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Una crítica injusta



Mariano Rivera está, por estos días, sobre el tapete. Un diluvio de críticas de todas partes ha hecho blanco en la negativa del extraordinario pelotero a jugar con la selección nacional en el venidero mundial de béisbol que se escenificará en Estados Unidos.
¿Negarse? Nadie debería creer a estas alturas que un hombre como Mariano Rivera se negaría a jugar con su país. El mismo tiempo que tomó para dar a conocer esa decisión, confirma lo mucho que ha debido costarle asumirla.
Pero con Mariano pasa lo que en su momento ha sucedido con Roberto Durán, de cierta manera la afición se siente propietaria de ellos y de sus actuaciones. Ambos se enfrentan con una afición que sólo sabe pedir sin dar nada a cambio, ni siquiera capacidad para entender que Mariano trabaja en Estados Unidos, que su relación con los Yankees de New York es de trabajo, que nadie podrá otorgársela sino cumple con ella.
Pero claro, esto a muy pocos les interesa. Lo que importa es que vaya y satisfaga el ego nacional, aunque perdamos, o él se fracture una mano que arruine su carrera.
Nada más injusto que pedirle a otros, lo que no somos capaces de dar. Seguramente que si a algunos de esos aficionados que hoy critican a Mariano se les llegara a pedir sacrificar el trabajo del que saca su sustento y el de su familia, no tardaría tanto como él en rechazar cualquier oferta, por muy "patriótica y nacionalista" que fuera.

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