Una Comisión por la verdad
"El agua, en un vaso, está llena de destellos. El agua del mar es obscura. La pequeña verdad tiene palabras claras, la gran verdad tiene un gran silencio". Rabindranath Tagore. Ha transcurrido muchos años de oscuridad y de silencio desde que, durante la mafiosa dictadura militar, ocurrieron las desapariciones y los asesinatos que hasta ahora, han sido sumidos en el más vergonzoso silencio y gozado de la mayor impunidad.
Ahora que en el Cuartel de los Pumas en Tocumen se han reiniciado las excavaciones, con el propósito de realizar exhumaciones, identificar a las víctimas y así descubrir "la gran verdad" que, hasta ahora, ha padecido el "gran silencio", no podemos menos que manifestar nuestra gran satisfacción por esa sabia y justa decisión.
Desde el 13 de agosto de 1990, cuando la "Comisión de Reconciliación Nacional" presidida por Monseñor Marcos Gregorio McGrath (+) Arzobispo Metropolitano de Panamá le entregó, al entonces Presidente de la República, licenciado Guillermo Endara Gallimany, su informe final, todos los panameños de buena voluntad nos comprometimos, moral y éticamente, a tratar de hace cumplir las veintidós recomendaciones que nos hicieron los trece integrantes de la precitada Comisión.
Pocas, de tales recomendaciones, se han intentado cumplir. Otras, han sido olímpicamente ignoradas o diluidas. "El pueblo quiere Justicia, que la Justicia se aplique con rigurosa eficiencia; una recta, expedita y confiable Justicia", reza parte del mencionado documento, en la sección de "Señalamiento del Problema y Consecuencias". A ello, el Arzobispo de Panamá añadía: "Somos plenamente conscientes que, la compleja realidad de la problemática de Panamá hoy, requeriría más investigación... como también algún organismo o algunos mecanismos, que sirvan para promover la adecuada justicia y la efectiva reconciliación".
Como contraste a ello, todos recordamos los repetidos intentos que, en el pasado reciente, algunas personas han hecho con el fin de lograr indultos y amnistías para los sospechosos, los acusados y los procesados de cometer delitos y crímenes de lesa humanidad. Lo grave del asunto, es que la impunidad pretende abarcar hasta a aquellas personas que nunca han confesado sus delitos y mucho menos, mostrado arrepentimientos o pedido perdón por sus crímenes.
El 16 de diciembre de este año, en un nuevo intento por legalizar la precitada impunidad, amanecimos con la noticia publicada en diferentes medios de comunicación social, que da cuenta de que la Asamblea Legislativa había aprobado una Ley que modifica los artículos 85 y 86 del Código Penal, la cual establece la obligatoriedad del "rgano Ejecutivo de otorgar libertad condicional a los detenidos (no importa si cometieron delitos políticos, comunes, o los llamados comunes-conexos) que ya hubieran cumplido con dos tercios de su pena. Sin embargo vemos, con suma preocupación, que aún no se ha investigado plenamente todo lo concerniente con "el descubrimiento de lo que parece ser una fosa común, con cadáveres de adversarios a la dictadura militar", tal como lo señaló, el Centro de Investigación de los Derechos Humanos y Socorro Jurídico de Panamá, mediante nota que el 8 de septiembre del año en curso se le entregó a doña Mireya Moscoso.
Es por ello por lo que, a la vez que reiteramos nuestro apoyo a todos los esfuerzos que, tanto la señora Presidenta de la República como todos los otros grupos y personas, están realizando para exhumar a las víctimas humanas, enterradas en el cementerio clandestino del Cuartel de los Pumas, exhortamos a la primera a que, con la autoridad que le confirió el pueblo panameño, cree una Comisión por la Verdad que le dé seguimiento, no sólo a lo propuesto hace diez (10) años por la Comisión de Reconciliación Nacional sino a que averigüe la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, para que precedidos de confesión, arrepentimiento, propósito de enmienda y ejercicio pleno de la Justicia, puedan ser, posteriormente, considerados para que se les pueda otorgar perdón, pero sin olvido.
Deseo finalizar este artículo, citando parte de las palabras incluidas en el Prólogo del Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas que en septiembre de 1984 rindió el histórico informe "Nunca más":
"Y nos acusan de no propiciar la reconciliación nacional, de activar odios y resentimientos, de impedir el olvido. Pero no es así: no estamos movidos por el resentimiento ni por el espíritu de venganza; sólo pedimos la verdad y la justicia, tal como en otra parte las han pedido las iglesias de distintas confesiones, entendiendo que no podrá haber reconciliación sino después del arrepentimiento de los culpables y de una justicia que se fundamente en la verdad". rperez@sinfo.net
Ahora que en el Cuartel de los Pumas en Tocumen se han reiniciado las excavaciones, con el propósito de realizar exhumaciones, identificar a las víctimas y así descubrir "la gran verdad" que, hasta ahora, ha padecido el "gran silencio", no podemos menos que manifestar nuestra gran satisfacción por esa sabia y justa decisión.
Desde el 13 de agosto de 1990, cuando la "Comisión de Reconciliación Nacional" presidida por Monseñor Marcos Gregorio McGrath (+) Arzobispo Metropolitano de Panamá le entregó, al entonces Presidente de la República, licenciado Guillermo Endara Gallimany, su informe final, todos los panameños de buena voluntad nos comprometimos, moral y éticamente, a tratar de hace cumplir las veintidós recomendaciones que nos hicieron los trece integrantes de la precitada Comisión.
Pocas, de tales recomendaciones, se han intentado cumplir. Otras, han sido olímpicamente ignoradas o diluidas. "El pueblo quiere Justicia, que la Justicia se aplique con rigurosa eficiencia; una recta, expedita y confiable Justicia", reza parte del mencionado documento, en la sección de "Señalamiento del Problema y Consecuencias". A ello, el Arzobispo de Panamá añadía: "Somos plenamente conscientes que, la compleja realidad de la problemática de Panamá hoy, requeriría más investigación... como también algún organismo o algunos mecanismos, que sirvan para promover la adecuada justicia y la efectiva reconciliación".
Como contraste a ello, todos recordamos los repetidos intentos que, en el pasado reciente, algunas personas han hecho con el fin de lograr indultos y amnistías para los sospechosos, los acusados y los procesados de cometer delitos y crímenes de lesa humanidad. Lo grave del asunto, es que la impunidad pretende abarcar hasta a aquellas personas que nunca han confesado sus delitos y mucho menos, mostrado arrepentimientos o pedido perdón por sus crímenes.
El 16 de diciembre de este año, en un nuevo intento por legalizar la precitada impunidad, amanecimos con la noticia publicada en diferentes medios de comunicación social, que da cuenta de que la Asamblea Legislativa había aprobado una Ley que modifica los artículos 85 y 86 del Código Penal, la cual establece la obligatoriedad del "rgano Ejecutivo de otorgar libertad condicional a los detenidos (no importa si cometieron delitos políticos, comunes, o los llamados comunes-conexos) que ya hubieran cumplido con dos tercios de su pena. Sin embargo vemos, con suma preocupación, que aún no se ha investigado plenamente todo lo concerniente con "el descubrimiento de lo que parece ser una fosa común, con cadáveres de adversarios a la dictadura militar", tal como lo señaló, el Centro de Investigación de los Derechos Humanos y Socorro Jurídico de Panamá, mediante nota que el 8 de septiembre del año en curso se le entregó a doña Mireya Moscoso.
Es por ello por lo que, a la vez que reiteramos nuestro apoyo a todos los esfuerzos que, tanto la señora Presidenta de la República como todos los otros grupos y personas, están realizando para exhumar a las víctimas humanas, enterradas en el cementerio clandestino del Cuartel de los Pumas, exhortamos a la primera a que, con la autoridad que le confirió el pueblo panameño, cree una Comisión por la Verdad que le dé seguimiento, no sólo a lo propuesto hace diez (10) años por la Comisión de Reconciliación Nacional sino a que averigüe la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, para que precedidos de confesión, arrepentimiento, propósito de enmienda y ejercicio pleno de la Justicia, puedan ser, posteriormente, considerados para que se les pueda otorgar perdón, pero sin olvido.
Deseo finalizar este artículo, citando parte de las palabras incluidas en el Prólogo del Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas que en septiembre de 1984 rindió el histórico informe "Nunca más":
"Y nos acusan de no propiciar la reconciliación nacional, de activar odios y resentimientos, de impedir el olvido. Pero no es así: no estamos movidos por el resentimiento ni por el espíritu de venganza; sólo pedimos la verdad y la justicia, tal como en otra parte las han pedido las iglesias de distintas confesiones, entendiendo que no podrá haber reconciliación sino después del arrepentimiento de los culpables y de una justicia que se fundamente en la verdad". rperez@sinfo.net