Un palo de mamey
No es cierta la idea esa que postula la creencia de que todos los gobiernos vienen signados, de previo, por tareas estratégicas que una vez cumplidas dotan al país de profundos cambios cualitativos y que en el marco de la propia lógica de la acumulación burguesa pudieran ser tenidos como "gobiernos revolucionarios". Sólo serán tenidos como tales, los gobiernos cuyas tareas y programas estén enmarcados en una visión antropocéntrica; es decir, que tengan al ser humano, su integridad y dignidad como valor supremo fundamental, esencial. Dígase esto y predíquese el desarrollo y la evolución del ser humano.
Es así como podemos predicar la idea de que en la historia hemos tenido gobiernos que han pasado sin gloria y sin pena, y ello porque no tuvieron la suficiente capacidad o entereza moral para definir hacia dónde querían conducir la nave del Estado y, sencillamente, estuvieron sentados en la silla o en la mecedora de la inercia, del pasivismo perverso y de un lefeserismo rampante, avergonzante para la nación, por lo que terminaron dejando al país al borde del colapso y de la repulsa de las grandes mayorías sociales del país que nunca les perdonará el latrocinio y la mancilla de la dignidad nacional.
El fenómeno del Gobierno que lidera Martín Torrijos, trasciende a esa falta de hacer o no hacer para ubicarse en el alpinismo generacional predicado por su padre Omar Torrijos, dado el hecho de que asume la administración del Estado con tareas nacionales para actualizar al país, modernizarlo y dotarlo de un rostro fuertemente humano y solidario. Hay una cantidad de asignaturas que han quedado pendientes como rémoras de gobiernos anteriores y que hoy requieren ser abordadas, responsablemente, como cuestiones ineludibles que hay que ejecutar si es que realmente queremos colocar al país en un estadio superior de desarrollo económico y social.
Somos del criterio, compartido con Poder Social Siglo XXI, que cuestiones como la problemática de la seguridad social, la ampliación del Canal, la articulación de la informalidad en el empleo a la formalidad o el trabajo decente y, como cuestión fundamental, la modernización del Estado de Derecho y en lo relacionado con el tema de la justicia y de la democracia participativa y transparente, que deberán ser objeto de un tratamiento especial mediando un pleno enfoque deliberativo donde el intercambio y flujo de ideas del ciudadano común deberán jugar un papel importante en la construcción de esas soluciones. Se trata del hombre de nuestro pueblo influyendo en la toma de decisiones por lo que es tomada en cuenta su opinión por muy sencilla que parezca ser. Estos son tiempos de consensos, concertaciones y diálogos sociales sin perder de perspectiva que las decisiones, finalmente, las define la gobernabilidad democrática; sus yerros o fracasos son juzgados, del mismo modo, por el pueblo. Pero que se pretenda gobernar de espaldas a una sociedad, a un pueblo, es criterio de Procrustro y no de hombres sabios.
A pesar de que han pasado casi tres décadas desde la firma de los Tratados Torrijos-Carter, todavía los panameños que nos tocó vivir ese momento histórico tenemos fresca la memoria de esa coyuntura política en la que se suscitó el debate de los referidos tratados que permitieron a Panamá la recuperación del Canal y su plena administración. En aquellos tiempos el concepto de la democracia deliberativa y participativa apenas emergía; pero Omar Torrijos supo comprender el protagonismo histórico de nuestro pueblo y puso a todos los medios de comunicación social, periódicos y televisión al servicio del diálogo abierto y franco a fin de considerar y estimar las opiniones de todos los nacionales y ello como suma o cuenta total de que la voluntad de una nación sí refleja el concepto de la soberanía en temas que importan a la vida nacional.
Quienes se opusieron al Tratado Torrijos-Carter, en ese entonces, no podrán negar, jamás, que no se les brindaron las garantías indispensables y necesarias para generar opinión, escribir y oponerse sobre los mismos.
Los temas mencionados son de tal magnitud y trascendencia histórica que habrán de acometerse y formar parte de la agenda de Gobierno sin mimos ni tapujos dado el dilema histórico que se nos presenta como una cruenta y dura realidad: o avanzamos o nos quedamos empantanados en el mismo fango de diatribas, contradicciones e infundios que nos han arremetido sin piedad del cual siempre queda mal librado el pobre pueblo, los desposeídos, los que nada tienen a excepción de sus esperanzas.
La recomposición del actual estado de cosas en la vida nacional es tarea de todos, primordialmente de los gobernantes como administradores que son de la cosa pública y custodios del fiel respeto de los derechos y garantías de los hombres y mujeres que poblamos esta geografía que se representa con la "S" acostada. Lo anterior no significa la desaparición del disenso y del conflicto como bases de una democracia genuina, sino la de entender y buscar la solución a nuestros problemas dentro de la lógica del diálogo productivo hacia la construcción de mejores días para la Patria.
Hoy día la dinámica social hace su lectura en los conceptos de la concertación, del consenso y del diálogo sincero y transparente, que con fundamento en la sociedad de hombres y de mujeres, siempre habrá de tener como norte, no la acción contestataria, caótica y estéril, sino la propositiva, constructiva, aportativa, de sugerencias y opciones, pensando que sí es posible que todos juntos, por Panamá, podamos construir un país con un rostro más humano y solidario. Atrás deben quedar los tentáculos del poder opresor, represivo; los carcelazos injustos, la justicia de malabarismos y de sofismas no justificantes de sentencias perversas, porque ha de surgir una nueva fórmula: la concertación social como base del moderno Estado de Derecho: el Estado antropocéntrico. En vez de más mamellazos queremos un palo de mamey que dé sombra y solaz sosiego a todos por igual.
Es así como podemos predicar la idea de que en la historia hemos tenido gobiernos que han pasado sin gloria y sin pena, y ello porque no tuvieron la suficiente capacidad o entereza moral para definir hacia dónde querían conducir la nave del Estado y, sencillamente, estuvieron sentados en la silla o en la mecedora de la inercia, del pasivismo perverso y de un lefeserismo rampante, avergonzante para la nación, por lo que terminaron dejando al país al borde del colapso y de la repulsa de las grandes mayorías sociales del país que nunca les perdonará el latrocinio y la mancilla de la dignidad nacional.
El fenómeno del Gobierno que lidera Martín Torrijos, trasciende a esa falta de hacer o no hacer para ubicarse en el alpinismo generacional predicado por su padre Omar Torrijos, dado el hecho de que asume la administración del Estado con tareas nacionales para actualizar al país, modernizarlo y dotarlo de un rostro fuertemente humano y solidario. Hay una cantidad de asignaturas que han quedado pendientes como rémoras de gobiernos anteriores y que hoy requieren ser abordadas, responsablemente, como cuestiones ineludibles que hay que ejecutar si es que realmente queremos colocar al país en un estadio superior de desarrollo económico y social.
Somos del criterio, compartido con Poder Social Siglo XXI, que cuestiones como la problemática de la seguridad social, la ampliación del Canal, la articulación de la informalidad en el empleo a la formalidad o el trabajo decente y, como cuestión fundamental, la modernización del Estado de Derecho y en lo relacionado con el tema de la justicia y de la democracia participativa y transparente, que deberán ser objeto de un tratamiento especial mediando un pleno enfoque deliberativo donde el intercambio y flujo de ideas del ciudadano común deberán jugar un papel importante en la construcción de esas soluciones. Se trata del hombre de nuestro pueblo influyendo en la toma de decisiones por lo que es tomada en cuenta su opinión por muy sencilla que parezca ser. Estos son tiempos de consensos, concertaciones y diálogos sociales sin perder de perspectiva que las decisiones, finalmente, las define la gobernabilidad democrática; sus yerros o fracasos son juzgados, del mismo modo, por el pueblo. Pero que se pretenda gobernar de espaldas a una sociedad, a un pueblo, es criterio de Procrustro y no de hombres sabios.
A pesar de que han pasado casi tres décadas desde la firma de los Tratados Torrijos-Carter, todavía los panameños que nos tocó vivir ese momento histórico tenemos fresca la memoria de esa coyuntura política en la que se suscitó el debate de los referidos tratados que permitieron a Panamá la recuperación del Canal y su plena administración. En aquellos tiempos el concepto de la democracia deliberativa y participativa apenas emergía; pero Omar Torrijos supo comprender el protagonismo histórico de nuestro pueblo y puso a todos los medios de comunicación social, periódicos y televisión al servicio del diálogo abierto y franco a fin de considerar y estimar las opiniones de todos los nacionales y ello como suma o cuenta total de que la voluntad de una nación sí refleja el concepto de la soberanía en temas que importan a la vida nacional.
Quienes se opusieron al Tratado Torrijos-Carter, en ese entonces, no podrán negar, jamás, que no se les brindaron las garantías indispensables y necesarias para generar opinión, escribir y oponerse sobre los mismos.
Los temas mencionados son de tal magnitud y trascendencia histórica que habrán de acometerse y formar parte de la agenda de Gobierno sin mimos ni tapujos dado el dilema histórico que se nos presenta como una cruenta y dura realidad: o avanzamos o nos quedamos empantanados en el mismo fango de diatribas, contradicciones e infundios que nos han arremetido sin piedad del cual siempre queda mal librado el pobre pueblo, los desposeídos, los que nada tienen a excepción de sus esperanzas.
La recomposición del actual estado de cosas en la vida nacional es tarea de todos, primordialmente de los gobernantes como administradores que son de la cosa pública y custodios del fiel respeto de los derechos y garantías de los hombres y mujeres que poblamos esta geografía que se representa con la "S" acostada. Lo anterior no significa la desaparición del disenso y del conflicto como bases de una democracia genuina, sino la de entender y buscar la solución a nuestros problemas dentro de la lógica del diálogo productivo hacia la construcción de mejores días para la Patria.
Hoy día la dinámica social hace su lectura en los conceptos de la concertación, del consenso y del diálogo sincero y transparente, que con fundamento en la sociedad de hombres y de mujeres, siempre habrá de tener como norte, no la acción contestataria, caótica y estéril, sino la propositiva, constructiva, aportativa, de sugerencias y opciones, pensando que sí es posible que todos juntos, por Panamá, podamos construir un país con un rostro más humano y solidario. Atrás deben quedar los tentáculos del poder opresor, represivo; los carcelazos injustos, la justicia de malabarismos y de sofismas no justificantes de sentencias perversas, porque ha de surgir una nueva fórmula: la concertación social como base del moderno Estado de Derecho: el Estado antropocéntrico. En vez de más mamellazos queremos un palo de mamey que dé sombra y solaz sosiego a todos por igual.