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Una cuestión de principios


Desde que el presidente costarricense Oscar Arias tomó la decisión de terminar las relaciones diplomáticas que había mantenido ese país durante 60 años con la República de China Taiwán, para iniciar una nueva relación con la China Popular, muchas han sido las reacciones que se produjeron en Centroamérica y en el resto del mundo.
Algunos en Panamá, han pontificado sobre la necesidad de que nuestro país siga los pasos del vecino. Sin embargo, el gobierno panameño ha sostenido que no piensa cambiar el estatus actual, consistente en mantener una fluida relación comercial con China Popular y relaciones diplomáticas con la República de China Taiwán.
Algunos voceros del grupo que defiende la tesis de la necesidad de romper con Taiwán y establecer relaciones con China Popular, critican el estado de cosas, señalando que Taiwán ejerce una política de "la chequera", insinuando que el dinero taiwanés es el elemento fundamental que sostiene las relaciones de Panamá con el gobierno de la isla de Formosa. Su argumento principal en favor del establecimiento de relaciones con Beijing, curiosamente, está basado también en el dinero. China Popular, dicen, es un atractivo mercado de más de 1,500 millones de potenciales consumidores, en pleno crecimiento y expansión, y que en menos de 20 años podría ser una de las potencias hegemónicas del mundo.
En el análisis, hay un detalle que se está dejando de lado. En China Popular existe un régimen político que mantiene un férreo control sobre el Estado y sus ciudadanos. Si bien ese comunismo es insostenible, más desde la apertura económica de hace 25 años, hoy allí se siguen cometiendo a diario violaciones a los derechos fundamentales. Al final, se trata de una cuestión de principios.

101 años de Panamá América

 
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