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Un solo zafarrancho


Desde el inicio de la administración Moscoso, todos los sectores de la sociedad han estado accionando de manera egoísta. Con sus críticas parcializadas y sus riñas con el gobierno han contribuido a sumir al país en un solo zafarrancho. El primer error de los sectores económicos dominantes fue tratar de imponer su poder para alcanzar sus propios objetivos, que no son equivalentes, las más de las veces, a los intereses del Estado panameño. Hicieron caso omiso de la grave situación económica predominante en todo el mundo y procedieron a endilgarle al gobierno culpas que no tenía. No digo con esto que el gobierno no haya ayudado a exacerbar el zafarrancho.
Por supuesto, la "leal" oposición se aprovechó de esta situación y suplementó las colisiones para pescar en río revuelto. Esto lo hacen todos los políticos. A la par, el gobierno cometió una serie de errores que dieron base a la percepción generalizada de que le importa poco combatir la corrupción. El enredo empeoró cuando poco a poco se hizo evidente que la corrupción está enquistada en todos los sectores del país, no sólo en el oficialista. Por lo tanto, las denuncias de corrupción por parte de los corruptos de anteriores tiempos, no lejanos, contribuyeron al estado caótico que parece existir casi en todo.
Todo este barullo ha forzado al gobierno a tratar de adelantar sus obras a base de consultas, consensuación, diálogos. Al punto que toda la agonía que generan estos debates ha servido poco, pues los resultados son nulos. Algunos de los diálogos pendientes son de interés nacional, temas de Estado, como el que se inicia sobre la situación financiera del Seguro Social, que es de enorme interés para los panameños más humildes. El tema de la expansión del Canal de Panamá debe ser analizado concienzudamente, pero de una u otra forma continúa bajo cuerda. En ambos temas se puede decir que estamos en nada.
Igual ha sucedido con diversos temas de interés patriótico que sólo producen ofuscación por el manejo politiquero que se les da. Nadie parece decir: Bien, vamos al meollo de los problemas, olvidemos nuestros errores presentes y pasados, y dediquémonos a buscar soluciones porque así lo exige la higiene material y moral de la patria.
Esta prolongada premisa me salta a la mente cuando observo el zafarrancho que todos, sin excepción, hemos creado por razones más egoístas que otra cosa con relación a las soluciones que requiere el IDAAN. Es decir, las medidas urgentes, inmediatas, que se deben tomar para mejorar y extender el suministro de agua al mayor número de panameños. De las ideas que se han lanzado confieso que me atrae enormemente la propuesta del legislador Wigberto Quintero de usar las partidas circuitales para modernizar el IDAAN. Además de señalar una fuente de financiamiento, esta propuesta tiene la gran ventaja de que eliminaría la práctica juega-vivo que varios legisladores han usado con mucha eficacia para reelegirse en perjuicio de sus futuros rivales.
Opino que la mayoría de los panameños quisiéramos refinar nuestra democracia. Está bueno de candidatos a presidentes y legisladores postulados por nepotismo, amiguismo, clientelismo y sobre la base de presuntos liderazgos mayormente fraguados dentro de un sistema político que ojalá pudiéramos desechar, desde ya. Esto es a corto plazo imposible, ya que nuestra clase política está plagada de personas que quieren mantenerse aferradas a la ubre gubernamental, directa e indirectamente. Pero nadie puede negar que existe una necesidad patriótica de corregir este sistema que nos condena a vivir ofuscados, obnubilados, de zafarrancho en zafarrancho. Merece la pena que demos firmes pasos hacia este objetivo. El asunto del IDAAN viene al pelo. Ahora o nunca.

101 años de Panamá América

 
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