Una Defensoría afectada en su imagen y fe pública
Hace algunas semanas escribí sobre la preocupación que sentía por el daño que la ambición sectaria le iba a causar a la institución de la Defensoría del Pueblo. El pasado martes mis temores, desafortunadamente, se cumplieron. Desde un inicio, a mediados del año pasado, se sabía, aunque algunos queríamos dudarlo, que la elección del funcionario que dirigiera la misma recaería en una persona que tuviera el visto bueno de uno de los grupos políticos integrantes del pacto político conocido como META. Los mismos que formaron parte de este compromiso político manifestaron, reiteradamente, que el escogimiento del Defensor del Pueblo sería un acto abierto en el cual podrían participar todas las personas que se sintieran calificadas para el mismo; a pesar de ello, la ciudadanía sospechaba que con esto lo que se buscaba era tirar una "cortina de humo" engañosa y que lo pactado se cumpliría al pie de la letra, pues hay otros intereses políticos muy importantes que, por ahora conviene para sus integrantes que el Pacto META se mantenga.
No conozco personalmente al Lic. Tejada Espino y no tengo ninguna razón para dudar de su capacidad y de su hombría de bien. Su familia, a quien sí conozco, hace obligatorio para mí este reconocimiento. Sin embargo, lamentablemente, los méritos que tiene el escogido por la Asamblea Legislativa se desvanecen ante la imagen negativa que deja el que su nombramiento obedezca a arreglos políticos y no a las otras razones que debieron prevalecer.
Este país nuestro es muy pequeño y por más discreción o secretismo que se quiera mantener en ciertas negociaciones de trastienda todo, más temprano que tarde, llega a saberse. Uno de los partidos comprometidos en el arreglo político META tenía candidatos que gozaban, los unos, de muchas simpatías políticas a lo interno del grupo y otros tenían el visto bueno de la cúpula. El ganador, al parecer, no contaba -y esto no me consta- con el respaldo de estos últimos, ni de los primeros tampoco. En este caso, como sucede frecuentemente en política, se presentó el factor imprevisto. El señor Tejada Espino, para sorpresa de unos y disgustos de otro, fue el escogido. ¡Qué ironía!
La Defensoría del Pueblo es una institución nueva, de muy reciente creación y no debía obedecer su director a compromisos políticos. Sus actividades deben ser seguidas muy de cerca por los representantes de la sociedad civil con la sana intención de fortalecer esa institución todavía en embrión y lograr en lo posible que ésta pueda actuar independiente de cualquier órgano del Estado o de presiones de grupos políticos que pudieran ponerle cortapisas a sus gestiones.
El mal manejo que se le dio desde el principio a este nombramiento, le ha hecho un gran daño a la institucionalidad de la Defensoría de Pueblo y a la efectividad que el funcionario que esté al frente de la misma pueda tener en el futuro para realizar con éxito sus importantes labores.
Asuntos como este deben situarse al margen de cualquier apetito partidista. Los políticos que hoy celebran su "triunfo" han demostrado que lo que manos tienen es, casualmente, lo que más se requiere en estos días: superar el interés sectario y pensar y actuar como estadistas. Hay "triunfos" y éste es uno de ellos, que no representan ganancia para nadie, pero eso sí, pérdida de imagen para muchos, principalmente para la propia Defensoría del Pueblo y la clase política.
El Licdo. Tejada Espino, no por responsabilidad propia, sino por la culpa de otros, tendrá frente a sí la muy difícil tarea de darle a la Defensoría del Pueblo la estabilidad e independencia que necesita para poder contar con credibilidad y fe pública. Ojalá lo pueda lograr para beneficio del país y satisfacción propia, son nuestros deseos sinceros.
No conozco personalmente al Lic. Tejada Espino y no tengo ninguna razón para dudar de su capacidad y de su hombría de bien. Su familia, a quien sí conozco, hace obligatorio para mí este reconocimiento. Sin embargo, lamentablemente, los méritos que tiene el escogido por la Asamblea Legislativa se desvanecen ante la imagen negativa que deja el que su nombramiento obedezca a arreglos políticos y no a las otras razones que debieron prevalecer.
Este país nuestro es muy pequeño y por más discreción o secretismo que se quiera mantener en ciertas negociaciones de trastienda todo, más temprano que tarde, llega a saberse. Uno de los partidos comprometidos en el arreglo político META tenía candidatos que gozaban, los unos, de muchas simpatías políticas a lo interno del grupo y otros tenían el visto bueno de la cúpula. El ganador, al parecer, no contaba -y esto no me consta- con el respaldo de estos últimos, ni de los primeros tampoco. En este caso, como sucede frecuentemente en política, se presentó el factor imprevisto. El señor Tejada Espino, para sorpresa de unos y disgustos de otro, fue el escogido. ¡Qué ironía!
La Defensoría del Pueblo es una institución nueva, de muy reciente creación y no debía obedecer su director a compromisos políticos. Sus actividades deben ser seguidas muy de cerca por los representantes de la sociedad civil con la sana intención de fortalecer esa institución todavía en embrión y lograr en lo posible que ésta pueda actuar independiente de cualquier órgano del Estado o de presiones de grupos políticos que pudieran ponerle cortapisas a sus gestiones.
El mal manejo que se le dio desde el principio a este nombramiento, le ha hecho un gran daño a la institucionalidad de la Defensoría de Pueblo y a la efectividad que el funcionario que esté al frente de la misma pueda tener en el futuro para realizar con éxito sus importantes labores.
Asuntos como este deben situarse al margen de cualquier apetito partidista. Los políticos que hoy celebran su "triunfo" han demostrado que lo que manos tienen es, casualmente, lo que más se requiere en estos días: superar el interés sectario y pensar y actuar como estadistas. Hay "triunfos" y éste es uno de ellos, que no representan ganancia para nadie, pero eso sí, pérdida de imagen para muchos, principalmente para la propia Defensoría del Pueblo y la clase política.
El Licdo. Tejada Espino, no por responsabilidad propia, sino por la culpa de otros, tendrá frente a sí la muy difícil tarea de darle a la Defensoría del Pueblo la estabilidad e independencia que necesita para poder contar con credibilidad y fe pública. Ojalá lo pueda lograr para beneficio del país y satisfacción propia, son nuestros deseos sinceros.