Una cortina de engaño
Las buenas intenciones que tengan unos pocos legisladores, entre ellos, José Blandón F., de acabar con las partidas circuitales, fracasarán frente a los grandes intereses personales que éstas representan para un buen número de ellos. La mayoría de los legisladores reelectos saben perfectamente bien que le deben su triunfo a los millones de balboas, que no son de ellos, pero que dispusieron de los mismos como si lo fueran para sus campañas proselitistas. Se utilizaron también fondos para fines muy distintos de los que pudieran llevar alguna solución a los muchos problemas que tienen los circuitos que representan y que las contralorías han sido muy cautelosas en investigar por temor a abrir una caja de pandora.
Toda esta gama de beneficios, que le proporcionan más a los legisladores que a sus circuitos, serán un obstáculo infranqueable que impedirá que tengan éxito las gestiones de quienes quieren rescatar a la Asamblea Legislativa del desprestigio en el que ha caído ante la opinión pública, que en diversas formas lo exterioriza.
Se buscan "soluciones"; se habla de "reglamentar", de "equidad", de "controles", etc., pero todo llega a lo mismo: disminuirles a unos y aumentarles a otros para que haya paridad y todos estén muy contentos y nadie se queje. La "reglamentación" no es ni más ni menos que "una cortina de engaño" para disfrazar algo que no está bien, ni nunca lo estuvo. Los legisladores están para "legislar y fiscalizar el Ejecutivo" no para ejercer funciones administrativas. Hay otros organismos del Estado responsables de esto. Por su puesto que los legisladores deben y tienen la obligación de velar por los circuitos y que el presupuesto general de gastos incluya partidas para solucionar, aunque sea en parte, las necesidades más apremiantes de las comunidades que los llevaron a la Asamblea; así se hacía antes del golpe de Estado del "68 y así debe ser. Esa propaganda barata e hiriente que tal obra en tal comunidad, se debe a los aportes del legislador X, no puede seguir.
La única manera de que las partidas circuitales se terminen es con un pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia declarando inconstitucionalidad ese reglamente interno tan criticado y que fue aprobado al final del período de la Asamblea pasada, después del 2 de mayo, como una de las prácticas nocivas para beneficiar a un grupo en afanes reeleccionistas. Sólo unos pocos legisladores - pienso- estarían dispuestos a sobreponer el interés colectivo del pueblo panameño al propio, aunque todos saben perfectamente bien que las partidas circuitales, la inmensa mayoría de los ciudadanos las rechazan enérgicamente. Toda la productividad que ha tenido y tendrá la Asamblea Legislativa, que no ha sido poca, al aprobarse varias leyes de beneficio colectivo, se eclipsa ante el uso de las partidas circuitales. Esto es una lástima porque en la Cámara Legislativa existen elementos serios, honrados y con criterio de patria, que su gestión la empaña un reglamento con claros vicios de inconstitucionalidad.
Veremos y oiremos en los próximos días toda clase de argumentos para justificar la "reglamentación" de las partidas circuitales. La falacia se enseñoreará en nuestra Asamblea Legislativa que seguirá en marcha acelerada aumentando su desprestigio, si no se da un milagro que evite que la institucionalidad de ese órgano del Estado peligre.
Toda esta gama de beneficios, que le proporcionan más a los legisladores que a sus circuitos, serán un obstáculo infranqueable que impedirá que tengan éxito las gestiones de quienes quieren rescatar a la Asamblea Legislativa del desprestigio en el que ha caído ante la opinión pública, que en diversas formas lo exterioriza.
Se buscan "soluciones"; se habla de "reglamentar", de "equidad", de "controles", etc., pero todo llega a lo mismo: disminuirles a unos y aumentarles a otros para que haya paridad y todos estén muy contentos y nadie se queje. La "reglamentación" no es ni más ni menos que "una cortina de engaño" para disfrazar algo que no está bien, ni nunca lo estuvo. Los legisladores están para "legislar y fiscalizar el Ejecutivo" no para ejercer funciones administrativas. Hay otros organismos del Estado responsables de esto. Por su puesto que los legisladores deben y tienen la obligación de velar por los circuitos y que el presupuesto general de gastos incluya partidas para solucionar, aunque sea en parte, las necesidades más apremiantes de las comunidades que los llevaron a la Asamblea; así se hacía antes del golpe de Estado del "68 y así debe ser. Esa propaganda barata e hiriente que tal obra en tal comunidad, se debe a los aportes del legislador X, no puede seguir.
La única manera de que las partidas circuitales se terminen es con un pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia declarando inconstitucionalidad ese reglamente interno tan criticado y que fue aprobado al final del período de la Asamblea pasada, después del 2 de mayo, como una de las prácticas nocivas para beneficiar a un grupo en afanes reeleccionistas. Sólo unos pocos legisladores - pienso- estarían dispuestos a sobreponer el interés colectivo del pueblo panameño al propio, aunque todos saben perfectamente bien que las partidas circuitales, la inmensa mayoría de los ciudadanos las rechazan enérgicamente. Toda la productividad que ha tenido y tendrá la Asamblea Legislativa, que no ha sido poca, al aprobarse varias leyes de beneficio colectivo, se eclipsa ante el uso de las partidas circuitales. Esto es una lástima porque en la Cámara Legislativa existen elementos serios, honrados y con criterio de patria, que su gestión la empaña un reglamento con claros vicios de inconstitucionalidad.
Veremos y oiremos en los próximos días toda clase de argumentos para justificar la "reglamentación" de las partidas circuitales. La falacia se enseñoreará en nuestra Asamblea Legislativa que seguirá en marcha acelerada aumentando su desprestigio, si no se da un milagro que evite que la institucionalidad de ese órgano del Estado peligre.