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Un presidente sin esquina



En las lides políticas nadie espera contar con líderes sabelotodo e infalibles, pero se espera que por lo menos conozcan sus propios defectos y limitaciones, y que se rodeen de un equipo que compense sus carencias y potencie sus virtudes. Ese equipo íntimo muchas veces es llamado "La esquina política" del presidente. Esa "esquina política" es un grupo -normalmente pequeño- de consejeros de confianza, que le dan al presidente consejos y recomendaciones así como sirven también de público de prueba para sus iniciativas. Una especie de "focus group" de confianza. Si bien es importante que todo gobernante sepa que hay un Poder Superior ante el cual todos rendimos cuentas, es inconveniente y hasta peligroso para un país, que un presidente responsabilice a Dios por sus decisiones. Por eso, los mandatarios que actúan sin consultar a un equipo de consejeros sensatos y capaces, porque dicen que "consultan a Dios", normalmente se equivocan más y en mayor gravedad, muy probablemente porque le confundieron la voz con otra persona. Más grave que las decisiones unilaterales, es cuando un presidente empieza a perder a los que le aconsejan bien y los reemplaza por alabarderos y amigos del poder, que sólo están pensando en complacer su oído y conservar su puesto pero no necesariamente en ayudarlo a tomar las mejores decisiones.
Dicen los compañeros de la época, que cada vez que el padre del actual presidente sentía que las alturas de su protagonismo internacional lo estaban mareando, se quitaba los zapatos y las medias, ponía literalmente los pies sobre la tierra y se decía a sí mismo: "Omar recuerda que eres el hijo de la maestra Joaquina". Mientras los indiscutibles triunfos en política internacional y en los resultados económicos parecen elevar al señor presidente, varias crisis lo halan a tierra. Algunas crisis no son de su factura, pero en otras no puede eludir su responsabilidad. Es llamativo que del equipo original que le podía hablar de frente y con franqueza quedan cada vez menos, y que muchos de los que hundieron a Noriega con su intransigencia y prepotencia, ocupen hoy posiciones cada vez más cercanas a Martín Torrijos. No sabemos si el Presidente tiene o no una "esquina política", lo que sí es evidente es que tiene varios problemas a la vuelta de la esquina y que los últimos eventos indican que sus consejeros, -si los tiene- no parecen tener los pies sobre la tierra.

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