Una luz de esperanza en Corea
El “Eje del Mal” de George W. Bush está integrado por Irak, Irán y Corea del Norte. Este último fue enfrentado el año pasado por los Estados Unidos con evidencia de que había reiniciado su programa para fabricar armas nucleares, en violación de acuerdos previos. Corea del Norte respondió retirando su compromiso de cumplir con el Tratado de No Proliferación Nuclear de 1970 (TNPN) y públicamente anunció que reiniciaría la fabricación de armas nucleares. Mientras que Estados Unidos e Inglaterra invadían Irak, Corea del Norte se mantuvo firme en su insistencia de negociar directamente con los Estados Unidos y éste de requerir una solución multilateral y regional al problema. Después de meses de impasse, ahora Corea del Norte parece estar dispuesta a buscar esta última avenida.
En noviembre pasado, Corea del Norte o, formalmente, la República Popular Democrática de Corea, en un acto que estimó de legítima defensa por verse amenazada su soberanía por la continua presencia militar de Estados Unidos en la Península de Corea, anunció su decisión de retirarse del TNPN. Paralelamente, comunicó también que no consideraba que debía cumplir el Acuerdo firmado en 1992 con la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), relativo a la inspección de las actividades y materiales nucleares. La OIEA está encargada de supervisar el proceso de producción de mineral de uranio, su transformación en combustible nuclear y el destino de los residuos de las centrales, aunque sólo puede controlar las instalaciones de los países que se prestan voluntariamente a esas inspecciones.
La historia de Corea del Norte y el TNPN es nutrida. Se adhirió al TNPN en diciembre de 1985, se retiró en marzo de 1993 y se reincorporó en octubre de 1994. Esta última reincorporación se produce como resultado de un Acuerdo Marco que firmó en Ginebra con Estados Unidos, mediante el cual Pyongyang se comprometió a paralizar su central nuclear de Yongbyon y Washington a suministrar dos reactores de agua liviana y 500,000 toneladas anuales de petróleo y aceites mientras durara la construcción de la nueva planta, que nueve años después permanece en sus cimientos.
En días pasados, Corea del Norte aceptó reunirse en Beijing con diplomáticos chinos y estadounidenses para discutir el tema nuclear. Este es un paso importante hacia una solución. Un conflicto nuclear en la Península de Corea afecta a todo el planeta, pero principalmente a Rusia y China, sus principales socios y protectores. Rusia ha defendido a Corea del Norte contra sanciones pero recientemente dijo que la presencia de armas nucleares en la región era contraria a los intereses de seguridad de su país. Y la China de hoy, recién incorporada al comercio mundial, ve un problema entre las Coreas como un serio impedimento en ese sentido.
Corea del Norte tiene capacidad para producir una bomba nuclear al mes y para revender el exceso de combustible nuclear a otros países como Irán o en el mercado negro para que terceros fabriquen sus propias armas. En el mundo de hoy, esa amenaza es insostenible. Pero otra acción bélica, unilateral o aún multilateral, para pacificar en esta ocasión a Corea del Norte, podría resultar demasiado riesgosa en una zona altamente sensitiva, densamente poblada y en plena ebullición económica, de la que depende una cuota creciente del comercio mundial.
En noviembre pasado, Corea del Norte o, formalmente, la República Popular Democrática de Corea, en un acto que estimó de legítima defensa por verse amenazada su soberanía por la continua presencia militar de Estados Unidos en la Península de Corea, anunció su decisión de retirarse del TNPN. Paralelamente, comunicó también que no consideraba que debía cumplir el Acuerdo firmado en 1992 con la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), relativo a la inspección de las actividades y materiales nucleares. La OIEA está encargada de supervisar el proceso de producción de mineral de uranio, su transformación en combustible nuclear y el destino de los residuos de las centrales, aunque sólo puede controlar las instalaciones de los países que se prestan voluntariamente a esas inspecciones.
La historia de Corea del Norte y el TNPN es nutrida. Se adhirió al TNPN en diciembre de 1985, se retiró en marzo de 1993 y se reincorporó en octubre de 1994. Esta última reincorporación se produce como resultado de un Acuerdo Marco que firmó en Ginebra con Estados Unidos, mediante el cual Pyongyang se comprometió a paralizar su central nuclear de Yongbyon y Washington a suministrar dos reactores de agua liviana y 500,000 toneladas anuales de petróleo y aceites mientras durara la construcción de la nueva planta, que nueve años después permanece en sus cimientos.
En días pasados, Corea del Norte aceptó reunirse en Beijing con diplomáticos chinos y estadounidenses para discutir el tema nuclear. Este es un paso importante hacia una solución. Un conflicto nuclear en la Península de Corea afecta a todo el planeta, pero principalmente a Rusia y China, sus principales socios y protectores. Rusia ha defendido a Corea del Norte contra sanciones pero recientemente dijo que la presencia de armas nucleares en la región era contraria a los intereses de seguridad de su país. Y la China de hoy, recién incorporada al comercio mundial, ve un problema entre las Coreas como un serio impedimento en ese sentido.
Corea del Norte tiene capacidad para producir una bomba nuclear al mes y para revender el exceso de combustible nuclear a otros países como Irán o en el mercado negro para que terceros fabriquen sus propias armas. En el mundo de hoy, esa amenaza es insostenible. Pero otra acción bélica, unilateral o aún multilateral, para pacificar en esta ocasión a Corea del Norte, podría resultar demasiado riesgosa en una zona altamente sensitiva, densamente poblada y en plena ebullición económica, de la que depende una cuota creciente del comercio mundial.