¿Una economía cada vez más abierta?
En la discusión sobre si se sube o se bajan los aranceles, está implícita la situación panameña de que somos un país con un enorme déficit comercial.
Históricamente nuestro país ha tenido una economía abierta, es decir, sin pocas trabas al comercio con el exterior. Ahora, con la llamada globalización que nos impone negociar primero en el GATT y después en la Organización Mundial del Comercio (OMC), se discute si abrimos más nuestra economía o no.
El gobierno del Dr. Ernesto Pérez Balladares optó por abrir más nuestra economía, lo cual ha tenido efectos negativos tanto en el agro como la industria (ésta última con mejores condiciones que la primera). Esta apertura se ha dado con la reducción drástica de los aranceles, sin permitir los cambios graduales, los cuales, incluso, pudieron negociarse sin imposiciones.
Los datos sobre nuestro déficit comercial son elocuentes.
Según Panamá en Cifras de 1998, el saldo de la relación entre importaciones y exportaciones ha sido en los últimos años de 1,692.9 millones (1993), 1,862.2 (1994), 1,958,1 (1995), 2,214.6 (1996) y de 2,334.3 (1997- preliminar-).
Es decir, año tras año nuestro déficit aumenta, lo que si bien hasta ahora es compensado con nuestra economía de servicios, evidentemente en esta época de globalización puede tener enormes repercusiones, ya que esta actividad (los servicios) la empiezan a realizar otros países del área.
Nuestro país antes era visitado tanto por centroamericanos como sudamericanos, para realizar compras de productos como electrodomésticos, ropa y otras mercancías, por los precios de país importador. Sin embargo, con la política de las Instituciones Financieras Internacionales, los países vecinos han rebajado sus aranceles de importación, ofreciendo esos productos que antes compraban en Panamá a precios competitivos con los del comercio local.
Esta situación entra en contradicción con la política que asfixia al agro y a la industria, ya que estos sectores de la economía deberían reforzarse con nuevas tecnologías e incentivos que los hicieran competentes y atractivos para la inversión de los empresarios nacionales, quienes tradicionalmente han optado por lo más fácil: el comercio.
Históricamente nuestro país ha tenido una economía abierta, es decir, sin pocas trabas al comercio con el exterior. Ahora, con la llamada globalización que nos impone negociar primero en el GATT y después en la Organización Mundial del Comercio (OMC), se discute si abrimos más nuestra economía o no.
El gobierno del Dr. Ernesto Pérez Balladares optó por abrir más nuestra economía, lo cual ha tenido efectos negativos tanto en el agro como la industria (ésta última con mejores condiciones que la primera). Esta apertura se ha dado con la reducción drástica de los aranceles, sin permitir los cambios graduales, los cuales, incluso, pudieron negociarse sin imposiciones.
Los datos sobre nuestro déficit comercial son elocuentes.
Según Panamá en Cifras de 1998, el saldo de la relación entre importaciones y exportaciones ha sido en los últimos años de 1,692.9 millones (1993), 1,862.2 (1994), 1,958,1 (1995), 2,214.6 (1996) y de 2,334.3 (1997- preliminar-).
Es decir, año tras año nuestro déficit aumenta, lo que si bien hasta ahora es compensado con nuestra economía de servicios, evidentemente en esta época de globalización puede tener enormes repercusiones, ya que esta actividad (los servicios) la empiezan a realizar otros países del área.
Nuestro país antes era visitado tanto por centroamericanos como sudamericanos, para realizar compras de productos como electrodomésticos, ropa y otras mercancías, por los precios de país importador. Sin embargo, con la política de las Instituciones Financieras Internacionales, los países vecinos han rebajado sus aranceles de importación, ofreciendo esos productos que antes compraban en Panamá a precios competitivos con los del comercio local.
Esta situación entra en contradicción con la política que asfixia al agro y a la industria, ya que estos sectores de la economía deberían reforzarse con nuevas tecnologías e incentivos que los hicieran competentes y atractivos para la inversión de los empresarios nacionales, quienes tradicionalmente han optado por lo más fácil: el comercio.