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Una justicia efectiva


¿Se ha preguntado usted alguna vez, qué piensan las personas que, conscientemente, ignoran las leyes y reglamentos de tránsito vehicular? Conducir cualquier tipo de vehículo, particular o comercial, sin mantenimiento preventivo adecuado, es jugar con las vidas de propios y extraños. En lo personal, considero que tanto los hombres como las mujeres, asiduos violadores de las señales luminosas y de revisiones mecánicas apropiadas, son infractores de alta peligrosidad.
No son pocos los casos de colisión y volcamiento con secuelas de heridos y muertes, causados por irresponsables. Por un lado los casos de colisión y volcamiento con secuelas de heridos, y muertes, causados por irresponsables.
222 Es imposible que en cada esquina y en cada semáforo se encuentre un policía; sin embargo, sí puede inculcarse, como existe en países industrializados, el respeto a las autoridades correspondientes, por temor a severas sanciones.
Por un lado están los prudentes, los que no inician la marcha de sus vehículos, aún con la luz verde hasta cerciorarse que, los otros han dejado de avanzar y por el otro, los impacientes, quienes con el abuso de las bocinas, los conminan a avanzar de inmediato.
La presión es enorme para los conductores y sus acompañantes, pero es mayor para quienes por autodisciplina, respetan y acatan las leyes, reglamentos y señalizaciones, aún en las horas de poco movimiento vehicular, pues tienen que distinguir entre un conductor responsable y los asesinos en potencia.
Pareciera demasiado fuerte éste calificativo, pero, ¿Cómo llamar a esas personas, que ignoran las señales de tránsito y son una amenaza para los usuarios de las carreteras y vías públicas?
Es imposible que en cada esquina y en cada semáforo se encuentre un policía; sin embargo, sí puede inculcarse, como existe en países industrializados, el respeto a las autoridades correspondientes, por temor a severas sanciones. Para muchos de nosotros está aún fresco en la memoria el comportamiento de los panameños al cruzar los límites que nos separaban en la Zona del Canal.
En esa área, existía un "país" muy distinto al nuestro, con policías y jueces extranjeros, quienes en un idioma extraño, hacían cumplir las leyes, las cuales eran muy parecidas a las locales, pero había una razón para actuar diferente dentro de ese territorio; en ese otro "país" se hacía respetar las leyes.
Las personas no tiraban basura ni papeles de ninguna clase, las velocidad límite se respetaba, aún por los conductores de "chivas" y buses. En los hospitales se hablaba en voz baja y en las horas de visita, a nadie se le ocurría tirar colillas de cigarrillos, cartuchos enmantecados, ni otras clases de desperdicios, fuera de las áreas asignadas para ello.
El más efectivo disuasivo para los irresponsables, es el temor a la sanción sin contemplación. Que quienes respetan y acatan las leyes por autodisciplina, se sientan confiados de que, los otros, las cumplirán igual que ellos, aunque por motivaciones diferentes.
Con autoridades actuando con honestidad, conscientes de su importante papel de equilibrio, en mantener la justicia y la paz social, tan necesarios en el convulsionado mundo moderno, podremos disfrutar de una verdadera convivencia pacífica.
La policía fue instituida, desde el inicio de la humanidad, para obligar a todos a cumplir con las leyes, para evitar la anarquía. Le toca a las autoridades correspondientes cumplir con su mandato.

101 años de Panamá América

 
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