Una Educación para la Vida
EL MUNDO de hoy pone al conocimiento y al aprendizaje en el centro del desarrollo.
Los rápidos e imprevisibles cambios sociales, en el conocimiento y en los modos de producción, generan nuevas demandas sobre la formación de las personas. La instrucción repetitiva y acumulativa de información, propia de una sociedad estática, tiende a ser sustituida por procesos educativos centrados en el aprendizaje de competencias, habilidades y actitudes necesarias para vivir y trabajar en el futuro.
Se trata no sólo de adquirir conocimientos y destrezas aplicables a una actividad laboral inmediata, sino también poseer capacidad de seguir aprendiendo y adaptarse a las mutaciones del entorno económico, tecnológico y social. La formación debe ser buena para actuar hoy, pero, sobretodo, para ser capaces de reeducarse hacia el mañana. El mundo de hoy pone al conocimiento y al aprendizaje en el centro del desarrollo. Las múltiples oportunidades que tiene Panamá pasan, indispensablemente, por la formación de su capital humano, el más preciado que pueda tener país alguno.
Las lecciones de la historia mundial muestran que la formación y la capacitación de recurso humano, fue un pilar esencial en el crecimiento económico de los países europeos y asiáticos, especialmente después de la segunda guerra mundial. Las naciones que más invirtieron en educación y en la formación de la mano de obra calificada, son hoy las mismas que disfrutan de notables niveles de desarrollo humano.
Grandes economistas (Smith, Beker, Shultz, Samuelson, Sen, entre otros) coinciden en destacar la educación y la formación profesional como el capital más importante en el proceso económico moderno. De allí que educación y desarrollo sean considerados los elementos de la ecuación del progreso y el bienestar para los pueblos.
En Panamá, los precursores de la república naciente impulsaron la alfabetización y la escolarización de la población. La formación profesional y técnica fue parte, igualmente, de este interés nacional. Unos 35 institutos profesionales y técnicos funcionan actualmente y alrededor de 3 de cada 4 estudiantes de educación media, se preparan para el trabajo o los estudios superiores en alguna oferta de las áreas de comercio, industrial y agropecuaria, que ofrecen estas instituciones.
Aún cuando la inversión en infraestructura y equipamiento en estos centros educativos ha sido importante, en muchos de ellos se perciben debilidades en los resultados que se obtienen. La falta de relación entre la oferta y la demanda del sector productivo, la obsolescencia del conocimiento adquirido por los jóvenes, la poca aplicación práctica de la formación recibida, la escasa utilización de tecnologías modernas y las insuficientes oportunidades de formación y capacitación de los docentes del área técnica, se cuentan entre las dificultades mayores. Ello contribuye al desempleo de egresados, los bajos salarios de los que logran emplearse y dificultades en pasar las pruebas de admisión a las universidades.
La política educativa del gobierno actual, en materia de formación profesional, implica cambiar el modelo educativo, poniendo especial énfasis en el desarrollo de las inteligencias y los talentos de los jóvenes, mediante el impulso de una educación con calidad, pertinencia y equidad. Una educación que les permita aprender y adaptarse con flexibilidad a las nuevas tecnologías y conocimientos del mundo productivo, vivenciando valores como la honestidad, la colaboración y la tolerancia que demanda la sociedad.
En el marco de esta política se propone una revisión curricular integral, que permita actualizar la oferta académica y pedagógica de la educación media y, dentro de ésta, la formación profesional. Igualmente, se busca fortalecer los contenidos en las áreas de la matemática, inglés, ciencias, lenguaje y valores; ampliar la cobertura y reducir el abandono de los jóvenes especialmente los más pobres; relacionar la formación teórica con la experiencia laboral, las pasantías y la colocación en el empleo.
Así mismo, se propone adecuar el número de especializaciones, a una oferta en áreas formativas más amplias; vincular más los centros educativos al mundo industrial y empresarial; dotar del equipamiento y tecnologías de la información y la comunicación; ofrecer educación post media a los estudiantes graduados de profesional y técnica, en áreas consideradas de impacto para el desarrollo nacional; consolidar la gestión institucional de los centros educativos e impulsar la superación continua de los docentes, mediante acuerdos con el INAFORP, IFARHU y universidades.
Mejorar la formación de nuestros jóvenes es una tarea nacional y compromete a amplios sectores del país. Iniciarla ahora permitirá ofrecer esperanzas ciertas en un país más próspero y con mayores oportunidades para toda su población.
Los rápidos e imprevisibles cambios sociales, en el conocimiento y en los modos de producción, generan nuevas demandas sobre la formación de las personas. La instrucción repetitiva y acumulativa de información, propia de una sociedad estática, tiende a ser sustituida por procesos educativos centrados en el aprendizaje de competencias, habilidades y actitudes necesarias para vivir y trabajar en el futuro.
Se trata no sólo de adquirir conocimientos y destrezas aplicables a una actividad laboral inmediata, sino también poseer capacidad de seguir aprendiendo y adaptarse a las mutaciones del entorno económico, tecnológico y social. La formación debe ser buena para actuar hoy, pero, sobretodo, para ser capaces de reeducarse hacia el mañana. El mundo de hoy pone al conocimiento y al aprendizaje en el centro del desarrollo. Las múltiples oportunidades que tiene Panamá pasan, indispensablemente, por la formación de su capital humano, el más preciado que pueda tener país alguno.
Las lecciones de la historia mundial muestran que la formación y la capacitación de recurso humano, fue un pilar esencial en el crecimiento económico de los países europeos y asiáticos, especialmente después de la segunda guerra mundial. Las naciones que más invirtieron en educación y en la formación de la mano de obra calificada, son hoy las mismas que disfrutan de notables niveles de desarrollo humano.
Grandes economistas (Smith, Beker, Shultz, Samuelson, Sen, entre otros) coinciden en destacar la educación y la formación profesional como el capital más importante en el proceso económico moderno. De allí que educación y desarrollo sean considerados los elementos de la ecuación del progreso y el bienestar para los pueblos.
En Panamá, los precursores de la república naciente impulsaron la alfabetización y la escolarización de la población. La formación profesional y técnica fue parte, igualmente, de este interés nacional. Unos 35 institutos profesionales y técnicos funcionan actualmente y alrededor de 3 de cada 4 estudiantes de educación media, se preparan para el trabajo o los estudios superiores en alguna oferta de las áreas de comercio, industrial y agropecuaria, que ofrecen estas instituciones.
Aún cuando la inversión en infraestructura y equipamiento en estos centros educativos ha sido importante, en muchos de ellos se perciben debilidades en los resultados que se obtienen. La falta de relación entre la oferta y la demanda del sector productivo, la obsolescencia del conocimiento adquirido por los jóvenes, la poca aplicación práctica de la formación recibida, la escasa utilización de tecnologías modernas y las insuficientes oportunidades de formación y capacitación de los docentes del área técnica, se cuentan entre las dificultades mayores. Ello contribuye al desempleo de egresados, los bajos salarios de los que logran emplearse y dificultades en pasar las pruebas de admisión a las universidades.
La política educativa del gobierno actual, en materia de formación profesional, implica cambiar el modelo educativo, poniendo especial énfasis en el desarrollo de las inteligencias y los talentos de los jóvenes, mediante el impulso de una educación con calidad, pertinencia y equidad. Una educación que les permita aprender y adaptarse con flexibilidad a las nuevas tecnologías y conocimientos del mundo productivo, vivenciando valores como la honestidad, la colaboración y la tolerancia que demanda la sociedad.
En el marco de esta política se propone una revisión curricular integral, que permita actualizar la oferta académica y pedagógica de la educación media y, dentro de ésta, la formación profesional. Igualmente, se busca fortalecer los contenidos en las áreas de la matemática, inglés, ciencias, lenguaje y valores; ampliar la cobertura y reducir el abandono de los jóvenes especialmente los más pobres; relacionar la formación teórica con la experiencia laboral, las pasantías y la colocación en el empleo.
Así mismo, se propone adecuar el número de especializaciones, a una oferta en áreas formativas más amplias; vincular más los centros educativos al mundo industrial y empresarial; dotar del equipamiento y tecnologías de la información y la comunicación; ofrecer educación post media a los estudiantes graduados de profesional y técnica, en áreas consideradas de impacto para el desarrollo nacional; consolidar la gestión institucional de los centros educativos e impulsar la superación continua de los docentes, mediante acuerdos con el INAFORP, IFARHU y universidades.
Mejorar la formación de nuestros jóvenes es una tarea nacional y compromete a amplios sectores del país. Iniciarla ahora permitirá ofrecer esperanzas ciertas en un país más próspero y con mayores oportunidades para toda su población.