popular.
Si un candidato presidencial desarrolla su campaña electoral con palabras insultativas hacia otros candidatos, está probando que no es digno de ocupar la Presidencia que es una posición que conlleva una majestad, dignidad y respeto. Nos enseña también que, de llegar al solio presidencial, no soportará las críticas de sus opositores, de su seguidores o de los medios de comunicación, y responderá igualmente con insultos y palabras que denigran su posición.
Los panameños no votaremos por el que más insulte ni por el peor hablado. Los panameños queremos tener un Presidente con personalidad de estadista; un hombre o mujer mesurado, con equilibrio en sus acciones, que solucione los problemas de la mayoría; que esté dispuesto a escuchar, y a su vez, escuche radio, vea televisión y lea periódicos para enterarse de lo bueno y lo malo de su gobierno y lo acepte como tal; que esté sobre las críticas destructivas y acoja las constructivas para mejorar su gobierno.
Los panameños, como pueblo, nos hemos superado, hemos madurado, y estamos cansados de escuchar insultos y acusaciones, impugnaciones y demandas por cualquier pequeño motivo. Pero, así como nos quejamos del comportamiento de algunos políticos, también vemos con tristeza las actuaciones de algunas autoridades que debieran estar por encima de la politiquería barata, y matan la credibilidad en las instituciones que representan. Alguien me recordaba el dicho: el que con muchacho se acuesta..., y es cierto.
¿Y qué hace Justicia y Paz ? Ese es, precisamente, su papel, velar para que se dé una campaña pacífica, de respeto, de altura, con honestidad. Por el contrario, vemos que permanece callada. ¡Quién pone el cascabel al gato?
Todos tenemos responsabilidad en este resultado y en este debatir. Somos adversarios, no enemigos irreconciliables. Al comportarnos como tal sólo abrimos brechas que no se cerrarán fácilmente. Pensemos en lo que convenga a Panamá y actuemos con madurez, como buenos políticos. Que no nos juzguen las próximas generaciones.

101 años de Panamá América

 
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