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Un tratado congelado


En su discurso ante la Asociación de Cámaras de Comercio norteamericanas en Latinoamérica, reunida en Miami el pasado 24 de enero, el subsecretario de Comercio de Estados Unidos responsable del Comercio Internacional, Christopher Padilla, hizo una defensa apasionada de los beneficios del libre comercio hemisférico y, en particular, de las ventajas bilaterales del acuerdo que su gobierno ha suscrito con Colombia. Padilla dedicó más de la mitad del discurso a explicar en detalle las ventajas comparativas de la creciente relación comercial entre ambos países. Sin embargo, del acuerdo con Panamá, el Tratado de Promoción Comercial (TPC) aún pendiente de ratificación en Washington, apenas si hizo mención y nada más.

La parquedad de sus palabras era análoga a la reflejada por Condoleezza Rice, la secretaria de Estado norteamericana, quien acaba de visitar Medellín junto a varios congresistas para respaldar personalmente el acuerdo con Colombia.

Un respaldo público similar hacia el TPC con Panamá todavía está por verse. Es que según los medios, Padilla, invitado a la toma de posesión del nuevo presidente de Guatemala, Alvaro Colom, hizo saber en ese acto al presidente Torrijos que el TPC se mantendrá congelado en Washington mientras el actual Presidente de la Asamblea Nacional continúe en el puesto. Chris Padilla sabe lo que dice porque es experto en su trabajo.

Lo conozco desde nuestros días de estudiante en Washington, siendo ambos compañeros de la clase de Política Comercial de Estados Unidos dictada por el profesor Bart Fisher en la escuela de posgrado Nitze de la Universidad Johns Hopkins. Pero a diferencia de los políticos panameños, Chris también sabe que la mezcla entre el calendario y la política representa un plazo fatal para Panamá: de no haber cambios en la Asamblea hasta que venza el periodo de su presidente, a poco de las elecciones norteamericanas de noviembre con una Casa Blanca y un Congreso enfrentados, nadie hará nada en favor del TPC panameño. Y lo que es peor, de mantenerse el Congreso en manos demócratas, como se pronostica y ganar ellos la Casa Blanca, las posibilidades de ratificación de ese TPC son nulas.

Sin el TPC, las preferencias comerciales que facilitan las exportaciones panameñas a Estados Unidos terminan en septiembre. Toca esperar a que el Congreso manifieste voluntad de renovarlas, lo que sin duda nos costará en Washington un ingente esfuerzo cabildero que de otra manera habría sido innecesario.

101 años de Panamá América

 
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