Una ciudad anárquica
Nuestra urbe capitalina es una ciudad donde impera la anarquía. No hay reglamentación, ni orden que pueda imponerse. Cada cual hace lo que quiere y le conviene, con exclusión total del interés colectivo y de cualquier disposición que pueda afectarlo.
En el urbanismo existe un desconocimiento de cualquier reglamentación que existe sobre la materia. Cada cual construye donde bien le plazca, violando o no la ley; eso poco le importa. Las zonificaciones no se respetan, al igual que las líneas de construcción. Parecía que desde hace muchos años el Ministerio de Vivienda y la Ingeniería Municipal no existen o al menos no se dejan sentir. Ellos son los principales responsables del desorden que hoy se observa en nuestra ciudad principalmente en Punta Paitilla y San Francisco.
Sobre el tránsito ni hablar. Si no hay la menor duda que se han hecho avances muy positivos en su ordenamiento todavía hay un gran desorden sobre todo en el transporte colectivo. Ellos se detienen donde hay un pasajero sin importarle si a pocos metros existe un área designada para recoger y dejar pasajeros interrumpiendo así el libre tránsito. Los autos particulares se estacionan donde a bien lo tengan sin importarles si en las aceras existen las líneas amarillas que prohíben el hacerlo; obstaculizan con ello la fluidez de los vehículos en nuestras calles y avenidas.
Hemos señalado el gran peligro, además del aspecto horrible, que causan las líneas de cables que cada empresa ha dispuesto colgarlos. Es un tendido eléctrico que cada día tiende a agravarse más sin que ninguna autoridad los obligue, como debe ser a ponerlos bajo tierra, al igual que en cualquier ciudad que aspira a darle a los locales y turistas un aspecto de belleza.
No hablo de las fuentes de agua porque ellas pareciera que no existen y las poquísimas que hay son descuidadas y abandonadas a su triste suerte.
La basura además de darle un mal aspecto de gran ciudad a la capital tiene, el no recogerla, un peligro sanitario de vastas proporciones. No hay barriada en Panamá que esté exenta de ese peligro que tiende a agravarse sin que los responsables tomen las medidas necesarias. Parece que no hay autoridad que ponga orden ante tanta anarquía.