Un trago por la partida
Según los estudios, Panamá está ya casi dentro del grupo de los países que tienen problemas con el agua potable para el consumo humano, y eso que se vislumbraba a muchos años, pero ha sufrido una repentina aceleración debido a factores como la sobrepoblación, la contaminación y la deforestación, por decir sólo algunos de ellos. Todo esto ha producido cambios globales en el planeta, y fenómenos como el Niño y la Niña, golpean fuertemente a las poblaciones.
Aunque en nuestro país se dice que hay abundancia de agua, ya se siente la secuela que está produciendo esta crisis, y lo que es peor, hay miles de panameños que desde hace tiempo están padeciendo la ausencia del vital y preciado líquido.
Con estructuras arcaicas, el sistema de acueducto ya no llena las condiciones que le exige el aumento de la población; las personas han tenido que adoptar la postura del escarabajo del desierto, que a horas de madrugadas recoge el sereno para beber algo de líquido y así saciar su sed. Este trauma que se repite a diario en nuestros poblados, es un trago amargo que lo padecen ancianos, hombres, niños, mujeres embarazadas, o en el peor de los casos, madres lactantes, quienes sólo pueden remojar sus necesidades.
Todos los panameños hemos seguido de cerca lo acontecido en las famosas sesiones extraordinarias, donde se trató el tema del agua y su futuro. Cuando todos pensábamos que nuestra sed sería saciada, vimos cómo los intereses políticos egoísta no han permitido, en primera instancia, la solución a este latente y desesperante problema que afecta a por lo menos 200,000 personas.
Las posturas políticas han prevalecido muy por encima de la humana. El bien particular ha superado el colectivo y nuevamente recordamos la idea de que debemos saber elegir a quien nos represente en nuestra Asamblea. En este caso, han sido los señores legisladores los que, con subterfugios baladíes, nos han negado el derecho que todos tenemos a disfrutar del preciado líquido. Claro, si ellos se zambullen en un mar de comodidades, dentro de los cuales, por supuesto, el agua nunca les ha de faltar. La falta de consideración de nuestros parlamentarios nos lleva a pensar si es que el agua en Panamá tiene algún color político, o cuando usted abre la pluma, ésta le pregunta de qué partido es su sed.
A buena hora ha dicho la Presidenta que con la partida circuital de los legisladores tratará de acabar el problema, destinando para ello dichos fondos. La gran mayoría de nosotros esperamos que así sea, pues las mismas partida son hidrantes donde sacian su sed los que, cuales rémoras, viven a costa de nuestra bondad.
Se hace necesario cerrar esa válvula por donde se escapa nuestro dinero y que por su causa se nos priva hasta del agua para tomar. No podemos seguir permitiendo ese carnaval permanente que hacen con las partidas, mientras este pueblo mantiene los cántaros vacíos.
El agua nos debe unir a todos para limpiar esa podredumbre que hay en la Asamblea. "Que se vallan las partidas y que venga el agua" debe ser el coro unísono de todos, y si esto se da tendremos que tomar un trago por esa partida.
Debemos apoyar esta iniciativa e inundar las calles solicitando se cumpla con nuestras necesidades, pues a muchos panameños ya no tenemos agua ni para las lágrimas y hasta el pozo de la esperanza se nos ha secado.
Aunque en nuestro país se dice que hay abundancia de agua, ya se siente la secuela que está produciendo esta crisis, y lo que es peor, hay miles de panameños que desde hace tiempo están padeciendo la ausencia del vital y preciado líquido.
Con estructuras arcaicas, el sistema de acueducto ya no llena las condiciones que le exige el aumento de la población; las personas han tenido que adoptar la postura del escarabajo del desierto, que a horas de madrugadas recoge el sereno para beber algo de líquido y así saciar su sed. Este trauma que se repite a diario en nuestros poblados, es un trago amargo que lo padecen ancianos, hombres, niños, mujeres embarazadas, o en el peor de los casos, madres lactantes, quienes sólo pueden remojar sus necesidades.
Todos los panameños hemos seguido de cerca lo acontecido en las famosas sesiones extraordinarias, donde se trató el tema del agua y su futuro. Cuando todos pensábamos que nuestra sed sería saciada, vimos cómo los intereses políticos egoísta no han permitido, en primera instancia, la solución a este latente y desesperante problema que afecta a por lo menos 200,000 personas.
Las posturas políticas han prevalecido muy por encima de la humana. El bien particular ha superado el colectivo y nuevamente recordamos la idea de que debemos saber elegir a quien nos represente en nuestra Asamblea. En este caso, han sido los señores legisladores los que, con subterfugios baladíes, nos han negado el derecho que todos tenemos a disfrutar del preciado líquido. Claro, si ellos se zambullen en un mar de comodidades, dentro de los cuales, por supuesto, el agua nunca les ha de faltar. La falta de consideración de nuestros parlamentarios nos lleva a pensar si es que el agua en Panamá tiene algún color político, o cuando usted abre la pluma, ésta le pregunta de qué partido es su sed.
A buena hora ha dicho la Presidenta que con la partida circuital de los legisladores tratará de acabar el problema, destinando para ello dichos fondos. La gran mayoría de nosotros esperamos que así sea, pues las mismas partida son hidrantes donde sacian su sed los que, cuales rémoras, viven a costa de nuestra bondad.
Se hace necesario cerrar esa válvula por donde se escapa nuestro dinero y que por su causa se nos priva hasta del agua para tomar. No podemos seguir permitiendo ese carnaval permanente que hacen con las partidas, mientras este pueblo mantiene los cántaros vacíos.
El agua nos debe unir a todos para limpiar esa podredumbre que hay en la Asamblea. "Que se vallan las partidas y que venga el agua" debe ser el coro unísono de todos, y si esto se da tendremos que tomar un trago por esa partida.
Debemos apoyar esta iniciativa e inundar las calles solicitando se cumpla con nuestras necesidades, pues a muchos panameños ya no tenemos agua ni para las lágrimas y hasta el pozo de la esperanza se nos ha secado.