Una ciudad embotellada
Dentro de muy pocos días un nuevo gobierno asumirá sus funciones por un período de cinco años. Sólo el paso del tiempo dictaminará si lo que arranca el 1 de julio es un proceso histórico que marcará una reforma real en muchos ámbitos institucionales, especialmente los urgentes cambios municipales que demanda la ciudad de Panamá, o si las nueva autoridades del país dejarán irresueltas las promesas que hicieron para mejorar la calidad de vida de la población que “mal vive” en la capital del país.
La ciudad de Panamá registra la tasa de crecimiento urbano más alta de la región centroamericana (55%), además está severamente afectada por el crecimiento de la población inmigrante del campo a la ciudad que presiona -a una escala sin precedentes- la precaria capacidad de los servicios disponibles debido al uso informal de suelos urbanos. Estos indicadores, tal como han señalado los especialistas, colocan el problema de ordenamiento territorial en una clara prioridad programática que debe ser atendida por el nuevo gobierno. La ciudad está absolutamente embotellada, no importa si vives en San Miguelito o Punta Pacífica, y por momentos, incluso, pareciera que fuera a paralizarse.
Por otro lado, los costos económicos de seguir viviendo en semejante caos son elevadísimos e impagables para los restringidos presupuestos locales. El gobierno entrante deberá considerar que el fortalecimiento y la descentralización de los municipios, constituye una medida que no puede ser retrasada. Este será un gran desafío del presidente Ricardo Martinelli para contribuir y poner en marcha la implementación de reformas que realmente tengan impacto a corto o mediano plazo para mejorar la vida cotidiana de los asfixiados capitalinos.