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Un problema sin solución


Este fenómeno social tiene un claro trasfondo cultural, de formación. A la mayoría de los jóvenes no se les inculca ni enseña cuáles son los peligros que acarrea manejar un auto. Ni se les transmite el sentido de responsabilidad que significa dirigir un vehículo, ni la carga que ello representa.
Muy pocos conductores conocen los derechos del peatón, y por consiguiente, prácticamente nadie los respeta. Las velocidades máximas son superadas frecuentemente en avenidas y autopistas, al igual que se burla en innumerables ocasiones la señal roja del semáforo. Esto, en otro país del mundo, ocasionaría multas pecuniarias muy altas o sanciones como suprimir la licencia de conducir por varios años.
En Panamá la sociedad aún no parece preparada para entender y respetar muchas de estas normas y claves trascendentes para la convivencia urbana y cotidiana. Según un informe de la Autoridad del Tránsito, en nuestro país muere más de una persona cada día como consecuencia de accidentes de tránsito. La provincia de Panamá, a raíz de su mayor densidad demográfica, se erige como la región con más muertes por accidentes de tránsito en los primeros siete meses del año.
En la otra punta de la estadística se encuentra Darién, provincia en la que se registraron sólo siete decesos el año pasado, una cifra muy inferior respecto a las demás provincias que registraron mayores índices de accidentes fatales.
Las estadísticas son contundentes: el 90 por ciento de las muertes se debe a colisión, atropellos y vuelco. A muchos ciudadanos les parece sorprendente que algunos automovilistas usen el cinturón de seguridad o que decidan pasar una noche sin consumir bebidas alcohólicas porque deben manejar. Si existiesen leyes disuasivas y sanciones de efectivo cumplimiento, junto a controles frecuentes y justos, esto podría comenzar a revertirse.
Aunque se arrancaría al revés, primero se pena y luego se enseña, quizás el nudo del problema esté en este punto. Aunque está claro que cambiar hábitos culturales y costumbres de un pueblo no es fácil, ni nada que se pueda lograr de un día para el otro, bien vale la pena intentarlo.


101 años de Panamá América

 
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