Un presidente para todos y no para un partido
Es muy lamentable que, con muy pocas excepciones, en los últimos años los presidentes que ha tenido Panamá han sido, a su vez, jefes de sus partidos político. Aún los candidatos presidenciales en estos momentos, Ricardo Martinelli, Guillermo Endara y Balbina Herrera, también lo son.
La opinión pública, en distintas formas, considera que esta práctica es muy nefasta para el país y debe ponérsele fin. Cuando el pueblo, con sus votos, elige un mandatario quiere que este gobierne para todos los panameños y no tenga, paralelamente, como una de sus prioridades la suerte de su partido. La práctica nos ha enseñado que en muchas ocasiones esta situación se ha invertido; es decir, se le ha dado preferencia a el papel de uno y del otro, a lo sumo se han igualado.
Las responsabilidades de un Presidente de la Nación son grandísimas y absorben cada día más, su tiempo, energía y talento. Los problemas de Panamá aumentan más que las soluciones. Las exigencias en busca de mejorar sus condiciones de vida se multiplican. No debe, por consiguiente, ejercer una misma persona los dos cargos. Hace bien uno de los dos (Presidente de la República y de su partido) o mal ambos. Para nosotros los católicos sólo hay un Dios.
En un período electoral el papel de un presidente, quien a su vez es jefe político de su partido, es un asunto aún más delicado. Esta dualidad se presta a que mañana pueda ser llamado a juicio si este Jefe de Gobierno se aparta de los señalamientos constitucionales que ponen muy en claro qué puede y qué no puede hacer. El pasado debe ser aleccionador.
A los actuales candidatos presidenciales se les presenta una excelente oportunidad de anunciarle al país, de ser electo Presidente de la República uno de ellos, que renunciará a la jefatura de su partido para poder dedicarle, sin ninguna atadura, todos sus esfuerzos a resolver los grandes problemas que tiene la nación. Así le daría, estamos seguros, muchos votos, en especial de los independientes.