¡Un país surrealista!
En broma y en serio, propios y extraños, clasifican a Panamá como un país surrealista, pues muchos de los acontecimientos que aquí tienen lugar, no embonan dentro de la más elemental lógica, al punto que un extranjero esgrimía colocaba nuestras fronteras territoriales donde terminaba la lógica. Humor negro? o verdad que incomoda? Lo cierto es que en este terruño producimos hechos que descartan posibilidades de tomarnos seriamente.
Por ejemplo, se aprueba un salario mínimo nacional para los trabajadores de las empresas privadas y “un día antes de que entrara a regir el nuevo salario mínimo, el Gobierno modificó su decisión, reduciendo el salario mínimo nacional para los trabajadores de los cañaverales. Las modificaciones incluyen las áreas agrícolas, industriales y de comercio al por mayor en este sector al que está vinculado el presidente Ricardo Martinelli y su vicepresidente Juan Carlos Varela” (La Prensa, lunes 18 de enero del 2010). El mismo día: “Anuncian aumento para empleados públicos” con la irrisoria suma de B/7.57 mensual para miles de los que en este sector ganan salario mínimo (Panamá América, 18 de enero 2010). Juran que están contribuyendo a elevar la calidad de vida de estos humildes panameños, incluido el embromarlos como lo hicieron con el sector agrícola. ¿O se trata de una fábula para entretenerlos?
De igual manera, los ilustrados del actual gobierno, no de “la Ilustración”, infringen normas que prometieron acatar, verbigracia: el Nepotismo, ”vicio de la administración pública de repartir los cargos no en función de valía, sino en razón del parentesco o de la afinidad de cualquier tipo… favor desmedido que un alto funcionario concede a familiares o amigos” justificándolo con respuestas tan simplistas que aluden al derecho al trabajo de los familiares del Presidente. Volvamos, entonces, a las eras monarcales y gobernemos en consecuencia.
De lo que no se percatan los que así actúan, es que violentan la ética y la transparencia que torna inadmisible el nombramiento de familiares dentro de vínculos consanguíneos cercanos o de afinidad, en puestos de poder e influencia dentro de la burocracia.
Lo anterior también ocurrió en gobiernos anteriores, lo tragicómico es que el abolir esa práctica fue enarbolada como una de las múltiples expectativas de campaña.
Ahora bien, si repasamos las promesas de campaña o le seguimos la pista al Presidente, como lo hizo el Panamá América con el gobierno de Martín Torrijos, tendríamos que buscar un diccionario que clarifique la definición de Cambio, porque mi humilde entendimiento no logra encontrarle la lógica ni la dimensión al actual. ¿Será el castellano una de mis asignaturas pendientes? ¿o quizás la palabra varió su acepción’, porque en el país del surrealismo todo es posible.