Un país sobre diez ruedas
Un país en crecimiento da señales inequívocas de su pujanza. Una de ellas, sin lugar a dudas, es la construcción de edificios, urbanizaciones y carreteras. El cemento y el acero. Piedras, tierra y arena. De aquí para allá, cientos de camiones volquete llevan y traen esta materia prima que le dicen al mundo “esta nación va para arriba y nada la detendrá”.
Mientras esto ocurre, el resto de los ciudadanos mira con ojos de espanto cómo estos camiones repletos de minerales pasan a toda velocidad a su lado, rugiendo como bestias peligrosas y, en ocasiones, llevándose consigo vidas y bienes al chocar.
Las vías más peligrosas en estos días son la del Puente Centenario y la que lleva a Pacora y Chepo. Con incómoda rutina se escuchan noticias provenientes de estos lares, que hablan de vuelcos y colisiones trágicas. Por supuesto, es entonces cuando se informa de la intervención oficial, de operativos para impedir que las malas nuevas continúen.
El desarrollo, para que sea beneficioso al país entero, requiere de un Estado vigilante, celoso del bienestar de sus asociados, dispuesto día y noche a protegerlos para que todo el cemento, acero y piedra no se les venga encima y los hiera. Si es en esos términos, ¡qué viva el crecimiento!