Una mujer, para un momento de transición
Los panameños y panameñas, nos enfrentamos a una decisión de singular importancia: habremos de seleccionar dentro de poco tiempo, a la persona que consideramos apta para conducir los destinos de la Nación por las avenidas del nuevo siglo. Esto entraña una gran responsabilidad, no solo por las expectativas de la nueva época, que con el caso de nuestro país se le suma el perfeccionamiento de la soberanía nacional, con la reversión plena del Canal Interoceánico, así como de los bienes y riquezas que produce.
El hecho será para muchos de nosotros motivo de regocijo, pero también de gran preocupación porque coloca sobre los hombros de las presentes generaciones, la delicada tarea de administrar con eficiencia y honestidad uno de los recursos más significativos para el crecimiento y desarrollo nacional. De allí que resulte crucial elegir con el mayor acierto posible el próximo mandatario o mandataria.
Mucha publicidad se ha hecho al respecto, promoviendo la continuidad del patrón androgénico, según el cual los líderes políticos, sobre todo los de la primera magistratura, deben ser hombres, olvidando grandes lecciones históricas que dan cuenta de exitosos trabajos femeninos en este terreno. Véase su desempeño en las grandes monarquías, con propiedad en el papel, o como regentes de un monarca menor de edad. Por derecho propio se les encuentra desde los Estados de Sumeria y Japón, hasta las monarquías europeas de la Edad Media.
De más reciente facturación, encontramos mujeres de grandes dotes políticas como Evita Perón, en la Argentina: Margaret Thatcher, Indira Gandhi, Golda Meir en Europa y Violeta Chamorro en Nicaragua; con ejecutorias notabilísimas en la arena del poder. No menos significativo fue el papel que jugaron mujeres como Rosalyn Carter, Nancy Reagan y Raisa Gorvachev, esta última sobresaliente por su firmeza y estilo.
No obstante, "una forma en que los hombres perpetúan la exclusión de las mujeres de la vida política, es borrando la evidencia de la participación de las mujeres en asuntos políticos". El mismo error cometemos las propias mujeres, cuando las descalificamos, tal como lo hiciera una legisladora, que previo al referéndum argumentaba que aún las mujeres no estábamos preparadas para la Presidencia, es una complicidad oportunista, con los hombres.
En definitiva existen suficientes motivos y razones para que el 2 de mayo elevemos la primera mujer al solio presidencial: no sólo para cumplir con los preceptos de igualdad de oportunidades para ambos sexos, sino porque en nuestra humilde opinión, la candidata del arnulfismo se ha ganado a pulso, la oportunidad, pues desde 1994, a fuerza de perseverancia y encarnizamiento, la construyó. Algunos planteamientos que pretenden desautorizarla, se sustentan en el academicismo, hipervalorando los títulos y papeles de sus contrincantes, "tal como ocurría en el siglo XIV, cuando los hombres excluían a las mujeres de la vida política y religiosa, por razones de educación". Ahora bien, Mireya realizó estudios superiores de Licenciatura en Artes, en Estados Unidos; además es Técnica en Computación, egresada de la Universidad del Estado de la Florida. Por otro lado, los títulos y diplomas no siempre garantizan la eficacia y la eficiencia, muchas veces sirven para disfrazar la mediocridad o la incapacidad. Al respecto, sobran los ejemplos. Mirado desde la otra orilla, ¿Qué títulos tienen algunos componentes de las nóminas opositoras...? ¿Raúl Arango? ¿Mayín Correa...?
Finalmente, la ponderación de las inclinaciones políticas de la actualidad, no son reveladoras de un comportamiento que pueda sostenerse el 2 de mayo, porque la extrapolación de los votos independientes irá hacia los candidatos más fuertes y en todo caso, los votos que giran en torno a Vallarino (P.D.C., Arnulfista, Liberales) históricamente adversarios del P.R.D., por sentido común y conveniencia política, se polarizarán hacia Mireya, cambiando el fiel de la balanza; en ese sentido la campaña de Mireya resultará triunfadora, como lo demuestran las encuestas de carne y hueso.
El hecho será para muchos de nosotros motivo de regocijo, pero también de gran preocupación porque coloca sobre los hombros de las presentes generaciones, la delicada tarea de administrar con eficiencia y honestidad uno de los recursos más significativos para el crecimiento y desarrollo nacional. De allí que resulte crucial elegir con el mayor acierto posible el próximo mandatario o mandataria.
Mucha publicidad se ha hecho al respecto, promoviendo la continuidad del patrón androgénico, según el cual los líderes políticos, sobre todo los de la primera magistratura, deben ser hombres, olvidando grandes lecciones históricas que dan cuenta de exitosos trabajos femeninos en este terreno. Véase su desempeño en las grandes monarquías, con propiedad en el papel, o como regentes de un monarca menor de edad. Por derecho propio se les encuentra desde los Estados de Sumeria y Japón, hasta las monarquías europeas de la Edad Media.
De más reciente facturación, encontramos mujeres de grandes dotes políticas como Evita Perón, en la Argentina: Margaret Thatcher, Indira Gandhi, Golda Meir en Europa y Violeta Chamorro en Nicaragua; con ejecutorias notabilísimas en la arena del poder. No menos significativo fue el papel que jugaron mujeres como Rosalyn Carter, Nancy Reagan y Raisa Gorvachev, esta última sobresaliente por su firmeza y estilo.
No obstante, "una forma en que los hombres perpetúan la exclusión de las mujeres de la vida política, es borrando la evidencia de la participación de las mujeres en asuntos políticos". El mismo error cometemos las propias mujeres, cuando las descalificamos, tal como lo hiciera una legisladora, que previo al referéndum argumentaba que aún las mujeres no estábamos preparadas para la Presidencia, es una complicidad oportunista, con los hombres.
En definitiva existen suficientes motivos y razones para que el 2 de mayo elevemos la primera mujer al solio presidencial: no sólo para cumplir con los preceptos de igualdad de oportunidades para ambos sexos, sino porque en nuestra humilde opinión, la candidata del arnulfismo se ha ganado a pulso, la oportunidad, pues desde 1994, a fuerza de perseverancia y encarnizamiento, la construyó. Algunos planteamientos que pretenden desautorizarla, se sustentan en el academicismo, hipervalorando los títulos y papeles de sus contrincantes, "tal como ocurría en el siglo XIV, cuando los hombres excluían a las mujeres de la vida política y religiosa, por razones de educación". Ahora bien, Mireya realizó estudios superiores de Licenciatura en Artes, en Estados Unidos; además es Técnica en Computación, egresada de la Universidad del Estado de la Florida. Por otro lado, los títulos y diplomas no siempre garantizan la eficacia y la eficiencia, muchas veces sirven para disfrazar la mediocridad o la incapacidad. Al respecto, sobran los ejemplos. Mirado desde la otra orilla, ¿Qué títulos tienen algunos componentes de las nóminas opositoras...? ¿Raúl Arango? ¿Mayín Correa...?
Finalmente, la ponderación de las inclinaciones políticas de la actualidad, no son reveladoras de un comportamiento que pueda sostenerse el 2 de mayo, porque la extrapolación de los votos independientes irá hacia los candidatos más fuertes y en todo caso, los votos que giran en torno a Vallarino (P.D.C., Arnulfista, Liberales) históricamente adversarios del P.R.D., por sentido común y conveniencia política, se polarizarán hacia Mireya, cambiando el fiel de la balanza; en ese sentido la campaña de Mireya resultará triunfadora, como lo demuestran las encuestas de carne y hueso.