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Un resultado lleno de dudas


VISTOS LOS resultados, el referendo ha dejado más motivos de preocupación que razones para celebrar. El hecho de que solamente acudiera a votar el cuarenta y tres por ciento (43%) de los electores inscritos es una demostración palmaria del fracaso de la descomunal propaganda con que, a un costo multimillonario, el gobierno, la ACP y el Tribunal Electoral saturaron al país durante seis meses.
Antes de la presentación pública de la propuesta de la ampliación, el pasado 24 de abril en ATLAPA, de manera solapada y por varios años, la Autoridad del Canal, en connivencia con un grupo de intereses extranjeros, a los que poco importa la pobreza y la desigualdad que se agigantan en nuestro país, fraguaron el proyecto. En esa etapa, que culminó con la rumbosa presentación de ATLAPA, se gastaron bastante más de 50 millones de dólares, gestando "la criatura". A partir de su presentación en sociedad, y de que el gobierno de "la patria nueva" la hiciera suya, con todos sus pelos y señales, entre éste y la ACP se gastaron, como mínimo, otros 20 millones para, materialmente, "zamparle" el proyecto al país.
Para avanzar en sus propósitos, la campaña del gobierno y la ACP utilizó: Por un lado, la mentira; y, por el otro, el escapismo, pues nunca aceptaron una confrontación quepermitiera una discusión en profundidad del proyecto.
Mintieron con alevosía al prometer que la ampliación generaría 240,000 empleos. Según el estimado más optimista, apenas si sobrepasarán los 5,000. Mintieron con alevosía cuando afirmaron, para no entramparse con su afirmación previa de que "si el proyecto cuesta más de 6,000 millones, no es financieramente viable", que el costo total será de 5,250 millones. Mintieron con alevosía, cuando afirmaron que la obra se financiaría con incrementos en los peajes, que los usuarios están dispuestos a aceptar. Mintieron con alevosía, cuando afirmaron que no se contraerían nuevas deudas para costear la ampliación. Los préstamos, eufemísticamente llamados "financiamientos interinos o puentes" sumarán varios miles de millones, que se agregarán a nuestra astronómica deuda pública. Mintieron con alevosía, cuando afirmaron que los cálculos de los costos se habían hecho con base en diseños, que ha quedado en claro que no existen. Mintieron con alevosía, cuando afirmaron que la estimación de los costos era confiable y, además, incluía generosas previsiones para eventuales contingencias. Hasta la saciedad se les ha demostrado que no pueden ser confiables estimaciones que se basan en diseños meramente conceptuales y, además, dejaron por fuera o no previeron, entre muchos otros aspectos, la construcción de las radas que serían imprescindibles a la entrada de las esclusas propuestas.
A confesión de parte, relevo de pruebas: Ayer, el principal vocero de la ACP, el Sr. Sabonge declara, con absoluto desparpajo, cosa que se cuidó de no hacer antes del referendo, que el proyecto de la ampliación aún está "muy en borrador.
Y también se les ha demostrado que una empresa a la que pagaron "pingües honorarios", cuyos informes sirvieron para la estimación de los costos, está envuelta en un escándalo por la construcción de un túnel en la bahía de Boston, en los Estados Unidos, que costó ocho veces el precio prometido y que, posteriormente, colapsó, causando muertes.
¿Cómo pudieron salirse con la suya? Por tres razones principales: Primera, porque nunca tuvieron empacho para aprovecharse de la desesperación y el hambre de muchos, muchísimos miles de panameños, a los que "conquistaron" con sus promesas falsas sobre oportunidades de trabajo, que han llevado hasta el extremo de "venderles" una promesa de cursos de capacitación como si se tratara de un pasaporte a un empleo; segunda, porque mediante una monstruosa y deshonesta campaña propagandística vendieron mentiras como si fueran verdades, y, tercera, porque algunas dirigencias de una "oposición" acomodaticia no cumplieron con su responsabilidad de realizar un examen pormenorizado y serio de la propuesta Gobierno-ACP, faltando al deber que les impone la Constitución Política de orientar debidamente al pueblo y, peor que eso, contribuyeron a la confusión al votar todos sus diputados a favor de la convocatoria del referendo, sin siquiera haber exigido a cambio que se garantizara un debate justo y equitativo de la propuesta de ampliación.
En un artículo reciente, comentaba la enorme paradoja que vivimos como resultado de la obcecación del gobierno y la ACP por imponer la ampliación, inventando una urgencia que ellos son conscientes de que no existe.
El Canal, mejor decir, la lucha por su recuperación fue, en frase acuñada por el difunto Torrijos, la religión que unió a los panameños. Hoy, es precisamente lo contrario. Y los responsables de esa división son el gobierno de "la patria nueva" y la Autoridad del Canal, por haber decidido imponer un resultado antes que convencer al país de la necesidad y la conveniencia de la propuesta de ampliación.
Nunca antes en la historia de nuestro país, se había hecho un despliegue propagandístico tan descomunal: Se coparon todos los medios de comunicación, se movilizaron verdaderos ejércitos de proselitistas y se contrató cuanto medio de transporte estuvo disponible para llevar a las urnas a los votantes alineados con el Sí. Ello sin contar las masivas distribuciones de asistencias económicas y de otra naturaleza hechas directamente por el gobierno de turno, o a través de las Juntas Comunales a las que se les entregaron fondos, aprobados a la carrera y sin ninguna planificación, con el claro objetivo de facilitarles los medios económicos para captar adeptos.
Vistos los resultados del referendo, no creo que haya motivo para considerarlo como una victoria de los promotores del proyecto de ampliación, y mucho menos para el país. Si después de los muchos millones invertidos para promocionar la participación, que sólo el 43% del electorado haya acudido a votar, aunque los promotores del Si traten de restarle importancia, resta legitimidad a los resultados. En varios países del mundo, aplicando criterios de sana lógica democrática, los referendos sólo son válidos si vota, como mínimo, el 50% del electorado.
El 22 de octubre solamente votaron 888,000 electores y dejaron de hacerlo 1,350.000. La elocuencia de las cifras es tan abrumadora, que ignorarla con explicaciones pueriles es un ejemplo típico de la "política del avestruz".
Por hoy, concluyo con esta pregunta: Quién responderá si cuando se pase del "borrador" a los detalles y a los cálculos reales, los costos se disparan por encima de los 6,000 millones. O esta otra: Quién asumirá la responsabilidad si todas las promesas hechas se quedan en el aire, como las otras promesas de "la patria nueva".

101 años de Panamá América

 
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