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¿Un TLC para Panamá? Quizás sí


El desarrollo de un posible TLC Estados Unidos-Panamá es un tema de relevancia en la vida económica y empresarial panameña. Diplomáticos, empresarios, políticos -algunos con amplia visión y conocimiento de la relación EU-Panamá- han expresado sus opiniones. Los más conocedores apuntan bien al señalar que la política interna y externa (particularmente las elecciones que se darán en ambos países) tendrán impacto en esto. Opino que en vez de que estos eventos nos precipiten a negociar, deben tener el efecto opuesto.
Hay que pisar con cuidado en ese terreno, porque la incertidumbre política es demasiado grande para actuar con tanta prisa. Ya que no se ha progresado como se hubiera esperado en las negociaciones de un TLC, debemos tomar este tiempo para estudiar más el asunto antes de llegar a una decisión que nos dé remordimientos en el futuro. Soy partidaria de la liberalización del comercio, pero también creo que antes de tomar el camino más fácil, tenemos que analizar detenidamente la política y la economía, y asegurarnos que aquellos que nos impulsan por un TLC en realidad tienen una idea concreta no sólo de cómo llegamos a él, sino dónde iremos después de tal acuerdo.
Hay quienes resaltan el hecho de que en este año se dará una elección reñida entre John Kerry y George W. Bush. Kerry cuenta con en apoyo de los sindicatos laborales que están en contra del libre comercio, pues sienten que la globalización económica cada día traslada más trabajos de EU a países en desarrollo, poniendo al trabajador norteamericano fuera de empleo. Kerry, por bien o mal, ha esbozado condenas a la idea de liberalizar más el comercio estadounidense. Si él es electo en noviembre, es casi seguro que el catálogo de tratados que la administración de Bush ha tratado de fomentar se vaya por la cuesta. Dudo que Bush haga mayor movimiento durante el tiempo que queda de campaña política sobre los tratados que supuestamente están progresando. El no le regalaría esta carga de municiones tan fácilmente a Kerry, y además, tiene suficientes problemas ahora. La economía quizás se esté mejorando, pero las cifras de soldados estadounidenses muertos en Irak sigue aumentando y la Comisión del 11-S está afectando la credibilidad de altos funcionarios de la Casa Blanca. Cualquier tratado, con cualquier país (ni se diga un país en desarrollo que, comparativamente, ofrece muy poco a cambio) toma menos importancia. Aquellos interesados en el tema siempre pondrán atención, pero aun los medios de comunicación más prestigiosos de EU están al margen de lo que pasa en la economía exterior norteamericana. La semana pasada envié una nota al New York Times para corregir una noticia afirmando que Panamá forma parte del CAFTA. Había incluido a nuestro país por error; la noticia luego fue corregida en la versión electrónica del diario, sustituyendo "Nicaragua" por el errado "Panamá."
Expertos sostienen que Panamá tiene el talento y experiencia para negociar un tratado positivo. Tienen razón: hay muchas personas en esta nación preparadas en comercio exterior, y que serían excelentes negociadores. ¿Habrá algo que negociar? ¿O será este TLC más un contrato de adhesión que un tratado realmente negociado? Un tratado realmente negociado es el TLC EU-Chile, el cual tomó muchísimo tiempo, los chilenos sacaron las garras y no se dejaron llevar tan fácilmente por ese talismán. Ellos sabían que todos los otros TLC que vendrían serían modelados en el de ellos, así que demandaron lo más que podían. Les debemos agradecer.
Los otros tratados, con Centroamérica y República Dominicana, no son tanto negociaciones como la toma de cláusulas ya escritas e insertadas en un "nuevo acuerdo". Este camino no favorece a Panamá, que es un país que tiene una economía única en la región, o en el mundo, basada en nuestra geografía y nuestros servicios -esa es nuestra ventaja. No podemos simplemente adherirnos a situaciones que afectan a otros países con los cuales lo único que nos parecemos en términos de comercio exterior es el idioma que hablamos al discutir la materia.
Sí, hay talento en Panamá, pero no se es consistente. De aquí sí podemos tomar una lección de EU, donde el personal que lidera la oficina de negociaciones internacionales comerciales es escogido por el Presidente, pero muchas de las personas que trabajan en los tópicos de libre comercio son profesionales. Hacen su trabajo con diligencia, con continuidad, y saben que, aunque cambie la administración, tienen seguridad laboral, que les brinda un incentivo de seguir trabajando con visión y dedicación. Es un cuerpo experto de técnicos, de personas que conocen las teorías comerciales y que están entrenadas para aquello. En Panamá, desafortunadamente, pareciera no ser así. Ministros, viceministros, y embajadores saltan de una oficina a otra al ver una oportunidad más lucrativa o que perciben es de más prestigio, muchas veces sin tener la experiencia ni el conocimiento en los temas esenciales de estas tareas. En ocasiones estos cambios introducen sustituciones importantes en los equipos de trabajo. Es necesario que nos aseguremos de implementar y darle continuidad a criterios de calificación por méritos y créditos, a la vez que se instituya un programa de capacitación permanente para quienes se desempeñan en estos temas, independientemente de los jefes de turno.
Hay quienes plantean que es ideal terminar una negociación constructiva en agosto, antes de que intensifiquen las elecciones en EU en septiembre. ¿Cuál es la razón detrás del apuro? ¿Será que ciertos sectores panameños están interesados en un TLC poco estudiado a puertas cerradas? Para trabajar cualquier cambio en el régimen comercial de un país se necesita un equipo no sólo de políticos y diplomáticos, pero de economistas, de profesionales que se especializan en estudiar las tablas arancelarias, de técnicos que pueden ingeniar las formas de realizar lo que los líderes electos desean hacer para mejorar la vida de los ciudadanos que les han dado el poder de actuar por ellos.
¿Un TLC para Panamá? Quizás, sí. Pero no con tanta precipitación. Un tratado negociado después de estudio, paciencia, y a la medida tomando en cuenta sólo los atributos de Panamá, sin dejarnos llevar por lo que hacen otras naciones, puede ser una mejoría económica para el país y una fuente para atraer inversión en el futuro.

101 años de Panamá América

 
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