Una corte sin autoridad moral
La justicia no puede ser objeto de una definición conclusiva, pero si tuviésemos que elucubrar un concepto recordaríamos las palabras del maestro Jesús: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es Dios" deduciéndose, lógicamente, que lo justo es dar a cada cual lo que le pertenece. Pero es en esa misma medida conceptual que encontramos la antítesis a lo justo, pues la justicia como valor al que se aspira, puede deformarse cuando el sujeto quien la imparte carece de autoridad para aplicarla.
La dialéctica histórica de la justicia se centra entre lo justo y lo injusto; sin embargo esto, a su vez, inclina al razonamiento de qué se entiende como autoridad para decidir entre ambos lados. Formalmente, es autoridad quien la ley le da esa facultad; socialmente, es quien logra a través de sus habilidades y virtudes obtener un reconocimiento de la sociedad.
Quiere decir que existen diversos tipos de autoridad, pero a fin de cuentas, ¿cuál ha de ser la necesaria para que las decisiones, resoluciones, mandatos, ordenanzas, puedan ser reconocidas y cumplidas por el común de una colectividad organizada?
La autoridad que deviene de la ley otorga un reconocimiento formal, la autoridad moral sustenta la facultad otorgada por la norma. La una sin la otra le resta valor a las decisiones que tome quien ostenta la autoridad. Legalmente es reconocido el acto, socialmente es ignorado. Quizás ése sea el problema de fondo que enfrenta la Corte Suprema de Justicia; sus actuales magistrados poseen quizás los reconocimientos que el derecho objetivo patrio exige para revestirlos del cargo, pero carecen, producto de sus presuntas conductas, de esa autoridad moral esencial para ser respetados y ejemplarizados.
No nos sorprenden las declaraciones del magistrado Adán Arjona, a quien respetamos por su profesionalismo, dado que sólo reitera una percepción pública frente a la administración de justicia a la cual pertenece. Que los magistrados se reúnen en contubernio para favorecer en sus decisiones a una parte en el proceso mediatizados por prebendas pecuniarias, que para proteger su status quo terminan por interpretar la literalidad de los delitos cuando lo cometen funcionarios de alta jerarquía, que ostentan amplias excepciones tributarias y fiscales, que son súbditos de cada Ejecutivo en el poder, son especulaciones.
Cómo puede el pueblo confiar en una correcta administración de justicia si sus propios administradores se acusan mutuamente de haber incurrido en actos que desacreditan la autoridad formal que ostentan.
No me gusta ser fatalista, pero quizás como lo dice un sector de la sociedad, se hace necesario un "borrón y Corte nueva".
En el momento en que se saludaron, notamos el gran afecto que se tienen el uno con el otro.
"Esta es mi mamá. Cuando obtenga el diploma se lo voy a entregar", indicó Domingo.
Continuó la conversación. Seguimos preguntando sobre la variedad de colores que tiene para lustrar los zapatos de sus clientes.
Tenemos todos los colores que hay en el mercado. El marrón, azul, rojo, amarillo, cordobán y otros, dijo.
P.A. ¿Cómo se inició el negocio?
A.N. El negocio se inició a finales de la década del 70 y principios de los 80. Una persona que nos ayudó bastante fue el entonces ministro José Renán Esquivel, quien le dijo a mi esposo que podía colocarse en el lugar que estamos actualmente, ya que originalmente él estaba en una esquina donde no había mucho espacio.
El éxito de este negocio se debe a la responsabilidad y a la eficacia del trabajo.
Al transcurrir el coloquio, nos percatamos que la señora Amalia era una persona muy ilustrada.
Aprovechando que el tema del momento son las posibles reformas a la Caja de Seguro Social, le preguntamos su opinión al respecto.
A.N. Pienso que todos los panameños debemos dar un granito de arena para salvarla, pero sin llegar a la necesidad de privatizar a la Caja de Seguro Social.
P.A. ¿Cuál es su grado de escolaridad?.
A.N. Estudié hasta primer año y posteriormente me gradué de modistería y ejercí la profesión. También fuí empleada doméstica por 32 años en una casa de familia.
Pero a pesar de no tener estudios secundarios, esta señora luchadora cultivó el hábito de la lectura a tal punto que al conversar con ella parecía que estuvieramos con una profesional.
La señora Amalia indicó que la costumbre de la lectura se la debe a su abuela, que era analfabeta y como quería lo mejor para su nieta, la ponía a leer de todo.
Para esta dama, que nació en el populoso barrio de El Marañón, pero se crió en Río Hato, la lectura ha sido tan importante en su vida que inclusive, escribe poemas y hasta nos recitó uno de sus preferidos: El Canal de Panamá.
La entrevista no podía culminar sin un mensaje de este ejemplo de lucha.
"El mensaje que le daría a las mujeres es que salgan a trabajar, pero en un oficio que sea honrado. Recuerden que no hay nada imposible para Dios. Si creemos en él, todas las cosas salen bien".
La dialéctica histórica de la justicia se centra entre lo justo y lo injusto; sin embargo esto, a su vez, inclina al razonamiento de qué se entiende como autoridad para decidir entre ambos lados. Formalmente, es autoridad quien la ley le da esa facultad; socialmente, es quien logra a través de sus habilidades y virtudes obtener un reconocimiento de la sociedad.
Quiere decir que existen diversos tipos de autoridad, pero a fin de cuentas, ¿cuál ha de ser la necesaria para que las decisiones, resoluciones, mandatos, ordenanzas, puedan ser reconocidas y cumplidas por el común de una colectividad organizada?
La autoridad que deviene de la ley otorga un reconocimiento formal, la autoridad moral sustenta la facultad otorgada por la norma. La una sin la otra le resta valor a las decisiones que tome quien ostenta la autoridad. Legalmente es reconocido el acto, socialmente es ignorado. Quizás ése sea el problema de fondo que enfrenta la Corte Suprema de Justicia; sus actuales magistrados poseen quizás los reconocimientos que el derecho objetivo patrio exige para revestirlos del cargo, pero carecen, producto de sus presuntas conductas, de esa autoridad moral esencial para ser respetados y ejemplarizados.
No nos sorprenden las declaraciones del magistrado Adán Arjona, a quien respetamos por su profesionalismo, dado que sólo reitera una percepción pública frente a la administración de justicia a la cual pertenece. Que los magistrados se reúnen en contubernio para favorecer en sus decisiones a una parte en el proceso mediatizados por prebendas pecuniarias, que para proteger su status quo terminan por interpretar la literalidad de los delitos cuando lo cometen funcionarios de alta jerarquía, que ostentan amplias excepciones tributarias y fiscales, que son súbditos de cada Ejecutivo en el poder, son especulaciones.
Cómo puede el pueblo confiar en una correcta administración de justicia si sus propios administradores se acusan mutuamente de haber incurrido en actos que desacreditan la autoridad formal que ostentan.
No me gusta ser fatalista, pero quizás como lo dice un sector de la sociedad, se hace necesario un "borrón y Corte nueva".
En el momento en que se saludaron, notamos el gran afecto que se tienen el uno con el otro.
"Esta es mi mamá. Cuando obtenga el diploma se lo voy a entregar", indicó Domingo.
Continuó la conversación. Seguimos preguntando sobre la variedad de colores que tiene para lustrar los zapatos de sus clientes.
Tenemos todos los colores que hay en el mercado. El marrón, azul, rojo, amarillo, cordobán y otros, dijo.
P.A. ¿Cómo se inició el negocio?
A.N. El negocio se inició a finales de la década del 70 y principios de los 80. Una persona que nos ayudó bastante fue el entonces ministro José Renán Esquivel, quien le dijo a mi esposo que podía colocarse en el lugar que estamos actualmente, ya que originalmente él estaba en una esquina donde no había mucho espacio.
El éxito de este negocio se debe a la responsabilidad y a la eficacia del trabajo.
Al transcurrir el coloquio, nos percatamos que la señora Amalia era una persona muy ilustrada.
Aprovechando que el tema del momento son las posibles reformas a la Caja de Seguro Social, le preguntamos su opinión al respecto.
A.N. Pienso que todos los panameños debemos dar un granito de arena para salvarla, pero sin llegar a la necesidad de privatizar a la Caja de Seguro Social.
P.A. ¿Cuál es su grado de escolaridad?.
A.N. Estudié hasta primer año y posteriormente me gradué de modistería y ejercí la profesión. También fuí empleada doméstica por 32 años en una casa de familia.
Pero a pesar de no tener estudios secundarios, esta señora luchadora cultivó el hábito de la lectura a tal punto que al conversar con ella parecía que estuvieramos con una profesional.
La señora Amalia indicó que la costumbre de la lectura se la debe a su abuela, que era analfabeta y como quería lo mejor para su nieta, la ponía a leer de todo.
Para esta dama, que nació en el populoso barrio de El Marañón, pero se crió en Río Hato, la lectura ha sido tan importante en su vida que inclusive, escribe poemas y hasta nos recitó uno de sus preferidos: El Canal de Panamá.
La entrevista no podía culminar sin un mensaje de este ejemplo de lucha.
"El mensaje que le daría a las mujeres es que salgan a trabajar, pero en un oficio que sea honrado. Recuerden que no hay nada imposible para Dios. Si creemos en él, todas las cosas salen bien".