Un traslado sin pies ni cabeza
LA UNIVERSIDAD Tecnológica de Panamá (UTP) ha realizado una singular labor de promoción y divulgación cultural en los últimos 11 años. Su autoridades, en distintos momentos, tuvieron la sabiduría y visión necesarias para dar luz verde a un ambicioso proyecto editorial y de posterior presentación continua, mediante elaborados actos culturales, de los libros y revistas que fue publicando la UTP. También a la creación de dos importantes certámenes literarios permanentes (el Rogelio Sinán y el José María Sánchez); a la implementación de un Diplomado en Creación Literaria anual que ha dado frutos significativos desde 2001; a la colocación en Internet de un completísimo Directorio de Escritores Vivos de Panamá con información actualizada acerca de más de 250 autores nacionales; a la presentación y aprobación como Ley de la República del Día de la Escritora y el Escritor Panameños cada 25 de abril, entre otras iniciativas que casi de inmediato fueron cristalizando y que se mantienen.
El nacimiento mismo de la actual Coordinación de Difusión Cultural en 1996 fue la piedra de toque que generó simultáneamente todo lo demás. Los escritores panameños nunca habían visto tantas iniciativas exitosas a favor de sus esfuerzos intelectuales y artísticos funcionando al mismo tiempo en un país en el que la cultura ha sido siempre la Cenicienta.
Porque, entre otros logros substanciales, ¿cuándo una entidad estatal había publicado 66 libros, la mayor parte de autores nacionales, en un lapso tan corto? No tengo más que loas, aplausos y profundo agradecimiento hacia el apoyo recibido hasta el final de mi gestión -que voluntariamente termina el 31 de agosto por motivo de jubilación- por parte de las autoridades de la UTP. ¿Entonces, a qué viene tanta alharaca? ¿Por qué el descontento de los escritores y gente culta del país ante la obstinación de trasladar las oficinas de dicha Coordinación a las instalaciones que tiene esta universidad en Tocumen apenas yo salga de mi puesto actual?
El descontento existe, y mucho. Han salido reportajes y artículos al respecto en el "Panamá América" y en "La Prensa". Hay una carta dirigida al Rector de la UTP, Ing. Salvador Rodríguez, firmada por numerosos escritores y personas afectadas por esta decisión, que ha venido circulando por Internet y que le será entregada en unos días. Y no es para menos. Paso a explicar brevemente las razones.
No es exacto, como ha afirmado recientemente el Sr. Rector, que haya que desocupar en este momento el único edificio que sigue ocupando la UTP en el campus de la Universidad de Panamá. Eso está previsto hacerlo en junio o julio de 2008, junto con otros departamentos que aún funcionan ahí, que es cuando se estima estará disponible el tercer edificio que se construye en el amplio y muy atractivo campus Víctor Levi Sasso, formado por 64 hectáreas donadas hace años por el Gobierno Nacional. Lo lógico, entonces, sería esperar un poco, y que a mediados de 2008, Difusión Cultural se mude a ese campus junto con las demás oficinas. ¿Cuál es el apuro?
No hay ninguna necesidad de mover Difusión Cultural en este momento; y menos hacia las aisladas instalaciones de Tocumen, en donde, para efectos de los servicios culturales que se brindan, no va a pararse ni una mosca. Con ello sólo se logrará desmovilizar por completo el acceso de escritores, profesores de Español, jurados de concursos, y demás personas afines, matando sin razón la dinámica que ha caracterizado a mi gestión. Las actividades de dicha Coordinación deben estar en un sitio céntrico, accesible, motivador, lo han reiterado las personas interesadas, que son muchas.
He aquí varias razones concretas: Porque las actuales Bases que circulan, tanto del Premio Nacional de Cuento "José María Sánchez" como del Premio Centroamericano de Literatura "Rogelio Sinán", señalan el sitio actual como el de entrega de obras que compitan (éstas deben ser revisadas minuciosamente para ver si cumplen con los requisitos formales, no es cuestión de entregárselas a cualquier funcionario de otra oficina en el sitio actual, como se ha arguido). Los muchos autores que llevan obras inéditas para su posible publicación (mediante un sistema de coedición, una vez aprobadas por su calidad), tendrían problemas para llegar hasta Tocumen. Los jurados de los concursos tampoco quieren viajar hacia tales lejanías. Y los profesores y estudiantes de español que adquieren obras publicadas por la UTP, tampoco, según una encuesta.
Ojalá que el Ing. Rodríguez reconsidere esta decisión, que no es más que una obstinación de su Vicerrectora de Investigación, Postgrado y Extensión, quien en unos meses, por motivo de inminentes elecciones internas, ni siquiera estará ya en su cargo. Insto a la Ing. Marcela Paredes de Vásquez como y al Ing. Héctor Montemayor, candidatos a la rectoría de la UTP, para que se pronuncien y apoyen la cultura nacional.
El nacimiento mismo de la actual Coordinación de Difusión Cultural en 1996 fue la piedra de toque que generó simultáneamente todo lo demás. Los escritores panameños nunca habían visto tantas iniciativas exitosas a favor de sus esfuerzos intelectuales y artísticos funcionando al mismo tiempo en un país en el que la cultura ha sido siempre la Cenicienta.
Porque, entre otros logros substanciales, ¿cuándo una entidad estatal había publicado 66 libros, la mayor parte de autores nacionales, en un lapso tan corto? No tengo más que loas, aplausos y profundo agradecimiento hacia el apoyo recibido hasta el final de mi gestión -que voluntariamente termina el 31 de agosto por motivo de jubilación- por parte de las autoridades de la UTP. ¿Entonces, a qué viene tanta alharaca? ¿Por qué el descontento de los escritores y gente culta del país ante la obstinación de trasladar las oficinas de dicha Coordinación a las instalaciones que tiene esta universidad en Tocumen apenas yo salga de mi puesto actual?
El descontento existe, y mucho. Han salido reportajes y artículos al respecto en el "Panamá América" y en "La Prensa". Hay una carta dirigida al Rector de la UTP, Ing. Salvador Rodríguez, firmada por numerosos escritores y personas afectadas por esta decisión, que ha venido circulando por Internet y que le será entregada en unos días. Y no es para menos. Paso a explicar brevemente las razones.
No es exacto, como ha afirmado recientemente el Sr. Rector, que haya que desocupar en este momento el único edificio que sigue ocupando la UTP en el campus de la Universidad de Panamá. Eso está previsto hacerlo en junio o julio de 2008, junto con otros departamentos que aún funcionan ahí, que es cuando se estima estará disponible el tercer edificio que se construye en el amplio y muy atractivo campus Víctor Levi Sasso, formado por 64 hectáreas donadas hace años por el Gobierno Nacional. Lo lógico, entonces, sería esperar un poco, y que a mediados de 2008, Difusión Cultural se mude a ese campus junto con las demás oficinas. ¿Cuál es el apuro?
No hay ninguna necesidad de mover Difusión Cultural en este momento; y menos hacia las aisladas instalaciones de Tocumen, en donde, para efectos de los servicios culturales que se brindan, no va a pararse ni una mosca. Con ello sólo se logrará desmovilizar por completo el acceso de escritores, profesores de Español, jurados de concursos, y demás personas afines, matando sin razón la dinámica que ha caracterizado a mi gestión. Las actividades de dicha Coordinación deben estar en un sitio céntrico, accesible, motivador, lo han reiterado las personas interesadas, que son muchas.
He aquí varias razones concretas: Porque las actuales Bases que circulan, tanto del Premio Nacional de Cuento "José María Sánchez" como del Premio Centroamericano de Literatura "Rogelio Sinán", señalan el sitio actual como el de entrega de obras que compitan (éstas deben ser revisadas minuciosamente para ver si cumplen con los requisitos formales, no es cuestión de entregárselas a cualquier funcionario de otra oficina en el sitio actual, como se ha arguido). Los muchos autores que llevan obras inéditas para su posible publicación (mediante un sistema de coedición, una vez aprobadas por su calidad), tendrían problemas para llegar hasta Tocumen. Los jurados de los concursos tampoco quieren viajar hacia tales lejanías. Y los profesores y estudiantes de español que adquieren obras publicadas por la UTP, tampoco, según una encuesta.
Ojalá que el Ing. Rodríguez reconsidere esta decisión, que no es más que una obstinación de su Vicerrectora de Investigación, Postgrado y Extensión, quien en unos meses, por motivo de inminentes elecciones internas, ni siquiera estará ya en su cargo. Insto a la Ing. Marcela Paredes de Vásquez como y al Ing. Héctor Montemayor, candidatos a la rectoría de la UTP, para que se pronuncien y apoyen la cultura nacional.