Un regalo de esperanza
La capital de Argentina sirvió de marco a la realización del Seminario Regional sobre la Ratificación e Implementación de la Corte Penal Internacional. Promovido por Human Rughts Watch y bajo los auspicios del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia, el Instituto Latinoamericano para la Prevención del Delito (ILANUD) y con el concurso del Comité de la Cruz Roja Internacional, Amnesty International y otras importantes organizaciones, el seminario congregó durante tres día a representantes de más de 23 países, para abordar un tema tan importante como lo es la necesidad de promover el establecimiento de una Corte Penal Internacional para investigar y sancionar gravísimos crímenes internacionales que continúan cometiéndose, arropados en un manto de impunidad que es cada día más rechazado por nuestra humanidad.
Los horrores de la Segunda Guerra Mundial, despertaron la conciencia de hombres y mujeres de todos los continentes, que prontamente se abocaron a alcanzar los mecanismos que fueran necesarios para lograr que la humanidad fuese eso: humana. Desde entonces, el número de instrumentos internacionales sobre Derecho Humanitario y Derechos Humanos, ha ido felizmente en constante aumento. Ello no puede menos que servir de congratulación y estímulo para no desmayar en el desafío permanente que significa el enseñar, divulgar, defender o hacer valer los derechos fundamentales que son reconocidos por el Derecho Internacional.
A pesar de los logros y progresos alcanzados, resulta obligatorio constatar que el recién finalizado siglo XX sirvió de testigo de una letanía de deshumanización y de la ilicitud como burla de la noción de un orden global. Sin embargo, este inicio del nuevo siglo nos pone ante un reto: ejercer y desarrollar la voluntad política para avanzar y hacer realidad cuanto antes la ratificación e implementación de las provisiones del Estatuto de Roma por una Corte Penal Internacional, como paso histórico en la batalla contra la impunidad disfrutada por tanto tiempo por los perpetradores de brutales crímenes.
La adopción, el 17 de julio de 1998 del Estatuto de Roma, como se conoce ya al documento contentivo de la futura Corte Penal Internacional, representa la culminación de medio siglo de arduo y dedicado trabajo para poder crear una institución permanente para enjuiciar a aquellos acusados de los crímenes más serios de relevancia para la comunidad internacional en su conjunto. Pero el camino que llevó a Roma a más de 120 estados en apoyo del Estatuto de la Corte Penal Internacional fue, a su vez, el primer paso del camino hacia La Haya, donde se establecerá la Corte Penal Internacional. Como bien expresara entonces el Secretario General de las Naciones Unidas, Koffi Annan: "un paso gigantesco hacia adelante en la marcha hacia los Derechos Humanos universales y el imperio del derecho que deja a las generaciones futuras un regalo de esperanza".
En Buenos Aires pudimos mirar con optimismo la titánica labor hasta ahora realizada: 139 estados han firmado el Estatuto, 35 estados han ratificado, siendo los últimos en hacerlo Costa Rica y Dinamarca. Ello nos permite augurar que la Corte Penal Internacional se acerca a ser pronto una realidad -una vez obtenidas las 60 ratificaciones necesarias para su entrada en vigor-
Es por ello que los que en Panamá rechazamos y repudiamos a los enemigos de toda la humanidad
Los horrores de la Segunda Guerra Mundial, despertaron la conciencia de hombres y mujeres de todos los continentes, que prontamente se abocaron a alcanzar los mecanismos que fueran necesarios para lograr que la humanidad fuese eso: humana. Desde entonces, el número de instrumentos internacionales sobre Derecho Humanitario y Derechos Humanos, ha ido felizmente en constante aumento. Ello no puede menos que servir de congratulación y estímulo para no desmayar en el desafío permanente que significa el enseñar, divulgar, defender o hacer valer los derechos fundamentales que son reconocidos por el Derecho Internacional.
A pesar de los logros y progresos alcanzados, resulta obligatorio constatar que el recién finalizado siglo XX sirvió de testigo de una letanía de deshumanización y de la ilicitud como burla de la noción de un orden global. Sin embargo, este inicio del nuevo siglo nos pone ante un reto: ejercer y desarrollar la voluntad política para avanzar y hacer realidad cuanto antes la ratificación e implementación de las provisiones del Estatuto de Roma por una Corte Penal Internacional, como paso histórico en la batalla contra la impunidad disfrutada por tanto tiempo por los perpetradores de brutales crímenes.
La adopción, el 17 de julio de 1998 del Estatuto de Roma, como se conoce ya al documento contentivo de la futura Corte Penal Internacional, representa la culminación de medio siglo de arduo y dedicado trabajo para poder crear una institución permanente para enjuiciar a aquellos acusados de los crímenes más serios de relevancia para la comunidad internacional en su conjunto. Pero el camino que llevó a Roma a más de 120 estados en apoyo del Estatuto de la Corte Penal Internacional fue, a su vez, el primer paso del camino hacia La Haya, donde se establecerá la Corte Penal Internacional. Como bien expresara entonces el Secretario General de las Naciones Unidas, Koffi Annan: "un paso gigantesco hacia adelante en la marcha hacia los Derechos Humanos universales y el imperio del derecho que deja a las generaciones futuras un regalo de esperanza".
En Buenos Aires pudimos mirar con optimismo la titánica labor hasta ahora realizada: 139 estados han firmado el Estatuto, 35 estados han ratificado, siendo los últimos en hacerlo Costa Rica y Dinamarca. Ello nos permite augurar que la Corte Penal Internacional se acerca a ser pronto una realidad -una vez obtenidas las 60 ratificaciones necesarias para su entrada en vigor-
Es por ello que los que en Panamá rechazamos y repudiamos a los enemigos de toda la humanidad