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Una gestión fracasada


La muerte del destacado intelectual Anel Omar Rodríguez podría ser uno de los últimos, sino el último clavo que cierra el ataúd de una fracasada gestión presidencial. Rodríguez se suma a los once pasajeros del San 100, a los dieciocho del bus quemado, a los cientos del dietilenglicol, por mencionar algunos, que por negligencia e ineptitud gubernamental en temas tan sensitivos como la seguridad, el transporte y la salud, fallecen inocentemente.

Por favor, no intepretemos que estamos culpando directamente al Presidente de la República por estos hechos de sangre, dolor y muerte, por los que hay que meterlo en la cárcel. Lo que estamos diciendo es que la falta de implementación, desarrollo, administración y consolidación de políticas coherentes, efectivas y oportunas en cada uno de estos terrenos, que debieron ser lideradas por el primer mandatario, han apresurado estas desgracias.

En el campo de la supuesta lucha contra la corrupción, a estos hechos se suma el prominente pago de más de medio millón de dólares a la candidata oficialista, por una supuesta conseción otorgada en un momento en que los puertos ya estaban en proceso de privatizarse. Se adicionan los comentarios del sindicado David Murcia sobre pagos ilegítimos otorgados a las campañas presidenciales y alcaldicias de los candidatos de gobierno, la aparente protección gubernamental que se lo proporcionó y su adquisición de dos carros exonerados a nombre de dos diputados, también del partido de gobierno. Inocentemente se quitaron las estatuas "juegos de antaño" del museo a solicitud de "algunos antropólogos". Y se perdieron en las narices de un SPI que no puede cuidar ni el propio Parque Omar, donde la mayoría de las nuevas linternas están destruidas, hurtadas y dañadas.

Nuevamente se derrochan millones en unos carnavales cuya supuesta reversión en ganancias es puro mito. Se dice que los viajes del presidente han sido para generar riqueza. Esa misma riqueza que ha destruído la ciudad capital ante un crecimiento desordenado que genera más tráfico y caos urbanístico, con carencia total de planeación y con la destrucción de riquezas arquitectónicas. Pero no nos preocupemos porque vendrá una hermosa cinta costera que nadie pidió, pero cuyo costo de 200 millones será facturado a los ciudadanos colindantes, dizque por el aumento de valorización de sus propiedades.

Ya no queda el tiempo ni se tiene la voluntad para enderezar la cosa pública. Se apostó por conocer el mundo a nuestra costas, apoyar a sus candidatos con nuestros recursos y esconder la cabeza ante los problemas nacionales. Definitivamente que apostaré por la alternabilidad del poder para evitar que el fracaso se perpetúe por cinco años más.

101 años de Panamá América

 
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