Un piloto para Aeronáutica
No pretendo ahora escribir sobre las cualidades o la experiencia que me hacen cumplir con las condiciones que exige la ley para ocupar dicha posición, que dicho sea de paso, no son muchas. Ello se pudiera percibir como un acto reprochable de vanidad y pedantería. Por el contrario, quiero aprovechar para hacer un breve y rápido inventario de lo que necesita Panamá para cumplir con sus compromisos y responsabilidades en materia aeronáutica y tener la seguridad en nuestros cielos y aeropuertos.
Al aceptar la honrosa designación del Sr. Presidente, primero para colaborar con su plan de Gobierno y su voluntad por modernizar y enseriar la gestión pública, me comprometí a cumplir una misión que tiene varios frentes:
Hay que recobrar la aeronáutica nacional en función del papel que debe desarrollar cada grupo interesado por medio de un proceso de revisión y redefinición del sector, integral y sistémico. Esto debe ser diferente del proceso apurado, acomodaticio y antojadizo de "reestructuración" que realizó el pasado gobierno, que por las razones que fueren, terminó en la práctica "desmembrando" el conjunto e hiriendo de muerte a todas las partes. Por ejemplo, no se puede "salvar" al Aeropuerto de Tocumen bajo una pretendida corporatización, y dejar sin ingresos a la AAC, entidad reguladora que tiene la responsabilidad de supervisar y garantizar la seguridad de la aviación en el país, o no se puede aplicar el Código de Trabajo en el Aeropuerto y estar obligado a buscar el refrendo de la Contraloría para el pago de la indemnización de un trabajador en un caso de despido. Así de mal dejaron y quedaron las cosas.
La AAC debe incorporarse al desarrollo económico y social del país. Además de atender las necesidades de infraestructura aérea de las comunidades remotas y aisladas, hay que hacer de la AAC una institución que contribuya al aprovechamiento del potencial turístico y la exportación de productos nacionales, al mismo o que facilite el crecimiento de la industria aeronáutica y del comercio de la aviación. Pero no se trata tan sólo que vengan de afuera nuevas líneas aéreas o se incremente el número de vuelos. Hay que sentar las bases que favorezcan la modernización y el crecimiento de las empresas y actividades locales, incentivando la adquisición y operación de nuevos aviones, la oferta de nuevos servicios, mejores talleres de mantenimiento de aeronaves y como resultado, tener más panameños trabajando con calidad y excelencia en las tareas de soporte que requiere el sector.
La institución debe enmarcarse dentro de conceptos de gestión que sean conducentes a establecer, mantener y fomentar en sus trabajadores el profesionalismo, la competitividad y la motivación que exige el sector por su naturaleza altamente técnica. Las capacidades del recurso humano dentro de la AAC deben obedecer a las necesidades de la institución en su conjunto, y no a las urgencias del momento o las preferencias y/o debilidades del director de turno. La AAC y su personal deben tener la capacidad para responder y ajustarse a las demandas de cambio que exige una industria que se renueva continua y constantemente.
Después de ver el estado deplorable actual de la administración aeronáutica de Panamá, concluyo que se requiere un piloto para Aeronáutica. Un piloto que, entre otras cosas, fije un rumbo en base a una visión a mediano y largo plazo de la industria y la institución; que haga un plan de vuelo basado en los mejores intereses del país y del sector; que adecue la estructura de la organización en base a las necesidades y se rodee de los mejores hombres y mujeres para el puesto, no a la inversa; que navegue con el ejemplo y actúe coherente, decisiva y equitativamente, sin condicionar sus decisiones a intereses personales y mezquinos; que aterrice su gestión con resultados concretos, abiertos al escrutinio de la sociedad, con transparencia y valentía, dispuesto a aprender, que sepa escuchar y asesorarse. Por eso acepté el compromiso, por eso acepté el reto.