Una gran alianza militar en puertas
Con velocidad inusitada se despejó la ansiedad de los funcionarios alemanes temerosos que la negativa del canciller Gerhard Schroeder de acompañar a Estados Unidos (EU) en una guerra contra Irak, crearía una intensa tensión en las relaciones con el presidente George W. Bush. Para la sorpresa de muchos, inclusive la propia prensa alemana, el ex gobernador de Texas, demostrando una sorprendente flexibilidad en su postura internacional, utilizó cada oportunidad pública para enfatizar la amistad que Washington siente por el líder social demócrata alemán.
Así abundaron fuertes apretones de mano y amplias sonrisas ante los periodistas y camarógrafos, dejando en claro de que Bush entiende bien las implicaciones geopolíticas del eje Berlín-Washington. Y no era para menos. Días después del encuentro de los mandatarios en Praga, durante la cumbre de la Organización del Atlántico Norte (OTAN), el Ministro de Relaciones Exteriores germano, Joschka Fischer, anunció el envío de un fuerte contingente militar alemán para mantener la paz en Afganistán. Los periódicos alemanes coincidieron que lo más espectacular de la reunión fue "el apretón de manos más fotografiado de una reunión internacional", según la Sueddeutsche Zeitung de Munich.
En la reunión se produjeron definiciones formales sobre los nuevos términos de la alianza militar de 53 años entre Estados Unidos, Canadá y Europa que protegerá en adelante territorios e intereses. "Fue una gran reunión de los jefes de Estado y de gobierno de los 19 países de la OTAN. Fue una reunión que concluyó antes de haber comenzado" comentó Claudio Escribano, el veterano analista político de La Nación de Buenos Aires que fue invitado a la misma. "Las siete densas carillas de lo que en adelante se conocerá como la Declaración de Praga son aquellas sobre las que se reflexiona por años en ámbitos políticos y diplomáticos, académicos y militares; dan después lugar a "brooders" con enmiendas que van y vienen entre los océanos y terminan, al final, por escribirse con anticipación al instante histórico en que los firmantes cristalizan sonrisas para fotógrafos y cámaras de televisión y destinada a la prensa diciendo que los esperan horas de trabajo devastador".
Llama la atención el tacto con el cual Rusia fue tratado en Praga y con qué énfasis se exaltó su condición de par de la OTAN en el consejo creado en Roma para temas militares y de defensa civil. Sin embargo, hay diplomáticos en Washington, así como en Berlín, que miran con escepticismo el trato "con guantes de seda" a Putin, un ex jefe de la KGB, el servicio secreto de la Unión Soviética y un hombre que a veces exhibe modales burdos como una reciente amenaza, encubierta en humor negro, a un periodista ruso de que si no dejaría de hacerle preguntas engorrosas "recomendaría que lo castraran".
Entre los 26 países convocados a la reunión de Praga por su condición de partícipes en misiones de paz de la OTAN, figuran Georgia, Armenia y los cinco del Asia Central: Kazakhstán, Kirguizistán, Tadjikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Se expanden de tal manera hacia el Este los límites informales de la OTAN que en otro tiempo se hubiera dicho que los rusos deberían estar sintiendo el aliento Atlántico en sus frías orejas del avanzado otoño europeo. Como EU y el señor Putin se entienden a la perfección en materia de lucha contra los fundamentalistas islámicos, ese es un comentario que hoy poco menos se pasa por alto. ¿Pero cómo ignorar que el nombre de algunos de aquellos países sugiere, por un lado, un salto objetivo de la OTAN al corazón asiático en que se lee el Corán y, por otro lado, a las costas del mar Caspio, de creciente importancia por las riquezas petroleras de la región, que será tanto o más estratégica cuanto más se prolongue el conflicto latente con gobernantes de la península arábiga?
Los europeos deberían ser más conscientes de las raíces y del tipo de responsabilidad internacional de EU y, si es necesario, hacer más esfuerzos por comprender su ocasional insensibilidad o el sentido de la importancia que acuerdan a aquella responsabilidad, porque es Europa la que originó la cultura norteamericana. En 10 ó 20 años podría haber poderes igual de avanzados al de EU. ¿Cómo van a prescindir éstos de los 500 millones de europeos que contribuirán a mantener el equilibrio de la situación mundial?, se preguntan algunos. Si a todo esto, caracterizado por conceptos de espacio y oportunidad flexibles, se añade que la nueva política de la OTAN estará fundada en acentuar el criterio de especialización de las capacidades militares de acuerdo con las aptitudes de cada país -en particular los de menor significación, se obtendrá un panorama sobre hacia dónde se orientará la más grande alianza militar de la historia después de la pasada cumbre, si es que ya mismo no está en marcha.
En medio de estas delicadas gestiones entre EU y la Unión Europea, no ha sido el mejor momento, por cierto, para la difusión del primer anticipo del libro "Bush en guerra", de Bob Woodward, que fue uno de los dos periodistas de The Washington Post reveladores del "affaire" Watergate. El libro contiene una entrevista con Bush en la que éste confiesa ser "exaltado", "impaciente", alguien que se mueve "por instinto" y que quizás habla demasiado. Laura, su mujer, aparece en un diálogo al que asiste Woodward instándolo a morigerar las expresiones belicosas que luego reproduce la prensa.
Así abundaron fuertes apretones de mano y amplias sonrisas ante los periodistas y camarógrafos, dejando en claro de que Bush entiende bien las implicaciones geopolíticas del eje Berlín-Washington. Y no era para menos. Días después del encuentro de los mandatarios en Praga, durante la cumbre de la Organización del Atlántico Norte (OTAN), el Ministro de Relaciones Exteriores germano, Joschka Fischer, anunció el envío de un fuerte contingente militar alemán para mantener la paz en Afganistán. Los periódicos alemanes coincidieron que lo más espectacular de la reunión fue "el apretón de manos más fotografiado de una reunión internacional", según la Sueddeutsche Zeitung de Munich.
En la reunión se produjeron definiciones formales sobre los nuevos términos de la alianza militar de 53 años entre Estados Unidos, Canadá y Europa que protegerá en adelante territorios e intereses. "Fue una gran reunión de los jefes de Estado y de gobierno de los 19 países de la OTAN. Fue una reunión que concluyó antes de haber comenzado" comentó Claudio Escribano, el veterano analista político de La Nación de Buenos Aires que fue invitado a la misma. "Las siete densas carillas de lo que en adelante se conocerá como la Declaración de Praga son aquellas sobre las que se reflexiona por años en ámbitos políticos y diplomáticos, académicos y militares; dan después lugar a "brooders" con enmiendas que van y vienen entre los océanos y terminan, al final, por escribirse con anticipación al instante histórico en que los firmantes cristalizan sonrisas para fotógrafos y cámaras de televisión y destinada a la prensa diciendo que los esperan horas de trabajo devastador".
Llama la atención el tacto con el cual Rusia fue tratado en Praga y con qué énfasis se exaltó su condición de par de la OTAN en el consejo creado en Roma para temas militares y de defensa civil. Sin embargo, hay diplomáticos en Washington, así como en Berlín, que miran con escepticismo el trato "con guantes de seda" a Putin, un ex jefe de la KGB, el servicio secreto de la Unión Soviética y un hombre que a veces exhibe modales burdos como una reciente amenaza, encubierta en humor negro, a un periodista ruso de que si no dejaría de hacerle preguntas engorrosas "recomendaría que lo castraran".
Entre los 26 países convocados a la reunión de Praga por su condición de partícipes en misiones de paz de la OTAN, figuran Georgia, Armenia y los cinco del Asia Central: Kazakhstán, Kirguizistán, Tadjikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Se expanden de tal manera hacia el Este los límites informales de la OTAN que en otro tiempo se hubiera dicho que los rusos deberían estar sintiendo el aliento Atlántico en sus frías orejas del avanzado otoño europeo. Como EU y el señor Putin se entienden a la perfección en materia de lucha contra los fundamentalistas islámicos, ese es un comentario que hoy poco menos se pasa por alto. ¿Pero cómo ignorar que el nombre de algunos de aquellos países sugiere, por un lado, un salto objetivo de la OTAN al corazón asiático en que se lee el Corán y, por otro lado, a las costas del mar Caspio, de creciente importancia por las riquezas petroleras de la región, que será tanto o más estratégica cuanto más se prolongue el conflicto latente con gobernantes de la península arábiga?
Los europeos deberían ser más conscientes de las raíces y del tipo de responsabilidad internacional de EU y, si es necesario, hacer más esfuerzos por comprender su ocasional insensibilidad o el sentido de la importancia que acuerdan a aquella responsabilidad, porque es Europa la que originó la cultura norteamericana. En 10 ó 20 años podría haber poderes igual de avanzados al de EU. ¿Cómo van a prescindir éstos de los 500 millones de europeos que contribuirán a mantener el equilibrio de la situación mundial?, se preguntan algunos. Si a todo esto, caracterizado por conceptos de espacio y oportunidad flexibles, se añade que la nueva política de la OTAN estará fundada en acentuar el criterio de especialización de las capacidades militares de acuerdo con las aptitudes de cada país -en particular los de menor significación, se obtendrá un panorama sobre hacia dónde se orientará la más grande alianza militar de la historia después de la pasada cumbre, si es que ya mismo no está en marcha.
En medio de estas delicadas gestiones entre EU y la Unión Europea, no ha sido el mejor momento, por cierto, para la difusión del primer anticipo del libro "Bush en guerra", de Bob Woodward, que fue uno de los dos periodistas de The Washington Post reveladores del "affaire" Watergate. El libro contiene una entrevista con Bush en la que éste confiesa ser "exaltado", "impaciente", alguien que se mueve "por instinto" y que quizás habla demasiado. Laura, su mujer, aparece en un diálogo al que asiste Woodward instándolo a morigerar las expresiones belicosas que luego reproduce la prensa.
Si tiene un adolescente con un peso 20% por encima del que debería tener, se recomienda de inmediato acudir a un experto que estudie su caso y establezca un tratamiento.
Los padres juegan un papel muy importante en el tratamiento de su hijo.
Administre el tiempo en que el niño o joven pasa pendiente de los video juegos, televisión o computadora.
Involúcrelo en actividades físicas. Deportes o grupos juveniles, en donde se realice actividad física.
Logre que se interese por otros entretenimientos como la bicicleta, patinetas, "hula-hup", sogas para saltar, pelotas, entre otros.