Una epidemia ignorada
La violencia contra las mujeres, aunque es frecuentemente ignorada y poco estudiada, es una de las epidemias más importantes en nuestro continente. Aun las adolescentes son cada día más afectadas por ella. La magnitud de este fenómeno requiere la implantación de nuevas políticas para disminuir su frecuencia, y de un enfoque de salud pública que permita obtener mejores estadísticas y un mayor conocimiento sobre sus efectos.
Aun cuando en muchos países la violencia contra las mujeres se considera un comportamiento habitual y no censurable, ello no disminuye su seriedad ni el impacto negativo sobre la salud física y mental de las féminas, a quienes afecta no importa cuál sea su estatus económico o clase social.
A pesar de su considerable magnitud, hay pocas estadísticas confiables sobre la misma. Algunos estudios llevados a cabo en los Estados Unidos revelan que cada año más de cuatro millones de mujeres son atacadas por sus esposos o compañeros. Otro estudio mostró que la violencia contra las mujeres es responsable de un gran número de visitas médicas, entre ellas casi un tercio de las visitas a salas de emergencia hospitalaria.
A nivel mundial, se calcula que la violencia contra las mujeres es una causa tan frecuente de discapacidad y muerte entre las que están en edad reproductiva como el cáncer, y una causa más grande de enfermedad que los accidentes de tránsito y la malaria combinados.
En los Estados Unidos, el 25 por ciento de mujeres pacientes psiquiátricas que intentan suicidarse es víctima de violencia doméstica, y también lo es el 85 por ciento de mujeres que abusan de las drogas.
Varios factores (culturales, económicos, sociales; así como el temor a la venganza y la vergüenza) contribuyen a que las mujeres no denuncien estos actos. Además, el sistema legal y criminal dificultan -en lugar de facilitar- este tipo de denuncias.
El temor frecuentemente mantiene a las mujeres en este tipo de relaciones abusivas. En este sentido, se ha encontrado que casi el 80 por ciento de traumas y muertes ocurre cuando las mujeres víctimas de violencia tratan de abandonar una relación o después que lo hicieron. Además, la violencia contra ellas hace a las mujeres más susceptibles a una variedad de problemas tales como depresión, suicidio, y abuso del alcohol y drogas.
Estudios llevados a cabo en Bolivia y Puerto Rico demuestran que el 58 por ciento de mujeres atacadas por sus compañeros o esposos había sido abusada sexualmente, proporción que en Colombia llegaba al 46 por ciento.
La violencia sexual aumenta las posibilidades que las mujeres adquieran infecciones transmitidas sexualmente, entre ellas la infección por el VIH. Además, la violencia sexual aumenta el número de embarazos no planeados y puede conducir a una amplia gama de problemas ginecológicos, como dolor pélvico crónico o relaciones sexuales dolorosas.
Una gran proporción de mujeres es atacada cuando ellas están embarazadas. Un estudio llevado a cabo en Costa Rica mostró que el 49 por ciento de las mujeres en la investigación había sido golpeada cuando estaba embarazada. Otra investigación llevada a cabo en Ciudad de México reveló que el 20 por ciento de mujeres abusadas había sufrido de golpes en el estómago. Estudios comparativos de mujeres golpeadas y no golpeadas revelaron que aquellas mujeres víctimas de violencia tienen el doble de posibilidades de abortar y cuatro veces más posibilidades de tener hijos con bajo peso al nacer.
Cada vez más se requiere la participación activa del sector salud para que investigue las causas de la violencia contra las mujeres, sus consecuencias y las formas posibles de prevenirla.
Un problema de estas características requiere una respuesta multifacética que involucre a varios sectores (legal, educativo, justicia, trabajo, criminal y salud pública) en la búsqueda de soluciones. Por demasiado tiempo la violencia contra las mujeres ha sido una epidemia ignorada. Las evidencias señaladas demuestran porqué no debe serlo nunca más.
(Consultor internacional de salud pública. Es autor de “Violencia en las Américas: La Pandemia Social del siglo XX”, una publicación de la Organización Panamericana de la Salud.)
Aun cuando en muchos países la violencia contra las mujeres se considera un comportamiento habitual y no censurable, ello no disminuye su seriedad ni el impacto negativo sobre la salud física y mental de las féminas, a quienes afecta no importa cuál sea su estatus económico o clase social.
A pesar de su considerable magnitud, hay pocas estadísticas confiables sobre la misma. Algunos estudios llevados a cabo en los Estados Unidos revelan que cada año más de cuatro millones de mujeres son atacadas por sus esposos o compañeros. Otro estudio mostró que la violencia contra las mujeres es responsable de un gran número de visitas médicas, entre ellas casi un tercio de las visitas a salas de emergencia hospitalaria.
A nivel mundial, se calcula que la violencia contra las mujeres es una causa tan frecuente de discapacidad y muerte entre las que están en edad reproductiva como el cáncer, y una causa más grande de enfermedad que los accidentes de tránsito y la malaria combinados.
En los Estados Unidos, el 25 por ciento de mujeres pacientes psiquiátricas que intentan suicidarse es víctima de violencia doméstica, y también lo es el 85 por ciento de mujeres que abusan de las drogas.
Varios factores (culturales, económicos, sociales; así como el temor a la venganza y la vergüenza) contribuyen a que las mujeres no denuncien estos actos. Además, el sistema legal y criminal dificultan -en lugar de facilitar- este tipo de denuncias.
El temor frecuentemente mantiene a las mujeres en este tipo de relaciones abusivas. En este sentido, se ha encontrado que casi el 80 por ciento de traumas y muertes ocurre cuando las mujeres víctimas de violencia tratan de abandonar una relación o después que lo hicieron. Además, la violencia contra ellas hace a las mujeres más susceptibles a una variedad de problemas tales como depresión, suicidio, y abuso del alcohol y drogas.
Estudios llevados a cabo en Bolivia y Puerto Rico demuestran que el 58 por ciento de mujeres atacadas por sus compañeros o esposos había sido abusada sexualmente, proporción que en Colombia llegaba al 46 por ciento.
La violencia sexual aumenta las posibilidades que las mujeres adquieran infecciones transmitidas sexualmente, entre ellas la infección por el VIH. Además, la violencia sexual aumenta el número de embarazos no planeados y puede conducir a una amplia gama de problemas ginecológicos, como dolor pélvico crónico o relaciones sexuales dolorosas.
Una gran proporción de mujeres es atacada cuando ellas están embarazadas. Un estudio llevado a cabo en Costa Rica mostró que el 49 por ciento de las mujeres en la investigación había sido golpeada cuando estaba embarazada. Otra investigación llevada a cabo en Ciudad de México reveló que el 20 por ciento de mujeres abusadas había sufrido de golpes en el estómago. Estudios comparativos de mujeres golpeadas y no golpeadas revelaron que aquellas mujeres víctimas de violencia tienen el doble de posibilidades de abortar y cuatro veces más posibilidades de tener hijos con bajo peso al nacer.
Cada vez más se requiere la participación activa del sector salud para que investigue las causas de la violencia contra las mujeres, sus consecuencias y las formas posibles de prevenirla.
Un problema de estas características requiere una respuesta multifacética que involucre a varios sectores (legal, educativo, justicia, trabajo, criminal y salud pública) en la búsqueda de soluciones. Por demasiado tiempo la violencia contra las mujeres ha sido una epidemia ignorada. Las evidencias señaladas demuestran porqué no debe serlo nunca más.
(Consultor internacional de salud pública. Es autor de “Violencia en las Américas: La Pandemia Social del siglo XX”, una publicación de la Organización Panamericana de la Salud.)