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Una ciudad más humana


Nuestra ciudad capital ha venido de menos a más. Hay una especie de orgullo imperceptible que transcurre entre panameños, al comprobar los progresos y la cada vez más hermosa estética de la ciudad. Pero algunas cosas parecen deshumanizarla. Los pasos elevados por ejemplo.
¿Pasos peatonales para quién? Dada las estructuras de dichos pasos, uno tiende a pensar que han sido construidos con exclusividad para la gente sana, joven, fuerte. Es imposible considerar que por allí puedan pasar los ancianos, los discapacitados, o personas en otras situaciones de salud, que no sean las que tengan las características arriba anotadas.
Lo mismo sucede con las aceras. Pareciera que la ciudad ha sido concebida única y exclusivamente para el tránsito vehicular, y la ciudadanía debe andar por ella, considerando el paso prioritario de carros, buses y equipo pesado. El panameño parece no poder disfrutar su ciudad, como no sea en aquellos locales comerciales concebidos para que los clientes hagan sus compras con la mayor de las comodidades.
Una ciudad más humana, donde se respeten las aceras, el paseo de sus habitantes y pasos peatonales con rampas por donde puedan subir seguros, los ancianos, los discapacitados, los enfermos y los niños. Para eso hay que trabajar, y aquellos pasos que ya han sido construidos deben ser adaptados a estos nuevos requerimientos. En ocasiones lo empinado de sus accesos actúa como dispositivo de la desilusión, y los peatones, viejos, niños o enfermos se lanzan por debajo, al riesgo de las calles. En caso de ser atropellados, de seguro no se les reconocerá ningún derecho. Las autoridades deben reflexionar al respecto.

101 años de Panamá América

 
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