Una gran confabulación
Una amplia batalla del gobierno contra las actividades ilícitas, dentro y fuera de ese establecimiento, es la percepción que se tiene por estos días, de las acciones oficiales. Donde se coloca el dedo sale pus, sobre todo en la posible utilización de influencias en el aparato gubernamental para favorecer acciones nada legales. Esa estructura ilícita parece haberse consolidado durante la administración anterior, luego que fueran desmantelados aparatos claves en la lucha contra entes delincuenciales locales y extranjeros. En la actividad antidrogas y antilavado de dinero, por ejemplo, el Estado sufrió un grave revés después que en el quinquenio pasado fueran retiradas de su estructura figuras claves que fueron el dolor de cabeza de narcotraficantes y lavadores, no sólo en el país sino también en la región. Ha trascendido que el gobierno ha retomado la tarea de reestructurar esos organismos, depurar otros y fortalecer un trabajo de investigación que podría arrojar resultados sorprendentes, debido a los niveles de la sociedad en los que aparecen enquistados y los personajes que podrían estar vinculados. Y no se trata de organizaciones minúsculas, de hecho, tal cual ocurre en toda América Latina, poderosos tentáculos podrían estar atentando contra el orden económico y político para favorecer esos ilícitos, en detrimento de las instituciones y la tradición democrática de las sociedades latinoamericanas.