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¿Una cortina de engaño? II


Hace algunas semanas, el 8 de septiembre para ser exacto, escribí en este diario que todo este diluvio de buenas intenciones que nos cayó encima sobre las reformas que algunos legisladores deseaban hacer en el manejo administrativo de los nombramientos, de las partidas circuitales, de los contratos especiales, etc., en la Asamblea Legislativa buscando mejorar la pésima imagen que ese órgano del Estado tiene en la comunidad, consideraba en ese artículo, que todo esto simplemente era "una cortina de engaño" y me extendí en argumentos en ese sentido. Hasta ahora se han cambiado, eso sí, los nombres de algunos "asesores" por otros, se les han vencido sus contratos a unos y se los han dado estos a otros y se discute, o al menos se habla mucho, cómo se repartirán las nuevas "partidas circuitales" para hacerlas "más equitativas" de manera que todos estén muy contentos y nadie proteste. Si bien es cierto que los gastos de la Asamblea no han aumentado, esto se debe a la falta de fondos. Estos fueron utilizados anticipadamente antes de septiembre con la aprobación de la Contraloría General. Los hechos me están dando la razón y veremos, posiblemente, que con la vigencia del nuevo presupuesto, a partir de enero, todo seguirá como antes, o quiera Dios que no peor. Mientras pensemos que la calentura está en la sabana no podremos cortar el mal por sus raíces. Las "partidas circuitales" han sido y son, por el mal uso de ellas, el aprovechamiento personal de las mismas y el desprestigio que le ocasionan a la Asamblea Legislativa, un cáncer maligno que no se cura con frotaciones de "Maravilla Curativa", sino con su extirpación radical. Todo lo demás que se hable al respecto de ellas (equidad, control, regulación, transparencia, etc.), sin eliminarlas, da fuerzas a quienes sostienen que todo lo que se está haciendo es tirando una "cortina de engaño", empleando una demagogia llevada al extremo.
La duda que muchos tienen en cuanto a la capacidad de los legisladores de eliminar las partidas circuitales se basa en que la mayoría de ellos está pensando ya en su reelección y no van a hacerse el "harakiri" de acabar lo que para muchos de ellos es la única manera de lograr sus objetivos. El pasado es muy reciente y aleccionador. Legisladores sin méritos, pero con mucho dinero de las partidas circuitales, le cerraron el camino a otras unidades muy valiosas dentro de sus partidos, que hubieran prestigiado con sus actuaciones el "rgano Legislativo.
Es lamentable que la Corte Suprema de Justicia demore tanto en fallar una demanda sobre la inconstitucionalidad de las "partidas circuitales", que buen tiempo atrás plantearon distinguidos abogados y que pondría fin a estos abusos.
En la Asamblea Legislativa hay personas de gran respetabilidad que quieren enmendar errores, pero se encuentran en minoría y sus esfuerzos resultan vanos. Sólo el fallo de la Corte Suprema o la presión de la opinión pública a través de los medios de comunicación pueden hacer recapacitar a quienes solamente están pensando con gran egoísmo en su interés personal.
La Asamblea Legislativa ha aprobado varias leyes de importancia y pudieran dictar, por la capacidad de muchos de sus miembros, una legislación mejor y más efectiva si no dedicara gran parte de su tiempo a labores que no le corresponden, muy distintas a la que la Constitución les señala.
Los legisladores, comprendo, no pueden ser indiferentes a las obras que necesitan sus comunidades, pero muchos de los trabajos que hoy ellos hacen, violando la Constitución, tendrían mayor eficacia si están dentro del presupuesto general del Estado y siguen políticas coherentes de desarrollo, como se hacía antes de que alguien inventara "las partidas circuitales".
Pienso que todavía hay tiempo para rectificar posiciones si unen esfuerzos los legisladores que tienen conciencia de su responsabilidad, el Contralor y el Ejecutivo. De no hacerse el cambio se llevará, temprano o tarde, el resquebrajamiento institucional de ese organismo del Estado, cosa que nadie quiere, porque sería de gravísimas consecuencias.
La eliminación de las "partidas circuitales" y una verdadera transparencia en los actos de la Asamblea Legislativa publicando los nombres de los principales funcionarios y asesores a quienes se les han dado y quitado contratos, a quienes se han nombrado y además, con un verdadero control en sus gastos y divulgación amplia de sus operaciones financieras, etc., agigantaría ante la opinión pública a quienes lo propugnen y estos se convertirían en estadistas de altos quilates, muy respetados, con innegable futuro político. Si quienes pueden hacerlo se empinan sobre la mediocridad, tendrán el respaldo masivo de todos los que vemos con pena el desprestigio en que día a día cae la Asamblea y nos duele que individuos con capacidad, talento y honestidad pierdan la oportunidad de hacerle un gran bien al país y a ellos mismos.
Seguiré amable lector, observando los futuros actos de la Asamblea Legislativa con el deseo de que se despeje la incógnita "cortina de engaño" o propósitos sinceros de lograr rectificaciones; amanecerá y veremos.
"Las leyes no se mejoran nunca si no existen numerosas personas cuyos sentimientos morales son mejores que las leyes existentes". J. Suart Mill

101 años de Panamá América

 
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