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Una gran cruzada nacional


"Panamá es uno de los países que registra la peor distribución de la riqueza en la región y el mundo. Este hecho establece la necesidad de buscar estrategias que contribuyan a lograr una mejor distribución de la riqueza, como un factor decisivo para mejorar las condiciones de vida de los sectores de la población en riesgo social y mejorar los índices de desarrollo humano del país" (Extracto del Resumen Ejecutivo "Objetivos de Desarrollo del Milenio: Primer Informe de Panamá", documento elaborado por el Gabinete Social de la República de Panamá con el apoyo del Grupo Temático de Indicadores del Sistema de las Naciones Unidas en Panamá).
A lo largo de este documento, al igual que en otro similar donde por primera vez se evalúa el nivel de Desarrollo Humano del país, resultan evidentes los enormes contrastes que existen en la sociedad panameña, especialmente cuando comparamos una serie de índices de desarrollo entre las áreas urbana, rural y rural indígena.
Como bien se señala en uno de estos estudios, la pobreza en Panamá tiene cara de mujer y de mujer indígena. Por ejemplo, en materia de alfabetización, la tasa nacional es de 96.1%; pero cuando lo vemos por regiones, resulta que en el área rural la tasa sólo llega a 90.8%, mientras que en las urbanas es de 99% (cifras del año 2000). En otro campo, el de la salud, resulta que el 96.7% de los menores de un año han sido inmunizados contra el sarampión; sin embargo, en las comarcas indígenas, la cobertura es mucho menor, como en el caso de Kuna Yala donde sólo un 69.1% de los menores de un año han sido inmunizados.
En las áreas indígenas, más del 95% de los residentes viven por debajo de la línea de pobreza y un 86% por debajo de la línea de extrema pobreza. Y "si bien los indígenas son sólo el 8% de la población total (del país), representan el 19% y 35% de los pobres y extremadamente pobres de la nación, respectivamente" ("Panamá, Estudio sobre la Pobreza: Prioridades y Estrategias para la Reducción de la Pobreza", documento del Banco Mundial, 2000).
Hay algo que salta a la vista de todas estas cifras... y me permito reiterarlo. Los indicadores sociales del país son tirados hacia abajo por la dramática situación de pobreza extrema en que viven miles de indígenas en Panamá, especialmente en la Comarca Ngobé Buglé. Enhorabuena que, como parte de su Agenda Social, la Presidenta Mireya Moscoso y su gabinete hayan declarado dicha comarca como Zona de Emergencia y en consecuencia, hayan decidido hacer fuertes inversiones en el área. Pero se requiere de un esfuerzo nacional, concertado, continuado y significativo para que esa enorme desigualdad entre los más pobres en el país, nuestros hermanos y hermanas indígenas, y aquellos que están en el quintil (20%) más favorecido de nuestra sociedad pueda reducirse a niveles que, por lo menos, no nos avergüencen como país.
Este es un tema que, a mi juicio, debe ser debatido ampliamente, con propuestas concretas y cifras en la mano, durante el próximo torneo electoral, especialmente a nivel de candidatos presidenciales. Gracias a la prioridad que se ha dado al tema social durante esta Administración, tenemos ahora documentos concretos que establecen puntos de partida objetivos para la evaluación de la gestión social del próximo gobierno. Lo que toca, una vez diagnosticada la enfermedad, es aplicar el remedio con la regularidad que sea necesaria para sanar al enfermo. De nada servirá toda la inversión que se ha hecho en acueductos y electrificación rural, en centros de salud y programas de nutrición, sino se da continuidad a esos programas y no se presta igual atención a la educación bilingüe en dichas áreas y por ende, al proceso de alfabetización y mejoramiento de la calidad de la educación que se brinda a dichas comunidades.
Hemos presentado a la Asamblea, un anteproyecto de ley que crea el Patronato del Servicio Social Nacional. Hoy, los estudiantes graduandos de la educación media deben prestar un servicio social como requisito para su graduación, el cual supuestamente es organizado o coordinado por el Ministerio de Educación (MEDUC). En la práctica, es difícil para el MEDUC cumplir esa labor y en consecuencia, cada centro educativo da un destino y sentido distinto al servicio social que prestan sus estudiantes.
Esta inquietud nos fue planteada por el Padre Néstor Jaén y el Prof. Álvaro Cantón y de la misma, surge esta iniciativa que proponemos busque crear sinergias, entre lo que es hoy el servicio social estudiantil, los servicios sociales que en la educación superior deben prestarse en algunas profesiones y el voluntariado que tiene su tradición y vigencia en nuestro país. Imagínense que lográsemos coordinar esos esfuerzos separados en una gran cruzada nacional en pos de objetivos puntuales de importante impacto social. ¿Y si, por ejemplo, nos propusiéramos hacer una campaña nacional de alfabetización, en donde profesionales, universitarios y estudiantes de media aunaran esfuerzos para sacar del analfabetismo a miles de compatriotas? ¿No es ése un sueño digno de soñar y más aún, digno de hacer realidad?
Panamá es un país con un gran potencial. Tenemos la capacidad, la riqueza, las oportunidades, sólo faltan la voluntad y la confluencia de intereses para acabar con la ignominia nacional que representa tan abismal diferencia entre aquellos que más tienen y los que menos tienen. Como ya se ha dicho antes, en esta nación como en cualquier otra, o el país es para todos o no habrá país para nadie. Cumplir con las metas de desarrollo social acordadas en la Cumbre del Milenio por más de 147 jefes de Estado y de Gobierno a inicios de este tercer milenio, antes incluso de la fecha fijada en el año 2015, debe constituirse en el nervio motor de una Gran Cruzada Nacional por la Inclusión de los Excluidos. He allí un objetivo que todos podemos compartir, sin importar partido político, creencia religiosa o cualquier otra diferencia que pueda existir entre nosotros.

101 años de Panamá América

 
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