Un viejo proyecto para una nueva Asamblea
En realidad, la Asamblea que tomará posesión el primero de septiembre venidero no será tan nueva, ya que un número plural de sus miembros fueron reelectos y por lo tanto formaron parte de la que está por fenecer. Aunque el resultado de la votación y el escrutinio final indica otra cosa, en opinión de muchos, algunos de los antiguos que quedaron no debieron quedar y otros, que intentaron llegar y no llegaron, debieron alcanzar la tan anhelada curul.
Un legislador de la actual Asamblea que ha demostrado gran responsabilidad, preocupación y ecuanimidad en sus intervenciones ha sido el Honorable Víctor Méndez Fábrega y es a su proyecto sobre asistencia de los diputados a las sesiones de la Cámara Legislativa al que se refiere el título de este artículo: "Un Viejo Proyecto para una nueva Asamblea". La razón de ser de este proyecto, que insistentemente ha tratado de pasar el mencionado legislador, se ha debido sin duda, al notorio y cotidiano ausentismo de los legisladores a su principal puesto de trabajo que es la Asamblea, y al pésimo ejemplo que a diario le dan a la ciudadanía trabajadora de este país y a los miles de jóvenes que se forman en las escuelas.
Si los legisladores (no todos) se caracterizan por el ausentismo consuetudinario, ¿qué se puede esperar de los obreros en general, las secretarias, los empleados públicos, los maestros, profesores, estudiantes, en fin, todo aquel que tiene por responsabilidad o deber de asistir a su puesto de trabajo o estudio? Sabido es que en el caso de éstos, si no se cumple con ese simple acto, se le descuenta su salario o recibe alguna sanción que por leve que sea toca directamente en la conciencia.
En el caso de los legisladores, personajes demasiado bien pagados en este país, lo menos que podemos exigirle sus electores (el pueblo) es que por lo menos asistan a su trabajo. Su obligación primaria es la de hacerlo puntualmente a las sesiones de la Asamblea Nacional para discutir y aprobar o no las leyes del país. El trabajo de comisión debe hacerse en otro momento; para ello sobra tiempo fuera de las horas de sesión. Las visitas a sus comunidades y negocios personales, si son tan urgentes que ameritan su inasistencia, entonces que se encarguen los suplentes, que para eso fueron elegidos: para reemplazar al principal durante sus ausencias.
Los legisladores en este país nuestro son en realidad una especie privilegiada. Aparte del salario, que de acuerdo con algunas publicaciones anda cerca de los diez mil balboas mensuales, entre sueldo propiamente dicho, gastos de representación, cuota de gasolina o combustible gratis y otras regalías, tienen derecho a importar autos libres de impuesto, cuentan con partidas circuitales para hacer propaganda política para reelegirse, etc...
Es tiempo ya de que recapaciten y piensen un poco en el pueblo al que tanto apelan cuando se acerca el vencimiento de su mandato, y tomen algunas acciones tendientes a recuperar la confianza, el aprecio y el concepto, bastante deteriorado que sobre la augusta Cámara tiene la ciudadanía. Piensen que un día de ausencia, un día que falten a su trabajo, representa aproximadamente B/.300.00 al fisco nacional que multiplicado por el total de ausencias en cinco años llegaría a una cifra de tal magnitud que podría resolverse el problema de la canasta básica a un sinnúmero de familias pobres. Se trata de "paveadas" demasiado caras que demuestran un alto grado de irresponsabilidad y poca honestidad.
En un tiempo los diputados gozaban únicamente de inmunidad y de una placa oficial para su vehículo personal, y cuando la Asamblea estaba en receso devengaban la mitad del salario. Hoy, como todos sabemos, es muy diferente; gozan de más privilegios que de funciones y se llenarían de gloria ante la nación si en cumplimiento de ese sagrado precepto constitucional que señala que no debe haber fueros ni privilegios entre los ciudadanos de este país, empiezan por desprenderse de algunos que sin justificación ni merecimiento se han arrogado.
Podrían empezar por hacer una revisión de los salarios con miras a reducirlos, y esto se aplica también a todos aquellos altos y no tan altos funcionarios que devengan jugosos salarios desproporcionados al cargo que desempeñan y que no guardan relación con la situación económica que vive el país.
Los "gastos de representación" constituyen otro renglón que merece nuestra atención. En muchos casos los llamados gastos de representación representan en realidad un segundo sueldo. Se trata en efecto, de una forma solapada de evadir el impuesto sobre la renta, el pago de las prestaciones sociales y el seguro educativo.
Las partidas circuitales no son otra cosa que una forma abierta de hacer propaganda política a costa de los recursos del Estado, convirtiéndose los señores legisladores en una especie de Robin Hood, pero al revés; pues el legendario personaje, según cuenta la historia, le quitaba a los ricos para darle a los pobres y éstos (los nuestros) le quitan al Estado para darle a sus amigos y copartidarios políticos. Estas partidas deben quitarse del dominio de los diputados y destinarse a través de los canales apropiados a la realización de obras de beneficio público.
¿Y por qué deben tener el privilegio de comprar autos libres de impuesto y cuota de gasolina o combustible gratis y hasta cupos de taxi, si su trabajo es hacer leyes?; pero para proponer, discutir y aprobar leyes deben estar presente en las sesiones de la Asamblea.
Sería un verdadero gesto de honestidad la adopción de un proyecto que establezca como sanción la deducción de un día de sueldo por cada día que no se concurra a la Asamblea. También se ganarían la admiración y respeto de todos si se eliminan los privilegios de que gozan, conservando el mayor privilegio que ostentan, y parecen desconocerlo, que es el de representar al pueblo.
Un legislador de la actual Asamblea que ha demostrado gran responsabilidad, preocupación y ecuanimidad en sus intervenciones ha sido el Honorable Víctor Méndez Fábrega y es a su proyecto sobre asistencia de los diputados a las sesiones de la Cámara Legislativa al que se refiere el título de este artículo: "Un Viejo Proyecto para una nueva Asamblea". La razón de ser de este proyecto, que insistentemente ha tratado de pasar el mencionado legislador, se ha debido sin duda, al notorio y cotidiano ausentismo de los legisladores a su principal puesto de trabajo que es la Asamblea, y al pésimo ejemplo que a diario le dan a la ciudadanía trabajadora de este país y a los miles de jóvenes que se forman en las escuelas.
Si los legisladores (no todos) se caracterizan por el ausentismo consuetudinario, ¿qué se puede esperar de los obreros en general, las secretarias, los empleados públicos, los maestros, profesores, estudiantes, en fin, todo aquel que tiene por responsabilidad o deber de asistir a su puesto de trabajo o estudio? Sabido es que en el caso de éstos, si no se cumple con ese simple acto, se le descuenta su salario o recibe alguna sanción que por leve que sea toca directamente en la conciencia.
En el caso de los legisladores, personajes demasiado bien pagados en este país, lo menos que podemos exigirle sus electores (el pueblo) es que por lo menos asistan a su trabajo. Su obligación primaria es la de hacerlo puntualmente a las sesiones de la Asamblea Nacional para discutir y aprobar o no las leyes del país. El trabajo de comisión debe hacerse en otro momento; para ello sobra tiempo fuera de las horas de sesión. Las visitas a sus comunidades y negocios personales, si son tan urgentes que ameritan su inasistencia, entonces que se encarguen los suplentes, que para eso fueron elegidos: para reemplazar al principal durante sus ausencias.
Los legisladores en este país nuestro son en realidad una especie privilegiada. Aparte del salario, que de acuerdo con algunas publicaciones anda cerca de los diez mil balboas mensuales, entre sueldo propiamente dicho, gastos de representación, cuota de gasolina o combustible gratis y otras regalías, tienen derecho a importar autos libres de impuesto, cuentan con partidas circuitales para hacer propaganda política para reelegirse, etc...
Es tiempo ya de que recapaciten y piensen un poco en el pueblo al que tanto apelan cuando se acerca el vencimiento de su mandato, y tomen algunas acciones tendientes a recuperar la confianza, el aprecio y el concepto, bastante deteriorado que sobre la augusta Cámara tiene la ciudadanía. Piensen que un día de ausencia, un día que falten a su trabajo, representa aproximadamente B/.300.00 al fisco nacional que multiplicado por el total de ausencias en cinco años llegaría a una cifra de tal magnitud que podría resolverse el problema de la canasta básica a un sinnúmero de familias pobres. Se trata de "paveadas" demasiado caras que demuestran un alto grado de irresponsabilidad y poca honestidad.
En un tiempo los diputados gozaban únicamente de inmunidad y de una placa oficial para su vehículo personal, y cuando la Asamblea estaba en receso devengaban la mitad del salario. Hoy, como todos sabemos, es muy diferente; gozan de más privilegios que de funciones y se llenarían de gloria ante la nación si en cumplimiento de ese sagrado precepto constitucional que señala que no debe haber fueros ni privilegios entre los ciudadanos de este país, empiezan por desprenderse de algunos que sin justificación ni merecimiento se han arrogado.
Podrían empezar por hacer una revisión de los salarios con miras a reducirlos, y esto se aplica también a todos aquellos altos y no tan altos funcionarios que devengan jugosos salarios desproporcionados al cargo que desempeñan y que no guardan relación con la situación económica que vive el país.
Los "gastos de representación" constituyen otro renglón que merece nuestra atención. En muchos casos los llamados gastos de representación representan en realidad un segundo sueldo. Se trata en efecto, de una forma solapada de evadir el impuesto sobre la renta, el pago de las prestaciones sociales y el seguro educativo.
Las partidas circuitales no son otra cosa que una forma abierta de hacer propaganda política a costa de los recursos del Estado, convirtiéndose los señores legisladores en una especie de Robin Hood, pero al revés; pues el legendario personaje, según cuenta la historia, le quitaba a los ricos para darle a los pobres y éstos (los nuestros) le quitan al Estado para darle a sus amigos y copartidarios políticos. Estas partidas deben quitarse del dominio de los diputados y destinarse a través de los canales apropiados a la realización de obras de beneficio público.
¿Y por qué deben tener el privilegio de comprar autos libres de impuesto y cuota de gasolina o combustible gratis y hasta cupos de taxi, si su trabajo es hacer leyes?; pero para proponer, discutir y aprobar leyes deben estar presente en las sesiones de la Asamblea.
Sería un verdadero gesto de honestidad la adopción de un proyecto que establezca como sanción la deducción de un día de sueldo por cada día que no se concurra a la Asamblea. También se ganarían la admiración y respeto de todos si se eliminan los privilegios de que gozan, conservando el mayor privilegio que ostentan, y parecen desconocerlo, que es el de representar al pueblo.