default

Una difícil relación


Cuando el presidente Fox le preguntó a Roberto Rock, director del diario mexicano El Universal, cómo le iba con el vocero presidencial, el periodista le respondió: "Excelente, nunca hablamos". Esa es, afirma Rock, la mejor relación posible entre la prensa y el gobierno. Más que una anécdota, se trata de una de las intervenciones en un debate sobre las relaciones entre la prensa y el poder, que tuvo lugar en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, México, en el que participaron editores y columnistas de los principales rotativos de América Latina.
Los puntos más salientes del intercambio de opiniones están recogidos en la edición del domingo 5 de septiembre del diario argentino Página /12, que mi buen amigo Emilio me trajo de regalo, junto con unos excelentes vinos mendocinos, alfajores y algunos libros extraordinarios sobre política y filosofía.
¿Debe la prensa limitarse a informar de modo objetivo y neutral sobre los actos y hechos de gobierno, y que sea el lector el que saque sus propias conclusiones? ¿O es más realista afirmar que la prensa en América Latina ha sido casi siempre una empresa militante, a favor o en contra del gobierno, con una definición muy clara de cuáles son las causas que apoya y cuáles las que enfrenta? Si así ha sido siempre, lo más probable es que así siga siendo. ¿O no?
Horacio Verbistky, periodista argentino y columnista de Página /12, parece inclinarse, tras la cortina de una pregunta retórica, por la opción que señala que es suficiente, para que una sociedad pueda formarse un mejor criterio, que haya una variedad de opiniones en los distintos medios. La pluralidad de medios hace innecesario el pluralismo ideológico a lo interno del medio; es decir, la sala de redacción no está obligada a vestir todos los colores del arcoiris.
La fórmula de Julio Blank, editor de Clarín, el diario de mayor circulación en Argentina -y América Latina-, indica que los medios son auditores externos del poder, lo que requiere una "gran integridad" y al mismo tiempo los convierte en parte del mismo. Roberto Pombo, editor general de El Tiempo, de Bogotá, recordó los excesos de la conducta partidista que anteriormente marcó la pauta en su diario. Cuenta que en una ocasión el periódico se negó a publicar la noticia de la asunción de un presidente del partido contrario, pero que eso quedó atrás con el objetivismo que trajo la profesionalización de las salas de redacción. ¿Mejoró el periodismo? Pombo no duda en afirmar que la cosa empeoró: "los periodistas se convirtieron en reproductores del mensaje de sus fuentes, tal como éstas querían, e instrumento de la manipulación de los políticos". La oficialización del periodismo trajo aparejado su declive. Para que el periodismo cumpla la función que está llamado a desempeñar tiene que educar y orientar con trabajo propio y no sólo dedicarse a repetir lo que dicen los funcionarios.
Miguel Henrique Otero y María Pilar Hernández, ambos de El Nacional de Caracas, observan el grave deterioro institucional por el que atraviesa el país venezolano y comentan las múltiples maneras como se han pervertido las relaciones entre Chávez y los medios. Sin ninguna pretensión de objetividad o imparcialidad, las empresas televisoras se conducen como los más grandes accionistas en el negocio del antichavismo y hacen públicas las direcciones de partidarios del gobierno para que sean "caceroleados" por turbas que son mayoritariamente integradas por gente de clase media. El presidente, por su parte, no se queda atrás en la "vendetta" y a sus fuerzas -de más baja extracción social- se deben las más de 700 agresiones contra los medios de comunicación que se han dado en los dos últimos años. Chávez y miembros de su gobierno han interpuesto más de 100 demandas por difamación -que aún se encuentran en proceso- en un país en donde el 85% de los jueces no tiene estabilidad en el cargo. El dirigente bolivariano logró colar en la Constitución la obligación que tienen todos los medios de publicar información veraz y ahora trabaja en un proyecto de ley que reglamentará dicho principio.
También participó en el evento de Monterrey Sergio Ramírez Mercado, escritor y ex vicepresidente de Nicaragua, quien recalcó la inmensidad de la tarea del periodista en el proceso de construcción de la democracia en su país y en la región. "En Centroamérica, además de auditores, los periodistas deben ser procuradores, fiscales y jueces, porque la realidad lo impone. Sólo gracias a la fiscalización de la prensa, en los últimos diez años seis presidentes han sido llevados a los tribunales, de los cuales uno está preso y otro prófugo."
Subordinación, distancia, independencia, oposición, enfrentamiento, y hasta agresión verbal y física, son los rasgos que caracterizan la relación, siempre difícil, entre el gobierno y los medios de comunicación en los distintos países. Esta relación viene siempre moldeada por la cultura, pero son los avatares de la política y los valores que imperan en el mundo periodístico los que definen el tipo y la intensidad de la conexión. No creo que la cuestión de la objetividad resuma todas las aristas del problema ni que la pretensión de ser objetivo consista en una respuesta fácil. La objetividad se predica tanto de los medios como de los periodistas, se exige del oficio periodístico y de la noticia, de la entrevista y hasta del reportaje investigativo. Hay editorialistas que buscan ser siempre objetivos. Si se quiere aplicar el mismo adjetivo a todos estos sustantivos, habrá que desentrañar un significado distinto en cada caso. Reconociendo que no hay fórmulas mágicas, es preciso remarcar que es en el interés del periodismo que la relación con el gobierno sea siempre difícil porque solo de la tensión entre fuerzas brotará la verdad.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América