Una de cal y otra de arena
En mi artículo de la semana pasada celebraba que nuestra clase política hubiera superado tradicionales diferencias y alcanzado dos acuerdos muy importantes para el país, sobre la Estrategia Nacional de Seguridad y el Fondo Fiduciario. A la vez, apuntaba mi esperanza de que el paso dado fuera el inicio de comportamientos encaminados a modernizar nuestras formas de hacer política y el preludio para alcanzar otros consensos que ayudarían a colocarnos en la senda del desarrollo sostenible.
Mi regocijo por los acuerdos logrados ha durado poco. No había terminado de secarse la tinta en los documentos correspondientes, cuando algunos de los protagonistas han vuelto a las andadas. Por un lado, vinieron las quejas del sector de la denominada "bancada popular" que se lamentó por no haber tenido el papel decisivo en el tema del Fondo Fiduciario.
No ha quedado claro si la queja de "los populares" obedece a que no pudieron imponer su propuesta, que de lejos no era la mejor, o al temor de perder el papel de "grupo bisagra" en la Asamblea Legislativa y todas las canongías aparejadas al control de la presidencia del Organo Legislativo, y que han sido excesivas y rayanas en el abuso, comparadas con el tamaño de su representación parlamentaria.
De habérsele corrido el gusto a la "llamada bancada popular" el resultado no hubiera favorecido a los sectores populares, precisamente. Sin embargo, con poca visión, a mi juicio, ese grupo ha preferido mantenerse en su enfoque equivocado, autorestándose puntos de los que había ganado al apoyar la Estrategia de Seguridad. Esta circunstancia abre un signo de interrogación sobre su futura capacidad para integrarse a futuros consensos. Ojalá sus dirigencias reconsideren su actitud, para lo que debiera comenzar por no sobrevalorar el verdadero alcance de su proyección política.
Tanto el acuerdo sobre la Estrategia de Seguridad como en del Fondo Fiduciario fueron apoyados por el PRD: Ese fue un paso en el sentido correcto. Ser oposición no es oponerse a todo sino oponerse constructivamente, pero también concurrir con la parte naturalmente contraria cuando el objetivo es beneficioso para el país.
En el caso del principal partido de la oposición, desde hace tiempo viene librándose una batalla, ya no tan soterrada, por el control de ese colectivo político con vistas a la candidatura presidencial para las elecciones del 2004.
Derrotadas las pretensiones reeleccionistas del señor Pérez Balladares, emergió la candidatura de Martín Torrijos que, aunque perdió las elecciones por un margen considerable, pareció que se consolidaba como el líder del partido y como su seguro candidato para la próxima contienda electoral.
Muchos rumores habían corrido sobre supuestas rivalidades entre el expresidente y el nuevo abanderado del PRD, como consecuencia de que éste dejó en la cuneta a los leales de aquel, sin tomarles cuenta ni parecer durante la campaña ni después de ella. Sin embargo, no se tenía una percepción exacta de cuán profundas eran las diferencias hasta que recientemente el ex-presidente acusó a Torrijos y a sus seguidores de haber sido los causantes de la derrota electoral del 2 de mayo de 1999.
No me interesa, particularmente, adentrarme a dilucidar las acusaciones sobre responsabilidades por la derrota del PRD, pero las menciono porque me parece que han sido uno de los pretextos que el grupo "perezballaderista" ha utilizado para abrir la contienda por el control de la dirección de su partido. El otro pretexto, como ha quedado en evidencia recientemente, ha sido el tema del Fondo Fiduciario.
En algún momento de la campaña electoral, el señor Torrijos tuvo que decidir si la continuaba proyectándose como un pupilo del ex-presidente o si navegaba con bandera propia. Sin dejar de ser el candidato del PRD, decidió tomar alguna distancia de su mentor y parece que, desde entonces, comenzó a enrarecerse el ambiente entre ellos. Contrario a lo que puedan pensar los perezballaderistas, creo que si Torrijos hubiera continuado como un apéndice del ex-presidente el margen de su derrota hubiera sido mayor.
En función de jefe de partido, el nuevo Secretario General del PRD ha tenido que tomar algunas opciones de riesgo político, como fueron las de apoyar la Estrategia de Seguridad y la de consensuar con el Gobierno de la señora Moscoso la reforma del Fondo Fiduciario. Ambas positivas por todos los conceptos. Pero las dos han servido a sus rivales internos para cuestionar su liderazgo.
Desafortunadamente, frente a los ataques de sus rivales internos, el señor Torrijos ha reaccionado en forma equivocada y el nivel de estatura política que alcanzó al actuar poniendo por delante los intereses del país, ha comenzado a desdibujarse cuando, al sentirse amenazado por la corriente que encabezan el ex-presidente y al alcalde Navarro, ha reaccionado en forma defensiva y vuelto a un discurso demagógico para "no perder puntos" con sus copartidarios.
Tanto la reacción de los llamados "populares" como la del jefe, por lo menos nominal, del principal partido de oposición parecieran ensombrecer un panorama que se presentaba alentador, pues era un signo positivo en el camino hacia el necesario y urgente mejoramiento de nuestra política. Sería muy deseable que este momentáneo retroceso sea superable, como decía en mi artículo anterior, para el bien del país.
Mi regocijo por los acuerdos logrados ha durado poco. No había terminado de secarse la tinta en los documentos correspondientes, cuando algunos de los protagonistas han vuelto a las andadas. Por un lado, vinieron las quejas del sector de la denominada "bancada popular" que se lamentó por no haber tenido el papel decisivo en el tema del Fondo Fiduciario.
No ha quedado claro si la queja de "los populares" obedece a que no pudieron imponer su propuesta, que de lejos no era la mejor, o al temor de perder el papel de "grupo bisagra" en la Asamblea Legislativa y todas las canongías aparejadas al control de la presidencia del Organo Legislativo, y que han sido excesivas y rayanas en el abuso, comparadas con el tamaño de su representación parlamentaria.
De habérsele corrido el gusto a la "llamada bancada popular" el resultado no hubiera favorecido a los sectores populares, precisamente. Sin embargo, con poca visión, a mi juicio, ese grupo ha preferido mantenerse en su enfoque equivocado, autorestándose puntos de los que había ganado al apoyar la Estrategia de Seguridad. Esta circunstancia abre un signo de interrogación sobre su futura capacidad para integrarse a futuros consensos. Ojalá sus dirigencias reconsideren su actitud, para lo que debiera comenzar por no sobrevalorar el verdadero alcance de su proyección política.
Tanto el acuerdo sobre la Estrategia de Seguridad como en del Fondo Fiduciario fueron apoyados por el PRD: Ese fue un paso en el sentido correcto. Ser oposición no es oponerse a todo sino oponerse constructivamente, pero también concurrir con la parte naturalmente contraria cuando el objetivo es beneficioso para el país.
En el caso del principal partido de la oposición, desde hace tiempo viene librándose una batalla, ya no tan soterrada, por el control de ese colectivo político con vistas a la candidatura presidencial para las elecciones del 2004.
Derrotadas las pretensiones reeleccionistas del señor Pérez Balladares, emergió la candidatura de Martín Torrijos que, aunque perdió las elecciones por un margen considerable, pareció que se consolidaba como el líder del partido y como su seguro candidato para la próxima contienda electoral.
Muchos rumores habían corrido sobre supuestas rivalidades entre el expresidente y el nuevo abanderado del PRD, como consecuencia de que éste dejó en la cuneta a los leales de aquel, sin tomarles cuenta ni parecer durante la campaña ni después de ella. Sin embargo, no se tenía una percepción exacta de cuán profundas eran las diferencias hasta que recientemente el ex-presidente acusó a Torrijos y a sus seguidores de haber sido los causantes de la derrota electoral del 2 de mayo de 1999.
No me interesa, particularmente, adentrarme a dilucidar las acusaciones sobre responsabilidades por la derrota del PRD, pero las menciono porque me parece que han sido uno de los pretextos que el grupo "perezballaderista" ha utilizado para abrir la contienda por el control de la dirección de su partido. El otro pretexto, como ha quedado en evidencia recientemente, ha sido el tema del Fondo Fiduciario.
En algún momento de la campaña electoral, el señor Torrijos tuvo que decidir si la continuaba proyectándose como un pupilo del ex-presidente o si navegaba con bandera propia. Sin dejar de ser el candidato del PRD, decidió tomar alguna distancia de su mentor y parece que, desde entonces, comenzó a enrarecerse el ambiente entre ellos. Contrario a lo que puedan pensar los perezballaderistas, creo que si Torrijos hubiera continuado como un apéndice del ex-presidente el margen de su derrota hubiera sido mayor.
En función de jefe de partido, el nuevo Secretario General del PRD ha tenido que tomar algunas opciones de riesgo político, como fueron las de apoyar la Estrategia de Seguridad y la de consensuar con el Gobierno de la señora Moscoso la reforma del Fondo Fiduciario. Ambas positivas por todos los conceptos. Pero las dos han servido a sus rivales internos para cuestionar su liderazgo.
Desafortunadamente, frente a los ataques de sus rivales internos, el señor Torrijos ha reaccionado en forma equivocada y el nivel de estatura política que alcanzó al actuar poniendo por delante los intereses del país, ha comenzado a desdibujarse cuando, al sentirse amenazado por la corriente que encabezan el ex-presidente y al alcalde Navarro, ha reaccionado en forma defensiva y vuelto a un discurso demagógico para "no perder puntos" con sus copartidarios.
Tanto la reacción de los llamados "populares" como la del jefe, por lo menos nominal, del principal partido de oposición parecieran ensombrecer un panorama que se presentaba alentador, pues era un signo positivo en el camino hacia el necesario y urgente mejoramiento de nuestra política. Sería muy deseable que este momentáneo retroceso sea superable, como decía en mi artículo anterior, para el bien del país.