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Una cerca para el pueblo


Es un insulto a la masa electoral panameña que los diputados hayan prohibido el acceso al hemiciclo legislativo a grupos organizados de la sociedad civil o a cualquier particular panameño de la República de Panamá en la discusión de la llamada “Ley Langosta”.

Es una injuria a la dignidad de los panameños el actuar de los diputados, al no reconocer participación a los votantes que los eligieron para que los representaran, esos a quienes buscaron quizás hasta la comodidad de sus hogares para pedirles un voto de confianza, o quizás a quienes les prometieron alma, vida y corazón con tal de adquirir la curul que hoy ostentan y que utilizan como cerco para impedir que los verdaderos dueños de esas curules, el pueblo, presencie, informe y emita su opinión.

Es que ¿acaso la opinión del elector ya no cuenta? Una vez emita su voto, hasta entonces el más importante actor de los procesos electorales, se convierte en completo anónimo, sujeto irreconocible, presencia incómoda, opinión molestosa, para quienes ahora gozan de réditos, canonjías, privilegios y poder a costa y por gracia del voto popular.

Una caterva de mal agradecidos, estafadores de la confianza electoral, usureros de la voluntad popular, que humillan con sus acciones a quienes les dan de comer. Porque lo que ellos ganan lo pagan miles de panameños trabajadores responsables con sus impuestos, mientras ellos, se ríen, celebran, chistean, de lo imposible que le es al panameño común llegar hasta donde ellos se sientan porque ellos mismos se lo impiden; a fin de no escuchar la incomodidad de las verdades que surgen de las necesidades y preocupaciones apremiantes que pesan en la vida cotidiana del panameño y que afectan los intereses del país; pero como no es su bolsillo ni su nueva calidad de vida la disminuida “qué importa el elector si ya soy diputado” dicen con sus acciones.

*Frente de Juventud Profesional PRD.

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