default

Una alternativa contradictoria


QUIEN no conoce las características distintivas de nuestro Canal, puede sorprenderse de que para comunicar a dos mares entre sí se requiera de agua dulce. Ahora bien, un esclusaje no debe confundirse con un tránsito, ya que un tránsito es el proceso mediante el cual un barco pasa de un punto a otro, que puede ser de un océano a otro, mientras que un esclusaje es la cantidad de agua que se necesita para llenar y luego vaciar una esclusa de manera que se realice el tránsito. Cada uno de los esclusajes del Canal representa el uso de 55, 000, 000 de galones de agua dulce que terminan por desembocar en el mar y no pueden volver a utilizarse de la misma manera. Pero cada uno de estos esclusajes no tienen necesariamente que involucrar un solo barco, pues según el tamaño del barco y de la esclusa puede darse el tránsito de más de un barco gracias a un esclusaje.
La experiencia del efecto negativo del fenómeno de El Niño de 1997-98, que hizo descender el nivel del agua en el Lago Gatún a su nivel más bajo en toda su historia, hizo caer en cuenta del peligro para el Canal y sobre todo para un futuro Canal ampliado, de depender únicamente del agua del lado oriental de la cuenca del Canal.
Manteniendo un horizonte de 25 años, un aumento en tránsitos de más barcos panamax y el comienzo del tránsito de barcos pospanamax, hasta llegar a unos diez esclusajes más por día, requiriría un total por día de 550, 000, 000 de galones adicionales de agua dulce. Hay que añadir el agua que consume la población del área metropolitana, que ahora es el equivalente a 4.5 esclusajes diarios y que entre 2025 a 2050 podría representar el doble de esta cantidad, pasando del consumo actual a unos 9 esclusajes por día, o sea 247, 000, 000 de galones más. Esta cantidad adicional apreciable de agua dulce, es decir, casi 800, 000, 000 de galones más por día, parecía poder obtenerse a un costo razonable, que no afectara la competitividad económica de cara a las otras vías alternas de tránsito. Pero esto sería así si se recurriera a los recursos hídricos de la parte occidental de la Cuenca del Canal, por medio de una o varias represas en los ríos Indio, Toabré y Coclé del Norte. Surgió entonces un conflicto entre la ACP y un grupo no muy grande de campesinos, organizados con el nombre de "La Coordinadora Campesina contra los Embalses por la Vida y la Tierra", cuyo lema ha sido el que se dice fue el lema de Victoriano Lorenzo: "La pelea es peleando".
A la ACP. le corresponde por mandato constitucional: "La responsabilidad por la administración, mantenimiento, uso y conservación de los recursos hídricos de la cuenca hidrográfica del Canal de Panamá, constituidos por el agua de los lagos y sus corrientes tributarias, en coordinación con los organismos estatales que la Ley determine. Los planes de construcción, uso de las aguas, utilización, expansión, desarrollo de los puertos y de cualquiera otra obra o construcción en las riberas del Canal de Panamá requerirán la aprobación previa de la ACP" (Art. 316). Además, la Junta Directiva de la ACP tendrá las siguientes facultades: 4. Proponer los límites de la cuenca hidrográfica del Canal para la aprobación del Consejo de Gabinete y la Asamblea Nacional. (Art. 319, No.5)
La ley orgánica de la ACP desarrolla la supervisión que debe ejercer la ACP sobre todo recurso hídrico en la cuenca.
Hay que tener presente la condición ambiental en la que dicha Cuenca se ha encontrado en los últimos años de acuerdo con el criterio científico del investigador ecológico-social Stanley Heckadon Moreno:
"Así mismo, en los últimos 40 años se ha destacado en la Cuenca un crecimiento económico descontrolado, destructivo de los recursos naturales. Como resultado, este frágil ecosistema está hoy en crisis y amenaza morir por sedimentación de los lagos y la contaminación de sus aguas. La ciudadanía debe estar consciente de lo avanzado del mal y el peligro que representa para el país. A mayor acumulación de lodo en el fondo de los lagos Gatún y Alhajuela, menor la capacidad de almacenamiento de agua disponible para el funcionamiento del Canal. Por su parte la contaminación de las aguas amenaza la salud de toda la población metropolitana".("La Importancia de la Cuenca del Río Chagres sobre el Canal", por Stanley Heckadon Moreno, en La Cuenca del Canal de Panamá, Panamá 1986, p. 11).
Es verdad que el comentario de Heckadon se aplica más directamente al lado oriental de la Cuenca del Canal que es el lado del cual desde el inicio se ha tomado el agua para los esclusajes de barcos. Sin embargo, su comentario tiene una aplicación aunque menos directa al lado occidental. Y la suerte ecológica y ambiental del lado oriental pueden volver a darse del lado occidental con gran detrimento para la viabilidad continuada del Canal.
La otra parte en el conflicto ha sido la Coordinadora Campesina contra los Embalses por la Vida y la Tierra, que se ha opuesto radicalmente a todo embalse que se hubiera querido construir para satisfacer el agua adicional que se creía sólo poder obtener de los recursos hídricos de la parte oriental de la Cuenca del Canal. Se pensaba que de los aproximadamente 30, 000 habitantes de esta área, era necesario trasladar a otra área unas 5, 000 personas. Los miembros de la Coordinadora se han opuesto drásticamente a todo traslado, incluso si se les compensaban por sus tierras, siembras y otros haberes que fueran afectados, y aún, si se les prometían los servicios públicos que requiere el desarrollo humano en un ambiente rural. Su oposición ha resultado paradoxalmente positiva para el país, pues estimuló a la ACP a buscar nuevas fórmulas para obtener el agua adicional sin recurrir por ahora a nuevos embalses.
Me acuerdo de haber oído en un programa de Radio Caracol, a uno de los consejeros de la organización campesina, afirmar con voz jubilosa que en ese día se celebraba en todo el mundo "el día mundial contra los embalses". Al oír semejante disparate, me pregunté: ¿por qué no el día contra las carreteras, los puentes, los teléfonos?, etc., es decir contra todos los instrumentos de la modernidad considerados como malos por sí mismos y no, según el uso que se les dé, beneficioso o perjudiciales.
En su discurso del 24 de abril el Presidente, "Al inicio del período de divulgación del proyecto de ampliación del Canal de Panamá", afirmó que, "Sin suspender los programas de desarrollo que allí se llevan a cabo, enviaré a la Asamblea Nacional un proyecto de Ley que derogue la Ley 44", de agosto de 1999. Al hacer este anuncio, el Presidente demostró su profunda simpatía por los pobres y marginados. Pero no puede dejar la delimitación de la cuenca hidrográfica en el aire ni puede la junta directiva de la ACP evitar cumplir con su deber constitucional antes mencionado.
Debe quedar claro que el artículo 48 de nuestra Constitución establece: "Que por motivos de utilidad pública ó de interés social definidos en la Ley, puede haber expropiación mediante juicio e indemnización". Si para cumplir sus deberes con respecto al Canal como "un patrimonio inalienable de la nación panameña" el Estado tuviera que expropiar cualquiera propiedad privada tiene la potestad constitucional para hacerlo siempre y cuando siga las normas legales establecidas.
Si Panamá cometiera el grave error de anunciar que no procederá a la ampliación del Canal con un tercer juego de esclusas, lo que sería contradictorio con sus intereses básicos, perdería inmediatamente importancia como ruta de tránsito marítimo y, en consecuencia, se reduciría el ritmo de actividad económica y perderíamos lo que ha sido el gran atractivo que nos diferencia de otros que compiten con nosotros como centro latinoamericano de toda suerte de actividades económicas, sociales y culturales. No podríamos aspirar a convertirnos en la Bruselas de América Latina. ariyan@sinfo.net
En Panamá hay aproximadamente 5 mil enfermeras y enfermeros a nivel privado y público, de las cuales un 10% es hombre.
Recientemente se graduaron 130 profesionales y en la Facultad de Enfermería de la Universidad de Panamá hay cerca de 1, 200 en todos los niveles académicos.
Estos casi 5 mil enfermeros y enfermeras deben atender a más de 3.2 millones de panameños que acuden a los 20 hospitales gubernamentales que hay en el país, de los que 14 son regionales, dos grandes en Panamá Metro y cuatro que funcionan a través de patronatos, como el Hospital Santo Tomás, Hospital del Niño, Instituto Oncológico y el José De Obaldía de Chiriquí. El mismo número le toca igualmente encargarse de las clínicas y hospitales privados, los 14 centros regionales de salud, los tres policentros metropolitanos y de Chepo.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América