Un silencio culpable
Llama la atención el terrible silencio de las máximas autoridades del gobierno y del Ministerio Público frente al contenido del segundo informe de la Comisión Presidencial contra la Corrupción, en el que se abordan 60 casos específicos signados con el oprobioso mal. Se recordará que un primer informe se refirió a prácticas administrativas que, en concepto de los comisionados, constituían o propiciaban la corrupción, sin abordar ninguna situación específica. Con el segundo documento, la comisión salió al paso de algunas crítica que, en general, le increparon el haber tratado en el primer informe meras generalidades trilladas, sin aportar nada nuevo, a mas de haber tratado temas considerados impropios a la tarea que les fue encomendada, como fue el de las exoneraciones e incentivos fiscales que, en opinión de la comisión, creaban privilegios generadores de corrupción.
Entre los casos que recoge el segundo documento, se destacan varios develados en nuestras páginas, entre ellos, el del helicóptero HP-1430 del cual tomamos y conservamos su única foto conocida, mientras yacía estacionado en Albrook, bajo celosa custodia del SPI, lo que no nos impidió hacer nuestro trabajo. La presidenta Moscoso nos dijo entonces, enfáticamente, que nada tenía que ver con esa aeronave, la cual sin embargo amaró misteriosamente meses después por falta de combustible, frente a las costas de Río Hato, mientras cargaba personal de la mandataria como parte de un convoy aéreo que la transportaba de regreso a la capital, procedente de la casa de descanso presidencial de Punta Mala. Por inexplicable motivo, el aparato fue luego hundido a tiros por el Servicio Marítimo Nacional por decisión del Consejo Nacional de Seguridad, presidido por el ministro de Gobierno y Justicia, Winston Spadafora, quien meses después fue designado por la mandataria como magistrado de la Corte Suprema.
Otro de los casos del segundo informe, también develado por primera vez por nosotros, fue el del supuesto negociado con las licencias para marinos en Manila, Filipinas, lo cual nos valió la visita personal del cónsul panameño en esa ciudad, Juan Carlos Escalona. El escándalo estalló tras denuncias interpuestas en ese país por una ex funcionaria de dicho despacho, reiteradas luego por el prestigioso periódico Lloyd List que dio noticia de la compra de uno de estos permisos irregulares nada menos que por el presidente del sindicato internacional de marinos.
Se incluye también en el informe, la suspensión por la subdirectora de la Autoridad Marítima, Bertilda García, de una adjudicación dada a Suministro Los Andes para instalar 8 grúas la cual había sido aprobada por el Consejo Económico Nacional; el caso de los servicios pagados por Aeronáutica Civil para la supervisión de unos trabajos de reparación de aeronaves a personas que no estaban aptas para hacerlo; el de las galletas nutricionales; el de los salarios supuestamente pagados por el gerente del Banco Hipotecario, Waldo Arrocha, a su sobrina, Nora Arrocha, quien residía en Suiza, entre otros. Son tantos cuan largo es el mutismo y la indiferencia de quienes nombraron la comisión.
No hay la menor duda de que cuando se está arriba se piensa, casi siempre, que nunca más se volverá a estar abajo. "Cuánto engaño y sorpresas desagradables" para los que olvidan la historia por más ejemplos que ella nos dé, aun de sucesos recientes que deben estar frescos en la memoria de todos.
En la democracia panameña -su electorado- parece que, al estilo costarricense, se inclina a la alternabilidad del poder, de no presentarse excepciones -en candidato- que presenten soluciones y que el pueblo llegue a aceptar su plataforma de gobierno como fórmula salvadora para sus reivindicaciones. La elección del Dr. Abel Pacheco en Costa Rica, es prueba clara de lo anterior.
Alberto Vallarino deberá hacer una evaluación muy amplia de carácter nacional, sin apremios, que le permitan determinar dónde "amarra su caballo". Si bien es cierto que algunos miembros de la cúpula arnulfista se oponen a su candidatura, no sucede lo mismo con las bases de ese partido que lo considera por sus raíces, vínculos familiares y planteamientos ideológicos un arnulfista de "cuerpo y alma".
La decisión que en su momento deberá tomar Alberto Vallarino es sólo de él. Yo, por mi parte, la respaldaré personal y políticamente, por tener las cualidades que requieren para conducir al Estado panameño por el sendero del éxito en estos tiempos turbulentos. Siempre he aplicado el dicho: "a lo tuyo con razón o sin ella" y en este caso específico justifico plenamente la aspiración de Vallarino.
Entre los casos que recoge el segundo documento, se destacan varios develados en nuestras páginas, entre ellos, el del helicóptero HP-1430 del cual tomamos y conservamos su única foto conocida, mientras yacía estacionado en Albrook, bajo celosa custodia del SPI, lo que no nos impidió hacer nuestro trabajo. La presidenta Moscoso nos dijo entonces, enfáticamente, que nada tenía que ver con esa aeronave, la cual sin embargo amaró misteriosamente meses después por falta de combustible, frente a las costas de Río Hato, mientras cargaba personal de la mandataria como parte de un convoy aéreo que la transportaba de regreso a la capital, procedente de la casa de descanso presidencial de Punta Mala. Por inexplicable motivo, el aparato fue luego hundido a tiros por el Servicio Marítimo Nacional por decisión del Consejo Nacional de Seguridad, presidido por el ministro de Gobierno y Justicia, Winston Spadafora, quien meses después fue designado por la mandataria como magistrado de la Corte Suprema.
Otro de los casos del segundo informe, también develado por primera vez por nosotros, fue el del supuesto negociado con las licencias para marinos en Manila, Filipinas, lo cual nos valió la visita personal del cónsul panameño en esa ciudad, Juan Carlos Escalona. El escándalo estalló tras denuncias interpuestas en ese país por una ex funcionaria de dicho despacho, reiteradas luego por el prestigioso periódico Lloyd List que dio noticia de la compra de uno de estos permisos irregulares nada menos que por el presidente del sindicato internacional de marinos.
Se incluye también en el informe, la suspensión por la subdirectora de la Autoridad Marítima, Bertilda García, de una adjudicación dada a Suministro Los Andes para instalar 8 grúas la cual había sido aprobada por el Consejo Económico Nacional; el caso de los servicios pagados por Aeronáutica Civil para la supervisión de unos trabajos de reparación de aeronaves a personas que no estaban aptas para hacerlo; el de las galletas nutricionales; el de los salarios supuestamente pagados por el gerente del Banco Hipotecario, Waldo Arrocha, a su sobrina, Nora Arrocha, quien residía en Suiza, entre otros. Son tantos cuan largo es el mutismo y la indiferencia de quienes nombraron la comisión.
No hay la menor duda de que cuando se está arriba se piensa, casi siempre, que nunca más se volverá a estar abajo. "Cuánto engaño y sorpresas desagradables" para los que olvidan la historia por más ejemplos que ella nos dé, aun de sucesos recientes que deben estar frescos en la memoria de todos.
En la democracia panameña -su electorado- parece que, al estilo costarricense, se inclina a la alternabilidad del poder, de no presentarse excepciones -en candidato- que presenten soluciones y que el pueblo llegue a aceptar su plataforma de gobierno como fórmula salvadora para sus reivindicaciones. La elección del Dr. Abel Pacheco en Costa Rica, es prueba clara de lo anterior.
Alberto Vallarino deberá hacer una evaluación muy amplia de carácter nacional, sin apremios, que le permitan determinar dónde "amarra su caballo". Si bien es cierto que algunos miembros de la cúpula arnulfista se oponen a su candidatura, no sucede lo mismo con las bases de ese partido que lo considera por sus raíces, vínculos familiares y planteamientos ideológicos un arnulfista de "cuerpo y alma".
La decisión que en su momento deberá tomar Alberto Vallarino es sólo de él. Yo, por mi parte, la respaldaré personal y políticamente, por tener las cualidades que requieren para conducir al Estado panameño por el sendero del éxito en estos tiempos turbulentos. Siempre he aplicado el dicho: "a lo tuyo con razón o sin ella" y en este caso específico justifico plenamente la aspiración de Vallarino.