Un presidente para la honestidad
Nunca antes, como en estos momentos, había sido tan importante para los panameños escoger a un conciudadano para presidente del país. Hubo otros tiempos, menos exigentes, en los cuales esa persona pudo haber sido medianamente buena y apta para ese puesto. Pero, la nación reclama, hoy, al mejor de todos, y en todo lo que es mejor para todos, ¡un presidente de verdad!
La República está en el colapso de todo lo que puede y debe importar a los demás: ¡Los valores éticos-morales ya no cuentan, la pobreza y la falta de empleo son insoportables!
Si en el pasado decenio pudimos errar en la elección de un verdadero presidente, ¡esta vez sería imperdonable! Si antes nos confundió esa oratoria plagada de hermosas promesas; ahora, hace falta que descubramos cuán verdaderas son sus palabras.
¿Y cómo saber si son ciertas sus promesas? Veamos por un momento su entorno político.
¿Está compuesto de esos mismos personajes que han hecho de la política un "modus vivendi" y de la cosa pública un botín personal? ¿Son sus candidatos a legisladores, representantes y alcaldes parte de un pasado oscuro y tenebroso?
Y, ¿qué hay de sus logros personales? ¿Tienen algún mérito que no tengan los demás? ¿Resplandecen por sí solos o se lo deben a alguien más? ¿Son sus bienes personales el producto de un trabajo digno, decoroso, honesto, justo y de no explotación de los demás?
¡Vamos! ¡Habría que preguntar más! Pero, ¿no es esto suficiente?
Por si no lo fuera, entonces tengamos la certidumbre de escoger a quien tiene menos posibilidades de actuar mal.
Todos podemos equivocarnos, sin embargo, quien tiene una segunda oportunidad de hacer algo, tiene -por lo general- menos probabilidades de equivocarse. Y esa persona es: ¡Guillermo Endara, un Presidente para la honestidad!
(vargasvidal@eveloz.com)
La República está en el colapso de todo lo que puede y debe importar a los demás: ¡Los valores éticos-morales ya no cuentan, la pobreza y la falta de empleo son insoportables!
Si en el pasado decenio pudimos errar en la elección de un verdadero presidente, ¡esta vez sería imperdonable! Si antes nos confundió esa oratoria plagada de hermosas promesas; ahora, hace falta que descubramos cuán verdaderas son sus palabras.
¿Y cómo saber si son ciertas sus promesas? Veamos por un momento su entorno político.
¿Está compuesto de esos mismos personajes que han hecho de la política un "modus vivendi" y de la cosa pública un botín personal? ¿Son sus candidatos a legisladores, representantes y alcaldes parte de un pasado oscuro y tenebroso?
Y, ¿qué hay de sus logros personales? ¿Tienen algún mérito que no tengan los demás? ¿Resplandecen por sí solos o se lo deben a alguien más? ¿Son sus bienes personales el producto de un trabajo digno, decoroso, honesto, justo y de no explotación de los demás?
¡Vamos! ¡Habría que preguntar más! Pero, ¿no es esto suficiente?
Por si no lo fuera, entonces tengamos la certidumbre de escoger a quien tiene menos posibilidades de actuar mal.
Todos podemos equivocarnos, sin embargo, quien tiene una segunda oportunidad de hacer algo, tiene -por lo general- menos probabilidades de equivocarse. Y esa persona es: ¡Guillermo Endara, un Presidente para la honestidad!
(vargasvidal@eveloz.com)