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Un reto sin respuesta


En lo que puede constituir un anticipo de lo que se le vendrá encima, el Presidente de la República y candidato a la reelección acaba de sufrir su primer serio revés de manos del exvicepresidente de la República y Presidente de la Internacional Demócrata Cristiana, Ricardo Arias Calderón.
Habiendo cumplido casi cuatro años de mandato, pocos podían escatimarle méritos por su gestión gubernamental y las encuestas de opinión a ese respecto así lo reflejaban al margen de cualquier reserva.
Pero cuando optó por reformar la Constitución para buscar cinco años más de mandato, rompiendo una larga tradición en contrario, dejó de ser presidente para convertirse en un candidato cualquiera, expuesto a diatribas y ataques de toda factura, sin la menor consideración por la dignidad de su cargo.
Fue precisamente su condición de presidente además de los méritos de su gestión, lo que lo mantuvo a salvo de críticas mayores de una oposición política poco menos que pusilánime.
Pero eso acabó y ahora el presidente es un candidato común y corriente, sujeto a las tribulaciones propias de esa condición y que se comporta como tal. Sólo así se explica el gravísimo error de haber atacado a Arias Calderón, un reputado político opositor, retirado de la actividad proselitista.
Pérez Balladares, sin mediar razones, acusó a Arias Calderón de cobrar sueldo de vicepresidente cuando su partido fue expulsado del gobierno por el presidente Guillermo Endara. Arias Calderón había sido sobreseído por la Corte Suprema a ese respecto, al considerarse que nunca abandonó el cargo.
Reza un dicho popular: "Quien dice lo que no debe, se expone a escuchar lo que no quiere". La réplica de Arias Calderón fue devastadora. Lo desafió a un debate en torno a la moralidad de ambos, incluyendo el tema del origen de la fortuna personal del mandatario, que hasta ahora nadie había cuestionado.
Y cuando el reto no fue aceptado, el agraviado exvicepresidente arremetió con reciedumbre, recordando al mandatario que durante sus días de ministro de Hacienda de los militares, constituyó un fondo especial operativo de 97 millones de balboas que se esfumó y contra el cual se giraron cheques millonarios a favor de "personas naturales y jurídicas reales o ficticias", una de las cuales, una simple secretaria arrepentida, devolvió más de un millón.
Recordó asimismo Arias Calderón el manejo que el entonces ministro Pérez Balladares dio al Puente Van Dam, para el que se pidió un préstamo de 100 millones de balboas pese a que la propuesta para su construcción era sólo de 89 millones, arrojando una diferencia de 11 millones que no se sabe a dónde fue a parar, ni a santo de qué se apresuraron a adelantar a los contratistas 15 millones.
El último caso fue declarado prescrito por la Corte Suprema en un fallo en el que, sin entrar en el fondo, arrojó enormes dudas y sombras sobre dicha operación. Y es dudoso que lo desenterraran si el hoy precandidato presidencial no hubiera optado por la reelección y no se hubiese metido con quien no debe.

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