Un panameño en Afganistán
Después del atentado terrorista a las Torres Gemelas de New York, hubo otro acto suicida muy lejos de allí; eso fue en Afganistán. Tres terroristas, camuflados de reporteros de un periódico de Argelia se hicieron explotar, al mismo tiempo que mi amigo el coronel Amed Masud murió a la hora de una supuesta entrevista. Masud fue ministro de Estado del gobierno Talibán y por diferencias con ellos, pasó a la oposición y tomó el control de la Alianza del Norte, donde se hizo comandante para irse inmediatamente a la guerra contra los talibanes.
Como no estaba muy clara la muerte de Masud, decidí ir a Afganistán a investigar lo ocurrido. En la frontera entre Paquistán y Afganistán, empecé a ver cosas muy desagradables como enfermos, muertos, dolor en los afganos que salían huyendo por el solo hecho de presenciar una guerra. Como había rumor de guerra, muchos árabes, en diferentes países, se presentaron aquí en la frontera para sumarse a la fila de los Talibán. Entré como uno de ellos, con la diferencia que ellos iban al Sur y yo para el Norte. Estando con el ejército de la Alianza del Norte me pasaron a la sala del comando donde les dije mi misión; la respuesta del comandante fue la siguiente: "Toma este fusil y lo averiguarás con nosotros"; inmediatamente, me señaló con la mano extendida "aquí", para que leyera el letrero que había sobre la puerta y que decía: "así, el que abandona su fusil es desertor y el desertor paga con la muerte". Desde ese día quedé metido en una guerra en la que no tenía nada que ver; esto me pasa por andar de investigador.
En el frente de combate, más era lo que retrocedíamos que lo que avanzábamos; esos talibanes eran buenos guerreros. La comida era en la tarde y muy apurada, se componía de sopas de verduras y pan con yogurt; un día pregunté - ¿por qué la misma sopa con pan? - y se me contestó que aquí en Afganistán se producen mucho las legumbres, verduras y granos y que las vacas eran buenas productoras de leche, por eso las comidas con queso, con yogurt, con leche.
En los primeros días de octubre se suspendieron los ataques porque los gringos venían a la guerra; ellos lo iban a hacer por aire y nosotros por tierra. Al cabo de algunos días así fue como los aviones B-52 arrasaban con todo ser viviente que se encontrara en su camino. La misión: llegar a Kabul por aire y por tierra. Desde el día en que me entregaron el fusil, éste fue mi mejor compañía; siempre lo tenía lleno de balas. Después averigüé que era un Kalachinikab, de fabricación rusa. Con los bombarderos por el aire todo se nos facilitó; el paso de nosotros era más apurado contra los oponentes.
Un día nos encontramos con unos soldados del Talibán que habían escapado de los bombarderos B-52; después de ardua batalla se nos rindieron, su ánimo estaba por el suelo porque no tenían comida; la mayoría estaban heridos y enfermos, y sus municiones se habían agotado. De aquí en adelante me gané la simpatía de mis compañeros de armas. Unos días después me enteré que estos prisioneros se habían amotinado en una fortaleza y que los habían matado a todos, incluso a un miembro de inteligencia norteamericana. Fue el primer soldado gringo que murió.
Al avanzar vi muchos muertos y heridos y pensé que esta no era una guerra, sino una masacre. Mujeres gritando de dolor, niños llorando. Un día se nos presentó el primer gringo en tierra; su uniforme se componía de cascos con lentes para ver de noche, micrófonos, computadoras, más parecía astronauta que soldado, éste venía como instructor; en cambio mis compañeros vestidos con una sotana de manta sucia y un gorro árabe, y yo, vestido a lo panameño, con un sombrero pintado. Al fin encontramos a Kabul, lo que veo es doloroso, muertos, heridos, lisiados, destrucción total; ¡Esto sí es triste y doloroso!
El sargento contó que esta guerra es secreta, o sea que no se habla de muertos ni heridos, solamente se ha dicho que los únicos muertos habían sido unos periodistas occidentales; en verdad da dolor ver lo que sufre este pueblo y me dije "nadie puede hablar de paz, sin que antes no haya estado en la guerra", y que no importa el tipo de gobierno que tenga un país, democrático, comunista, socialista, monárquico, totalitario, pero que cuando se hable de ir a la guerra, la decisión no sea de unos cuantos, sino de todo el pueblo. Estamos en el mes del Ramadán, donde todo musulmán debe peregrinar a La Meca, aunque sea una vez en su vida. Esta fecha también se usa para el ayuno, lo que justifica la falta de comida para nosotros. Lo mejor es que hable con el comandante porque viene el Año Nuevo y quisiera pasarlo en Panamá; además yo no vine aquí a guerrear ni a perseguir talibanes, y menos a Bin Laden; la información que quería ya la obtuve, ojalá me permitan irme y así contarle mi fantasía a todos los panameños .
Como no estaba muy clara la muerte de Masud, decidí ir a Afganistán a investigar lo ocurrido. En la frontera entre Paquistán y Afganistán, empecé a ver cosas muy desagradables como enfermos, muertos, dolor en los afganos que salían huyendo por el solo hecho de presenciar una guerra. Como había rumor de guerra, muchos árabes, en diferentes países, se presentaron aquí en la frontera para sumarse a la fila de los Talibán. Entré como uno de ellos, con la diferencia que ellos iban al Sur y yo para el Norte. Estando con el ejército de la Alianza del Norte me pasaron a la sala del comando donde les dije mi misión; la respuesta del comandante fue la siguiente: "Toma este fusil y lo averiguarás con nosotros"; inmediatamente, me señaló con la mano extendida "aquí", para que leyera el letrero que había sobre la puerta y que decía: "así, el que abandona su fusil es desertor y el desertor paga con la muerte". Desde ese día quedé metido en una guerra en la que no tenía nada que ver; esto me pasa por andar de investigador.
En el frente de combate, más era lo que retrocedíamos que lo que avanzábamos; esos talibanes eran buenos guerreros. La comida era en la tarde y muy apurada, se componía de sopas de verduras y pan con yogurt; un día pregunté - ¿por qué la misma sopa con pan? - y se me contestó que aquí en Afganistán se producen mucho las legumbres, verduras y granos y que las vacas eran buenas productoras de leche, por eso las comidas con queso, con yogurt, con leche.
En los primeros días de octubre se suspendieron los ataques porque los gringos venían a la guerra; ellos lo iban a hacer por aire y nosotros por tierra. Al cabo de algunos días así fue como los aviones B-52 arrasaban con todo ser viviente que se encontrara en su camino. La misión: llegar a Kabul por aire y por tierra. Desde el día en que me entregaron el fusil, éste fue mi mejor compañía; siempre lo tenía lleno de balas. Después averigüé que era un Kalachinikab, de fabricación rusa. Con los bombarderos por el aire todo se nos facilitó; el paso de nosotros era más apurado contra los oponentes.
Un día nos encontramos con unos soldados del Talibán que habían escapado de los bombarderos B-52; después de ardua batalla se nos rindieron, su ánimo estaba por el suelo porque no tenían comida; la mayoría estaban heridos y enfermos, y sus municiones se habían agotado. De aquí en adelante me gané la simpatía de mis compañeros de armas. Unos días después me enteré que estos prisioneros se habían amotinado en una fortaleza y que los habían matado a todos, incluso a un miembro de inteligencia norteamericana. Fue el primer soldado gringo que murió.
Al avanzar vi muchos muertos y heridos y pensé que esta no era una guerra, sino una masacre. Mujeres gritando de dolor, niños llorando. Un día se nos presentó el primer gringo en tierra; su uniforme se componía de cascos con lentes para ver de noche, micrófonos, computadoras, más parecía astronauta que soldado, éste venía como instructor; en cambio mis compañeros vestidos con una sotana de manta sucia y un gorro árabe, y yo, vestido a lo panameño, con un sombrero pintado. Al fin encontramos a Kabul, lo que veo es doloroso, muertos, heridos, lisiados, destrucción total; ¡Esto sí es triste y doloroso!
El sargento contó que esta guerra es secreta, o sea que no se habla de muertos ni heridos, solamente se ha dicho que los únicos muertos habían sido unos periodistas occidentales; en verdad da dolor ver lo que sufre este pueblo y me dije "nadie puede hablar de paz, sin que antes no haya estado en la guerra", y que no importa el tipo de gobierno que tenga un país, democrático, comunista, socialista, monárquico, totalitario, pero que cuando se hable de ir a la guerra, la decisión no sea de unos cuantos, sino de todo el pueblo. Estamos en el mes del Ramadán, donde todo musulmán debe peregrinar a La Meca, aunque sea una vez en su vida. Esta fecha también se usa para el ayuno, lo que justifica la falta de comida para nosotros. Lo mejor es que hable con el comandante porque viene el Año Nuevo y quisiera pasarlo en Panamá; además yo no vine aquí a guerrear ni a perseguir talibanes, y menos a Bin Laden; la información que quería ya la obtuve, ojalá me permitan irme y así contarle mi fantasía a todos los panameños .