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Un TLC para generar empleo, pero no riqueza


En San Salvador se llevó a cabo, durante la última semana de marzo, la tercera ronda de negociaciones del tratado de libre comercio entre Estados Unidos y Centroamérica. Allí, los centroamericanos volvieron a insistir en excluir del tratado a muchos sectores y de proteger a otros con aranceles, por períodos prolongados, con el pretexto de crear empleos y riqueza. Esa posición es totalmente errónea porque ciertos empleos, en lugar de crear riqueza, generan pobreza.
Según sus efectos económicos, hay dos tipos de empleos: el productivo y el destructivo.
El productivo ocurre cuando la mano de obra (o el trabajo) genera un producto cuyo valor económico -el precio que prevalecería en el mercado si no hubiera distorsiones causadas por el gobierno- es mayor que la suma del valor de todos los otros insumos utilizados en su producción.
Si una hamburguesa se vende a $1.75 y el costo de los insumos es $1.45, excluyendo el trabajo, el empleo en esa actividad es productivo.
El empleo destructivo ocurre cuando el trabajo resta valor, en vez de añadirlo. Ese empleo genera un producto cuyo valor económico es menor que la suma del valor de los demás insumos utilizados para producirlo.
Por ejemplo, un estudio realizado en Ecuador en 1993 señala que los fabricantes de madera contrachapada gastaban $700 ($500 en trozas, $200 en mano de obra y otros insumos) para producir cada metro cúbico de madera contrachapada, cuyo valor económico era de sólo $320. Entonces, la destrucción de riqueza era de $380 por cada metro cúbico producido.
A través de distorsiones del comercio internacional de trozas y madera contrachapada, el gobierno ecuatoriano pretendía generar empleo productivo y valor agregado; lo que logró, sin embargo, fue empleo destructivo y merma de valor. En vez de beneficio, cada puesto de trabajo generó pérdidas en la sociedad, lo que se tradujo en un salario bajísimo.
La llamada “política comercial” es el conjunto de medidas que el gobierno adopta para manipular o distorsionar el comercio entre nacionales y extranjeros, con el propósito de obtener resultados diferentes de los que se lograrían si esos actores comerciaran libremente. Esta política incide directamente sobre la calidad y cantidad del empleo y el nivel de los salarios.
Cuanto menos libre sea el comercio, más negativo es el efecto sobre esas variables.
Un arancel a la importación de carne incrementa el precio de la carne y hace que el empleo en esta actividad aumente; sin embargo, el empleo en la venta de hamburguesas y en muchas otras actividades disminuye.
A raíz del arancel, los consumidores de carne tienen que pagar un precio mayor, por lo que les queda menos dinero para todo lo demás. Esto redunda en una reducción de la demanda de todos los otros bienes que, a través de la economía, causará una reducción generalizada del empleo.
Según el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos, la restricción del comercio a través de aranceles destruye, en ese país, ocho empleos en la economía por cada uno que genera en una industria protegida.
En el caso reciente del incremento de aranceles al acero hasta en un 30 por ciento se destruyeron 200,000 empleos en la economía estadounidense, mientras que la industria del acero sólo emplea a 187,000 personas, como lo reportó recientemente el economista Bruce Bartlett.
Veamos el efecto sobre el salario. En el caso de las hamburguesas, sólo quedan $0.30 para remunerar el trabajo ($1.75, que es el precio de venta, menos $1.45 de los demás insumos). Si el gobierno sube el arancel a la importación de la carne de hamburguesas de tal suerte que el costo de los insumos llegue a $1.60, lo máximo que se le podría pagar al trabajador son $0.15.
El caso ecuatoriano ilustra cómo las malas políticas comerciales diseñadas para enriquecer a los empresarios con influencia política reducen la productividad y la remuneración de la mano de obra, creando pobreza.
Resulta evidente, entonces, que lo planteado por los negociadores centroamericanos y la desgravación asimétrica que los cinco presidentes centroamericanos acaban de pedirle a George Bush en Washington, significará continuar generando empleo destructivo y pobreza en Centroamérica. ¡La estupidez y la pobreza siempre van de la mano!

*Director del Instituto para la Libertad y el Análisis de Políticas Públicas.
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