Una ciudad ahogada en smock
El problema alcanzó tal magnitud que los especialistas piden que sea tratado como un problema de Estado.
Ciudad de Panamá. Fin de semana de quincena y decimotercero, 5:30 de la tarde, Calle 50 a la altura del famoso edificio inteligente, traducción: caos total. Un viaje a las afueras de la ciudad tomará, con mucha fe, poco más de dos horas. ¿Cuál es entonces el panorama de la urbe en 20 años al mismo ritmo?...
Aterrador. Para el 2002, hace dos años, los cálculos conservadores de vehículos transitando diariamente en la ciudad era de unos 300 mil concentrados en cuatro importantes avenidas.
Sucede que los imponentes edificios y la singularidad de su arquitectura crean la imagen de una gran metrópoli, en teoría. La realidad práctica es que los panameños disponen únicamente de Avenida Balboa, Vía España, Calle 50, la avenida Transístmica (o BoydRoosevelt) y la Avenida Ricardo J. Alfaro o Tumba muerto, lo que ha sido así desde la década del 70.
¿Cómo puede explicarse semejante situación?. Los entendidos en la materia la sintetizan en simplemente falta de planificación urbanística, al punto que muchos de ellos piden que el tema sea tratado como problema de Estado.
Para Abdiel Cano, presidente de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), el principal factor de esta desorganización es el incumplimiento de los planos normativos.
Se han hecho diferentes estudios sobre el desarrollo urbano y las autoridades que llegan a las diferentes entidades se olvidan de estos planes y actúan como si estos no existieran.
En 1996 y 1997, la empresa Dames and Moore diseñó el Plan Metroplitano, con el objetivo de desarrollar urbanísticamente la ciudad de Panamá.
Este programa está proyectado para completarse en un plazo de 25 años (1995-2020) por un total de 9.077.2 millones de dólares en infraestructuras.
Sin embargo, ha sido más papel que ejecución, lo que ha traído consecuencias negativas como lo son el congestionamiento vehicular y la ausencia de servicios básicos.
Otro de los inconvenientes citados por Cano es el crecimiento desordenado en áreas residenciales, donde se dan cambios de zonificación sin consultar a la propia comunidad, siguiendo intereses de los que están en el poder.
Y como era de esperarse, la política está por todas partes. Así lo interpreta Cano, pues asegura que lo que ocurre es que el desarrollo urbano no genera votos políticos.
Al respecto, Víctor Mizrachi, director de desarrollo urbano del Ministerio de Vivienda, es consciente de que al momento de hablar de planificación urbana las miradas se voltean hacia la institución.
Son varios los ministerios e instituciones que tienen que ver con el desarrollo urbano de la capital, sin embargo, el MIVI recibe todas las críticas. Precisamente la mayor dificultad para desarrollar el plan metropolitano es la falta de presupuesto, manifestó.
Y la crisis, si se quiere llamar de alguna forma, ya tocó también los servicios básicos.
El presidente del Colegio de Arquitectos, Francisco Miguez, citó el caso de barriadas donde al no haberse planeado una metodología de desarrollo de red vial, con acueductos, electricidad y agua al mismo ritmo que se está desarrollando las urbanizaciones, no cuentan con los servicios necesarios.
A su juicio, el MIVI intenta hacer un plan moderador, pero carece de los recursos, apoyo y la voluntad política para ponerlo en práctica. No hay coherencia ni coordinación entre las instituciones.
Las palabras del arquitecto Miguez se sustentan en cifras del último censo realizado en el año 2000 por la Contraloría General de la República, el cual señala que de 187 mil 729 personas registradas, 2 mil 558 no tienen agua potable, mientras que 4 mil 343 no tienen suministro de energía eléctrica. Un total de 72 mil 325 personas no cuentan con teléfono.
Pero para el ingeniero Cano, por lo menos en lo que respecta al vital líquido, una de las deficiencias en el abastecimiento es el excesivo consumo, lo que es agravado por el desperdicio.
Hay que castigar el excesivo consumo de agua. Con esto no queremos decir que se aumente la tarifa sino que se castigue el derroche, señaló.
Mizrachi, en tanto, opina que la urbe capitalina ha tenido un crecimiento alarmante y lo preocupante es que no se ha desarrollado al mismo nivel.
A pesar de que existen límites para la expansión de la ciudad, los inversionistas buscan los terrenos más baratos, ocasionando problemas en el transporte, abastecimiento de agua, entre otros.
A ello se añade, que las personas, por obtener una vivienda más barata se mudan hacia esos lugares. La legislación panameña no puede prohibir a un urbanista desarrollar una barriada, sólo puede recomendar, aclaró.
Cano, considera como una opción, que el desarrollo de la ciudad capital se extienda a las áreas revertidas, siempre y cuando se preserven los parques naturales, la Cuenca Hidrográfica del Canal, además de los lagos que abastecen del vital líquido a la ciudad.
Ciudad de Panamá. Fin de semana de quincena y decimotercero, 5:30 de la tarde, Calle 50 a la altura del famoso edificio inteligente, traducción: caos total. Un viaje a las afueras de la ciudad tomará, con mucha fe, poco más de dos horas. ¿Cuál es entonces el panorama de la urbe en 20 años al mismo ritmo?...
Aterrador. Para el 2002, hace dos años, los cálculos conservadores de vehículos transitando diariamente en la ciudad era de unos 300 mil concentrados en cuatro importantes avenidas.
Sucede que los imponentes edificios y la singularidad de su arquitectura crean la imagen de una gran metrópoli, en teoría. La realidad práctica es que los panameños disponen únicamente de Avenida Balboa, Vía España, Calle 50, la avenida Transístmica (o BoydRoosevelt) y la Avenida Ricardo J. Alfaro o Tumba muerto, lo que ha sido así desde la década del 70.
¿Cómo puede explicarse semejante situación?. Los entendidos en la materia la sintetizan en simplemente falta de planificación urbanística, al punto que muchos de ellos piden que el tema sea tratado como problema de Estado.
Para Abdiel Cano, presidente de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), el principal factor de esta desorganización es el incumplimiento de los planos normativos.
Se han hecho diferentes estudios sobre el desarrollo urbano y las autoridades que llegan a las diferentes entidades se olvidan de estos planes y actúan como si estos no existieran.
En 1996 y 1997, la empresa Dames and Moore diseñó el Plan Metroplitano, con el objetivo de desarrollar urbanísticamente la ciudad de Panamá.
Este programa está proyectado para completarse en un plazo de 25 años (1995-2020) por un total de 9.077.2 millones de dólares en infraestructuras.
Sin embargo, ha sido más papel que ejecución, lo que ha traído consecuencias negativas como lo son el congestionamiento vehicular y la ausencia de servicios básicos.
Otro de los inconvenientes citados por Cano es el crecimiento desordenado en áreas residenciales, donde se dan cambios de zonificación sin consultar a la propia comunidad, siguiendo intereses de los que están en el poder.
Y como era de esperarse, la política está por todas partes. Así lo interpreta Cano, pues asegura que lo que ocurre es que el desarrollo urbano no genera votos políticos.
Al respecto, Víctor Mizrachi, director de desarrollo urbano del Ministerio de Vivienda, es consciente de que al momento de hablar de planificación urbana las miradas se voltean hacia la institución.
Son varios los ministerios e instituciones que tienen que ver con el desarrollo urbano de la capital, sin embargo, el MIVI recibe todas las críticas. Precisamente la mayor dificultad para desarrollar el plan metropolitano es la falta de presupuesto, manifestó.
Y la crisis, si se quiere llamar de alguna forma, ya tocó también los servicios básicos.
El presidente del Colegio de Arquitectos, Francisco Miguez, citó el caso de barriadas donde al no haberse planeado una metodología de desarrollo de red vial, con acueductos, electricidad y agua al mismo ritmo que se está desarrollando las urbanizaciones, no cuentan con los servicios necesarios.
A su juicio, el MIVI intenta hacer un plan moderador, pero carece de los recursos, apoyo y la voluntad política para ponerlo en práctica. No hay coherencia ni coordinación entre las instituciones.
Las palabras del arquitecto Miguez se sustentan en cifras del último censo realizado en el año 2000 por la Contraloría General de la República, el cual señala que de 187 mil 729 personas registradas, 2 mil 558 no tienen agua potable, mientras que 4 mil 343 no tienen suministro de energía eléctrica. Un total de 72 mil 325 personas no cuentan con teléfono.
Pero para el ingeniero Cano, por lo menos en lo que respecta al vital líquido, una de las deficiencias en el abastecimiento es el excesivo consumo, lo que es agravado por el desperdicio.
Hay que castigar el excesivo consumo de agua. Con esto no queremos decir que se aumente la tarifa sino que se castigue el derroche, señaló.
Mizrachi, en tanto, opina que la urbe capitalina ha tenido un crecimiento alarmante y lo preocupante es que no se ha desarrollado al mismo nivel.
A pesar de que existen límites para la expansión de la ciudad, los inversionistas buscan los terrenos más baratos, ocasionando problemas en el transporte, abastecimiento de agua, entre otros.
A ello se añade, que las personas, por obtener una vivienda más barata se mudan hacia esos lugares. La legislación panameña no puede prohibir a un urbanista desarrollar una barriada, sólo puede recomendar, aclaró.
Cano, considera como una opción, que el desarrollo de la ciudad capital se extienda a las áreas revertidas, siempre y cuando se preserven los parques naturales, la Cuenca Hidrográfica del Canal, además de los lagos que abastecen del vital líquido a la ciudad.