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Un tratado funesto


Primero que nada, es sorprendente la hipocresía y doble moral de los Estados Unidos en tratar de imponer bajo presión este tipo de Tratado, cuando ese país es el refugio principal de capitales privados de ciudadanos del mundo entero que depositan sus fondos en los Estados Unidos justamente porque no se les cobra a los extranjeros impuesto sobre la renta por los intereses que devengan sus depósitos a plazo fijo ni sobre las ganancias de capital por la venta de acciones. Tampoco le suministran información a autoridad extranjera alguna en relación con los depósitos que sus ciudadanos mantienen en los Estados Unidos, escudándose siempre bajo los argumentos de confidencialidad y privacidad, tan arraigado en el derecho anglosajón y que mucho critican a los demás. En efecto, son justamente ellos los que más se aprovechan de estos principios para succionarle al resto del mundo los escasos recursos con que cuentan para su desarrollo.
Hay que tener dignidad y defender nuestro derecho a ofrecer a los extranjeros las mismas ventajas que justamente le ofrecen los Estados Unidos. Panamá sigue siendo un atractivo centro financiero porque contamos con estabilidad, un sistema de tributación territorial, un régimen jurídico flexible, profesionales con experiencia y sofisticación en diferentes ramas, personal secretarial y de soporte entrenado y bilingüe. Si no lo defendemos perderemos nuestras ventajas competitivas y muchos puestos de trabajo. En juego están no sólo los puestos de banqueros, abogados, auditores y corredores de seguros, sino también de secretarias, personal administrativo, mensajeros y aseadores, así como todos los proveedores de bienes y servicios de todos ellos, tanto en sus respectivos negocios como en sus hogares.
Solamente hay que fijarse en el creciente número de sociedades anónimas incorporadas en Delaware, Wyoming, Nevada y otros estados de los Estados Unidos para entender que también pretenden acaparar esta actividad. Igual ocurre con nuestro centro bancario, que en ciertos nichos compite directamente con el de Nueva York, Londres y Suiza. Qué quita que sus críticas a la Zona Libre estén dirigidas a atraer esta actividad hacia Miami.
El Gobierno debe reflexionar a profundidad antes de firmar cualquier Tratado que empeore nuestra ya precaria situación económica, y debe exigirle a Estados Unidos como mínimo, inclusive antes de formalmente iniciar cualquier negociación de intercambio de información fiscal, concesiones extraordinarias que minimicen el funesto impacto que causaría la suscripción del convenio propuesto, tales como la firma de un tratado de libre comercio.

101 años de Panamá América

 
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